Armenia, la soberanía en venta

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El 7 de junio de 2026, Nikol Pashinián revalidó su mayoría parlamentaria con el 49% de los votos. El hombre que entregó Nagorno-Karabaj sin disparar un tiro, que firmó la cesión de cuatro aldeas fronterizas a Azerbaiyán y que arrendó un corredor estratégico a Estados Unidos por 49 años, salió de las urnas como si nada de eso hubiera pasado. Occidente lo celebró como un triunfo de la democracia. La oposición armenia, seis fuerzas políticas de las más diversas orientaciones, emitió un comunicado conjunto rechazando los resultados y anunciando que los impugnaría ante el Tribunal Constitucional. Rusia, a través de Dmitri Peskov, agitó el fantasma del fraude. Las elecciones armenias no fueron manipuladas solo desde las urnas, sino desde los meses previos, con la oposición descabezada, los líderes religiosos en prisión y el miedo a la guerra como programa electoral.

Pashinián no ganó solo con votos. Ganó con miedo. En marzo de 2026, dos meses antes de los comicios, declaró públicamente que si la oposición llegaba al poder habría guerra con Azerbaiyán en septiembre. No fue una advertencia, fue una amenaza. La misma táctica que había utilizado en 2024 con los aldeanos de Voskepar, a quienes dijo que si no entregaban sus pueblos habría guerra antes de que acabara la semana. El analista Tigran Grigoryan, en OC Media, lo describió sin rodeos: la manipulación del miedo social con fines electorales es una táctica de autócratas y aspirantes a autócratas. Cuando lo que está en juego no es un cambio de gobierno sino la soberanía territorial, las normas democráticas se aplazan con facilidad. Así ganó Pashinián. No convenciendo, sino aterrorizando.

Los presos políticos que Bruselas no ve

En noviembre de 2025, las dos alianzas opositoras representadas en el Parlamento armenio, Hayastan y Tengo Honor, presentaron una resolución conjunta declarando la existencia de decenas de presos políticos bajo el gobierno de Pashinián. La lista incluye a tres obispos de la Iglesia Apostólica Armenia, dos alcaldes opositores, un filántropo multimillonario y dos podcasters. La resolución afirma que la democracia en Armenia está retrocediendo, y la cantidad sin precedentes de presos políticos es manifestación de ello. El partido gobernante bloqueó el debate con su mayoría numérica y negó la existencia de presos políticos: todos, según la línea oficial, son simplemente acusados comunes bajo proceso judicial.

El arzobispo Bagrat Galstanián, que lideró meses de protestas masivas contra el gobierno en 2024, fue arrestado el 25 de junio de 2025, un día después de que Pashinián amenazara con deponer por la fuerza a Karekin II, máxima autoridad de la Iglesia Apostólica Armenia. Dos días después, el arzobispo Mikael Ayapahián fue detenido por presunta llamada al cambio violento de régimen y condenado a dos años de prisión en octubre. El empresario Samvel Karapetián, de origen armenio-ruso, fue arrestado horas después de condenar públicamente la campaña del gobierno contra el clero. Sus activos, incluida la Red Eléctrica Armenia, fueron confiscados. Vartan Ghukasián, alcalde opositor de Giumri, la segunda ciudad del país, fue detenido por cargos de corrupción que él califica de fabricados. Más de 40 de sus seguidores están siendo procesados por disturbios masivos, basándose casi exclusivamente en testimonios policiales.

“La democracia en Armenia está retrocediendo, y la cantidad sin precedentes de presos políticos es manifestación de ello.”
— Resolución conjunta de las alianzas Hayastan y Tengo Honor

La Unión Europea, que tantos informes redacta sobre la democracia en países según sus intereses geopolíticos o los de sus amos estadounidenses, guarda un silencio cómplice ante la represión en Armenia. En diciembre de 2025, la Alta Representante Kaja Kallas anunció que la UE ayudaría a Armenia a prevenir la interferencia extranjera en las elecciones de 2026. La oposición armenia calificó la medida de injerencia directa y de «luz verde para la manipulación». Ishkhan Saghatelyan, del bloque Armenia, lo denunció con claridad: las autoridades piden ayuda a la UE siguiendo el ejemplo de Moldavia, reconociendo que carecen de suficiente apoyo doméstico y necesitan un paraguas externo para legitimar lo que no pueden legitimar solos.

Nagorno-Karabaj: la herida que sangra bajo el TRIPP

En septiembre de 2023, Azerbaiyán lanzó una ofensiva militar que expulsó a toda la población armenia de Nagorno-Karabaj. Más de 100.000 personas huyeron en diez días. La República de Artsakh dejó de existir el 1 de enero de 2024. La traición, de Bakú, es la cicatriz que recorre toda la política armenia contemporánea. Y es, paradójicamente, la justificación que Pashinián utiliza para cada nueva concesión: ya perdimos Karabaj, dice, ahora hay que salvar lo que queda.

