Antonio Gil
Esta entrada se enmarca en el dosier que el diario elcomun.es presenta para este Primero de Mayo, en estos momentos en los que más que nunca necesitamos movilización. Como medio apostamos por la alianza fraternal contra toda opresión, toda explotación y por la paz. Frente al rearme, respuesta obrera.
No nos decepcionan. Imagino a Kautsky, sonriendo desde el cielo, observando cómo, casi 110 años después de que se consumara la gran tragedia de la que hablábamos en el artículo anterior, la socialdemocracia sigue viva, coleando y babeando ante sus amos. La consigna es clara: hay que convencer a la población europea de que es necesario prepararse para un conflicto a gran escala con otras potencias, con Rusia en el foco principal, pero no hay que descartar otros objetivos. Para ello, la burguesía europea no ha dudado en poner toda la maquinaria propagandística a funcionar. Y, como hace más de un siglo, la labor de los colaboracionistas en el seno del movimiento obrero es fundamental.
Nuestros burgueses necesitan, en este escenario, que se acentúe la flexibilidad laboral y que la industria bélica reciba transferencias millonarias. Para ello, los dos sindicatos han abrazado el plan del gobierno de reducción de la jornada laboral (cuyo cómputo, OJO, no será semanal, sino anual, lo que redundará en la redistribución de la jornada en función de las necesidades productivas) y no dudan en insistir en la idea de la “autonomía estratégica” europea.
Con respecto a esto, Pepe Álvarez, secretario general de UGT, propuso hace escasos días establecer un impuesto europeo por el cual toda la ciudadanía de la Unión financie el rearme. Añadió que la Comisión Europea (sí, querido lector, querida lectora, la misma institución comandada por Von der Leyen) debe “tomar el mando” en la política de Defensa, política que, además de orientarse al rearme, ha de ser industrial, tecnológica y de desarrollo para el conjunto de la Unión Europea. Destacó que resulta “evidente” que Europa ha de abordar “con mucha tranquilidad” un debate sobre su autonomía estratégica, no solo en el campo de la Defensa, dejando claro que ello no afectará al gasto social (se conoce que ha recibido garantías directas de la Von der Leyen al respecto, confiamos en que en posteriores declaraciones nos aclare esta cuestión el ínclito líder sindical).
Sobre la autonomía estratégica también insiste Unai Sordo, de CCOO. Por resumir un poco y no agotar a quien esto lee, la cosa va de mejorar la integración política de la Unión Europea, es decir, de la unión interestatal capitalista europea cuyo objetivo es facilitar la explotación de la clase obrera en el interior de cada país de dicha unión y de asegurarse el control de los recursos fuera de ella. Obviamente, esto hay que disfrazarlo de alguna manera, porque la propaganda bélica con vaselina entra mejor: aquí entra en juego el llamado Pilar Social Europeo, o los llamados a las inversiones industriales que vimos en las declaraciones del líder de UGT.
Para el secretario general de CCOO, estamos ante una disputa civilizatoria. En este sentido, su discurso no se diferencia mucho de cuando el alto representante para la Política Exterior de la Unión Europea, Josep Borrell, hablaba del jardín europeo frente a la jungla que hay fuera.
Claro que estamos ante una disputa civilizatoria. Pero esa disputa civilizatoria no consiste en apostar por una u otra rata en la pelea por el churro de la cima de la pirámide imperialista. La disputa civilizatoria consiste en que, por un lado, tenemos barbarie. Por el otro, socialismo. De lo que el movimiento obrero y las fuerzas revolucionarias hagan en los próximos meses y años depende que acabemos en uno u otro horizonte.








