Hay algo que me ronda la cabeza desde hace semanas y no consigo quitármelo de encima. Y no es paranoia, que ya me gustaría. Es la sensación de que las piezas se están colocando en el tablero, lentas pero con una precisión que da escalofríos, y que nadie en este país está mirando.
Marruecos no es OTAN. Vale. Pero es aliado preferente de Estados Unidos desde 2004, con el estatus de Major Non-NATO Ally, lo que en la práctica significa que Washington le abre el grifo del armamento como si fuera un miembro de pleno derecho. Misiles Stinger, F-16, Javelin, radares de última generación. Y cada primavera, el ejercicio African Lion: diez mil soldados de cuarenta países entrenando en suelo marroquí bajo mando estadounidense. El mensaje no necesita intérprete.

Trump tiene a España en el punto de mira
Empecemos por lo que más doloroso. La relación entre la administración Trump y España no es tensa, esta rota. En octubre de 2025, Trump dijo públicamente que habría que expulsar a España de la OTAN. No fue una salida de tono, fue la enésima señal. El motivo oficial es el gasto en defensa: Sánchez consiguió una exención ridícula para llegar solo al 2,1% cuando la OTAN ya pide el 5%. Pero el fondo es más profundo.
España se negó a dejar que las bases de Morón y Rota se usaran para operaciones contra Irán. Retiró a su embajadora en Israel. Impuso un supuesto embargo de armas al Estado hebreo. Y el Pentágono, según filtró Reuters en abril de 2026, llegó a barajar suspender a España de la OTAN. La OTAN dijo que no hay mecanismo para expulsar miembros, claro. Pero el daño político está hecho. Cuando Marruecos mire al norte y vea a su rival diplomáticamente aislada de Washington, algo cálidamente calculador debe encenderse en Rabat.
España está en su momento de mayor debilidad diplomática frente a Marruecos: aislada de Washington, enemistada con Israel, con el menor gasto de defensa de la OTAN y dependiente del chantaje migratorio marroquí.
El triángulo que aprieta: Israel, Marruecos y la soledad española
Aquí viene la parte que más me preocupa. Los Acuerdos de Abraham convirtieron a Israel y Marruecos en aliados estratégicos en 2020. La contrapartida fue brutal: Trump reconoció la soberanía marroquí sobre el Sáhara Occidental con una firma, e Israel hizo lo propio. Desde entonces, la cooperación militar es imparable: inteligencia compartida, tecnología de vigilancia, drones, ciberseguridad. Pegasus, ese spyware que el propio gobierno español usó para espiar a sus ciudadanos, se lo vendió Israel a Marruecos.
Y mientras Marruecos gana un aliado, España pierde otro. La relación con Israel está en mínimos históricos tras el reconocimiento del Estado de Palestina en mayo de 2024. Israel retiró a su embajador. España retiró a la suya. El embargo de armas es total. La consecuencia es que en el eje Rabat-Tel Aviv-Washington, España es el que sobra. El American Enterprise Institute, uno de los think tanks con más oidos en la Casa Blanca, publicó en marzo un artículo titulando que España es la potencia colonial mientras critica a Israel. El mensaje es claro y va dirigido: si Marruecos reclama Ceuta y Melilla, en Washington habrá quien aplauda.
El grifo de la inmigración: un arma ya probada
No hace falta especular sobre lo que Marruecos puede hacer con la migración. Ya lo ha hecho. En mayo de 2021, abrió la frontera de Ceuta y en 48 horas entraron más de ocho mil personas, incluyendo mil quinientos menores. La causa, España hospitalizó a Brahim Ghali, líder del Frente Polisario, sin avisar a Rabat. La respuesta fue sádica, desproporcionada y eficaz. España claudicó. En marzo de 2022, Sánchez enviaba una carta al rey de Marruecos respaldando el plan de autonomía para el Sáhara, revirtiendo medio siglo de neutralidad. No obtuvo nada a cambio salvo un escándalo de spyware y la continuación del statu quo migratorio.
En junio de 2022, la masacre de Melilla: dos mil personas intentando saltar la valla, al menos treinta y siete muertos según Amnistía Internacional, y ninguna investigación creíble por parte de ningún gobierno. Marruecos demostró que puede abrir la válvula cuando quiere y cerrarla cuando le conviene. En 2023, presumió de haber impedido setenta mil llegadas a España. Es un grifo. Y quien controla el grifo controla la presión.
La presión se desplaza
Si algo debería quitarnos el sueño es esto. La Resolución 2797 del Consejo de Seguridad de la ONU, aprobada en octubre de 2025, endosó implícitamente el plan de autonomía marroquí para el Sáhara Occidental. Once votos a favor, tres abstenciones. Se omitió cualquier mención al referéndum de autodeterminación. El Sáhara Occidental fue enterrado silenciosamente bajo esa resolución.