Lo que queda se ha ido reduciendo. En abril de 2024, Armenia acordó entregar cuatro aldeas fronterizas en la provincia de Tavush a Azerbaiyán como primer paso en la delimitación fronteriza. Cuando los residentes de Voskepar protestaron, Pashinián les dijo que si no entregaban los pueblos habría guerra esa misma semana. En mayo de 2024, Azerbaiyán tomó control efectivo de los cuatro asentamientos. La delimitación, según se anunció, continuaría de norte a sur. Es decir, en dirección a Syunik, la provincia por donde pasaría el TRIPP.

Pashinián llegó a afirmar que Nagorno-Karabaj no se había defendido contra Azerbaiyán, una declaración que prendió como fuego en una sociedad que vio morir a sus hijos en las trincheras. En un encuentro en el metro de Ereván con una mujer desplazada de Artsakh, Pashinián le recriminó: «Ahora has llegado aquí y dices que queréis volver. Nos hemos gastado los miles de millones ganados…». Es difícil imaginar un grado mayor de insensibilidad hacia una población que lo ha perdido todo. Pero esa insensibilidad no es accidente: es estrategia. Se trata de normalizar la pérdida, de hacer que la cesión de territorio parezca inevitable, para que el TRIPP no se perciba como lo que es, un contrato de arrendamiento de soberanía, sino como la única salida posible.

El TRIPP, 74% para Washington, 26% para Ereván

El 13 de enero de 2026, Armenia y Estados Unidos firmaron el marco de implementación del TRIPP. Los detalles son reveladores. Se crea la TRIPP Development Company, que gestionará toda la infraestructura de tránsito a través del territorio armenio, conectando Azerbaiyán con Najicheván y enlazando con la Ruta Comercial Transcaspio. Estados Unidos tendrá el 74% de las acciones de la empresa a cambio de inversiones financieras. Armenia conservará el 26%, aportando derechos de desarrollo y acceso a infraestructuras. Tras un período inicial de 49 años, la participación armenia subiría al 49%. Es decir, dentro de medio siglo, Armenia tendría casi la mitad de algo que se construye sobre su propio territorio.

El proyecto incluye redes ferroviarias y de carreteras, gasoductos, oleoductos, tendidos eléctricos y sistemas de fibra óptica. El modelo operativo distingue entre oficina frontal, gestionado por operadores estadounidenses que manejan documentos y servicios, y una oficina de apoyo, donde las autoridades armenias conservan funciones aduaneras, de seguridad, migración y policía. El ministro de Exteriores, Ararat Mirzoyián, insistió en que la soberanía armenia sobre las funciones fronterizas y aduaneras permanecería absoluta. Pero la historia de los contratos de arrendamiento largos en zonas estratégicas no ofrece muchos ejemplos donde la parte arrendataria acepte que el arrendador mantenga un control real. El Canal de Panamá, la base de Guantánamo, las bases en Diego Garcia… todos comenzaron con promesas de soberanía compartida y terminaron en control factual de la potencia arrendataria.

El embajador de Irán en Armenia, Jalil Shirgholami, expresó preocupación el 14 de enero de 2026, declarando que Armenia se estaba convirtiendo en un centro de actividades hostiles hacia Teherán. No es una declaración menor. La ruta del TRIPP discurre exactamente por los 43 kilómetros de frontera entre Armenia e Irán, la única conexión terrestre de Irán con el Cáucaso. El TRIPP pondrá la única frontera terrestre de Irán con Armenia bajo una ruta de tránsito controlada por Estados Unidos, alineada con los intereses azerbaiyanos y turcos. El Carnegie Endowment, en su análisis de marzo de 2026, añadió un detalle que pocos medios recogieron: la continuación de la guerra en Irán podría hacer demasiado peligroso para la empresa estadounidense encargada del proyecto comenzar su trabajo en la frontera Armenia-Irán. Es decir, el TRIPP no solo responde a la guerra contra Irán: depende de ella.

Moldavia y Armenia: el mismo manual, distinto capítulo

Leer la historia reciente de Moldavia y Armenia es leer dos versiones del mismo manual de instrucciones. En ambos casos, un líder prooccidental utiliza la amenaza externa, Rusia en Moldavia, Azerbaiyán en Armenia, para justificar la represión interna y la cesión de soberanía. En ambos casos, la oposición es perseguida judicialmente mientras las instituciones europeas miran hacia otro lado. En ambos casos, la integración occidental se presenta como la única alternativa a la catástrofe. Y en ambos casos, el resultado es un país más débil, más dependiente y con menos capacidad de decidir su propio destino.

Sandu prohibió seis partidos antes de las elecciones de 2025 y encarceló a la gobernadora de Gagauzia. Pashinián arrestó a obispos, alcaldes y empresarios antes de las de 2026 y mantuvo al líder de la oposición, Karapetián, bajo arresto domiciliario durante toda la campaña electoral. Sandu pidió a la UE ayuda para prevenir la interferencia rusa. Pashinián hizo exactamente lo mismo, y la oposición armenia, como la moldava, lo denunció como injerencia encubierta. La simetría es tan perfecta que resulta sospechosa. No son coincidencias, son procedimientos.

Pero hay una diferencia fundamental entre Moldavia y Armenia, y es que Armenia está entregando territorio, no solo soberanía simbólica. Las cuatro aldeas de Tavush ya fueron cedidas. Nagorno-Karabaj ya fue perdido. Y la provincia de Syunik, la franja que conecta el resto de Armenia con su frontera iraní, está ahora bajo contrato: 49 años de gestión mayoritariamente estadounidense, con una ruta que bordea la frontera de Irán y que convierte a Armenia en pieza clave de la estrategia de cerco a Teherán. El precio de la integración occidental no es solo político, es territorial. Y no hay referéndum, ni consulta popular, ni debate parlamentario que lo avale. Solo la firma de Pashinián y la legitimación de unas elecciones ganadas con miedo.

La frontera que quieren borrar

Hay un mapa que explica todo. En él se ve la provincia de Syunik, un corredor montañoso de 43 kilómetros que constituye la única frontera terrestre entre Irán y Armenia. Esa franja es la razón de ser del TRIPP, pero también es la razón por la que Irán se opone al proyecto con tanta firmeza.

Lo que está en juego es la última ruta terrestre de Irán hacia Europa. Si el TRIPP se completa, esa frontera pasará a estar controlada de facto por una empresa de capital mayoritariamente estadounidense. Irán perdería su conexión terrestre con el Cáucaso, sus ventajas de tránsito en el Corredor Norte-Sur, y vería incrementarse la presencia de la OTAN y Estados Unidos en su frontera norte. Es exactamente el mismo objetivo que persigue la guerra contra Irán: aislar a Teherán, cerrarle las rutas comerciales, hacerlo prescindible. El TRIPP no es un proyecto de paz. Es una operación de cerco disfrazada de conectividad.

Y mientras tanto, los pueblos que viven en esa frontera, los armenios de Syunik, los pescadores del río Aras, las familias desplazadas de Nagorno-Karabaj que intentan reconstruir sus vidas en la provincia, no son consultados. Nadie les ha preguntado si quieren una autopista estadounidense cruzando sus valles. Nadie les ha preguntado si quieren que su frontera con Irán se convierta en una zona de tránsito militarizado. Porque en la lógica de los corredores, los pueblos no son interlocutores, son obstáculos. Y los obstáculos se eliminan, se desplazan o se ignoran.

Cuando la paz es el nombre de la rendición

Pashinián ha repetido hasta la saciedad que el TRIPP es un proyecto de paz, que la alternativa es la guerra, que quienes critican el acuerdo quieren arrastrar a Armenia a un nuevo conflicto. Es un relato eficaz porque contiene una parte de verdad: Azerbaiyán es una amenaza real y la posición geográfica de Armenia es, objetivamente, vulnerable. Pero la parte de verdad no convierte la mentira en verdad. La alternativa a la rendición no es solo la guerra: es la negociación desde una posición de fuerza interna, con una oposición libre, una prensa sin presiones y una población que participa en las decisiones que determinan su futuro. Ninguna de esas condiciones se da en la Armenia de 2026.

La estructura que se está consolidando en el Cáucaso sur tiene una lógica colonial: los recursos y las rutas se deciden en Washington y Bruselas; la seguridad la proporciona la OTAN desde Rumania; el territorio se negocia entre Bakú, Ereván y mediadores estadounidenses; y los pueblos, armenios, azerbaiyanos e iraníes, son destinatarios pasivos de acuerdos que no firmaron y cuyos beneficios no verán. La guerra contra Irán, la expulsión de los armenios de Karabaj, el TRIPP, las elecciones bajo miedo en Moldavia y Armenia: no son episodios aislados. Son capítulos del mismo libro, un manual de reordenamiento geopolítico donde la democracia es el envoltorio y el control de las rutas es el contenido.

“Los pueblos no son interlocutores: son obstáculos. Y los obstáculos se eliminan, se desplazan o se ignoran.”

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