¿Por qué importa esto para Ceuta y Melilla? Porque Marruecos acaba de ganar la batalla diplomática de su vida. El Sáhara, su reclamación territorial principal, está prácticamente zanjado a su favor con el respaldo de Washington, Israel y la propia ONU. ¿Qué hace un régimen que ha conseguido todo lo que quería? Mira al siguiente objetivo. Ceuta y Melilla llevan siglos en la lista de reclamaciones marroquíes. Ahora Rabat tiene viento de cola, aliados poderosos y un adversario débil.
Marruecos ha ganado la batalla diplomática del Sáhara. Con la cuestión saharaui resuelta a su favor, la tentación de replicar ese éxito en Ceuta y Melilla es real y calculable.
Y la inestabilidad interna no ayuda.
Marruecos no es exactamente un modelo de estabilidad. Las protestas del movimiento Gen Z 212 en septiembre y octubre de 2025, desencadenadas por la muerte de ocho mujeres en hospitales públicos por falta de asistencia médica, sacudieron varias ciudades. El lema era revelador: No queremos el Mundial, queremos sanidad primero. El rey Mohammed VI respondió pidiendo reformas aceleradas sin mencionar directamente el movimiento.
A esto se suman las preguntas sobre la salud del monarca y la transición gradual hacia el príncipe heredero Moulay Hassan, de veintidós años. La historia está llena de regímenes autoritarios que, ante la presión interna, canalizan la frustración hacia el exterior. Una maniobra expansionista o una Marcha Verde renovada contra Ceuta o Melilla sería el manual de distracción política perfecto: unifica a la población, enardece el nacionalismo y desplaza el foco de los hospitales sin camas y los jóvenes sin trabajo. No es que vaya a pasar. Es que las condiciones para que pase están ahí, esperando.
La trampa del Artículo 5 y los escenarios reales
Aquí viene la puñalada jurídica. El Artículo 5 de la OTAN, la garantía de defensa colectiva, no cubre Ceuta y Melilla. El Artículo 6 del Tratado del Atlántico Norte excluye explícitamente los territorios al norte del Trópico de Cáncer que estén en el continente africano. Ceuta y Melilla están en África. El gobierno español insiste en que la OTAN las protegería, pero no aparece en ningún documento oficial de la Alianza. Stoltenberg evitó confirmarlo directamente en la cumbre de Madrid de 2022. Es la vulnerabilidad fundamental: España depende de la voluntad política de sus aliados, no de una obligación legal. Y su principal aliado, Estados Unidos, tiene una relación con ella en mínimos históricos.
¿Qué escenarios son realistas? No hablo de una invasión militar convencional, que tendría un costado elevadísimo y una probabilidad baja, seguramente menos de un cinco por ciento. Hablo de algo mucho más sutil y peligroso.
• Guerra híbrida y erosión gradual: Ya está en curso. Acuerdos aduaneros que integran económicamente Melilla con Marruecos, reclamación territorial creciente en foros internacionales, construcción cerca de la frontera, narrativa anticolonial amplificada desde Washington y Tel Aviv, presión demográfica. Sin duda hay una probabilidad del cien por cien de continuación y profundización.
• Arma migratoria masiva: Marruecos abre la frontera de Ceuta o Melilla, o la ruta canaria, permitiendo decenas de miles de llegadas coordinadas. Ya lo hizo en 2021 y 2022. Si España toma decisiones que contraríen a Rabat, esta opción esta sobre la mesa.
• Nueva Marcha Verde: Miles de civiles marroquíes cruzan la frontera de forma pacífica pero masiva, izando banderas, como en 1975 contra el Sáhara Occidental. Ya hay propuestas explícitas desde think tanks influyentes en Washington. Funcionó una vez contra España. Si se alinean las condiciones: crisis interna marroquí, aislamiento español y respaldo tácito de Estados Unidos, no es descabellado.
La pregunta no es si Marruecos va a presionar. Ya lo hace. La pregunta es cuánto y cuándo, y si habrá alguien en Madrid con la voluntad política de hacer algo más que escribir cartas y firmar acuerdos de cooperación que son, en la práctica, concesiones disfrazadas de diplomacia.
No escribo esto para sembrar el pánico. Escribo esto porque me parece que estamos mirando para otro lado mientras las piezas se colocan. Marruecos tiene aliados, armamento, un motivo histórico y un adversario débil. España tiene un 2% del PIB en defensa, una relación rota con Washington y un gobierno que cambió cincuenta años de posición sobre el Sáhara por nada. El Artículo 5 no cubre Ceuta y Melilla. Repito, el Artículo 5 no cubre Ceuta y Melilla. Y mientras tanto, algunos think tanks en Washington ya proponen una nueva Marcha Verde. Alguien tendría que estar escuchando.
Las condiciones para una crisis de soberanía están madurando. No es inevitable, pero es plausible. Y eso, en geopolítica, es más que suficiente para empezar a preocuparse.








Que se quede en Ceuta y Melilla. Eso supondría el fin de el control del “grifo de entrada”.