El pasado jueves, Mark Rutte, nuevo secretario general de la OTAN, declaró públicamente que los ciudadanos europeos deben hacer sacrificios y cambiar a una mentalidad de guerra. Es decir, no sólo van a escalar más la guerra, sino que van a potenciar el gasto en defensa (compra de armas) mediante el recorte en partidas de seguridad social, como las pensiones.
(Permitan aquí un inciso que es una obviedad, pero que dado el nivel de desorientación actual parece necesario: esto lo pide la Alianza Atlántica, a través de la UE. No lo piden los países llamados BRICS, no lo pide Rusia, no lo pide China, no lo pide Nicolás Maduro, tampoco lo pidió el anterior «régimen» de Al Assad. Lo exige la OTAN. Ese organismo que pende sobre las cabezas de nosotros, los trabajadores de países como España, y decide directamente cómo tenemos que vivir o morir).
En sus explicaciones, Rutte justificó ese dislate político y económico en base a la supuesta amenaza de otros países, que quieren «remodelar el orden mundial».
En la reunión de Bruselas (realizada irónicamente por un think tank enfocado a la paz internacional), Rutte regaló verdaderas perlas, pueden consultar el discurso aquí si lo desean, como por ejemplo:«Para proteger nuestra libertad, nuestra prosperidad y nuestro modo de vida, dejen de crear barreras entre ellos (los Gobiernos de cada Estado) y entre las industrias, los bancos y los fondos de pensiones«.
Es imposible sintetizar la absoluta barbarie que esconde este mensaje, pero haciendo un esfuerzo, se pueden extraer al menos las siguientes conclusiones breves:
- Expresiones como «dinero del gasto social» o «hucha de las pensiones» son fantasías, engaños, que sirven para justificar un determinado modelo económico. Un Estado independiente podría gestionar su producción y sus recursos de manera planificada, priorizando las necesidades sociales a su voluntad. Esas expresiones huecas, verdaderos fetiches, tienen la función de modular la opinión pública para imponer deuda que luego se pasará como factura a la clase trabajadora. Para otros usos (rescatar bancos o comprar armas) sin embargo no hay huchas ni existe un límite.
- Esto se consiente porque esos Estados, socios a la fuerza de esas Alianzas, carecen de soberanía. Su sumisión a los poderes económicos es tal que incluso deciden sobre la vida o la muerte de sus propios paisanos, sus respectivos pueblos. La «amenaza de un nuevo orden» es, precisamente, que esas Alianzas pierdan su capacidad de imponer exigencias tan brutales.
- La «libertad» y «forma de vida» a la que se refiere Rutte es el capitalismo, que en su fase imperialista permite que unos países expolien por la fuerza de las armas los recursos de otros, o que se exporte mano de obra de países asfixiados para abaratar los propios mercados laborales. Es la forma de vida que permite que las grandes empresas (como nuestro IBEX) multipliquen sus beneficios mientras la clase trabajadora muere esperando atención médica, no puede costarse estudios o debe dedicar su sueldo a pagar una habitación compartida.
- La guerra es una artimaña empleada como forma de sostener ese sistema propio de la barbarie, caótico e inmoral. Los Gobiernos, a los que la OTAN exige comprensión, llegan a ser partícipes de iniquidades como la matanza del pueblo palestino, o la entrega de armas a regímenes ficticios de ideología neofascista, tal como hace nuestro Gobierno de Progreso.
- La pérdida de soberanía es tan escandalosa que incluso llegan a considerarse inválidos los procesos electorales en los que sean mayoritariamente votados partidos que se opongan a ese gasto militar. Es más, para ser considerados «de izquierdas» y permitirse el acceso a las elecciones, esos partidos deben llevar en sus programas -por decreto- la compra de armas para la guerra con dinero público.
- Bajo toda esta farsa, los medios emplean el engaño y la propaganda más burda como forma de moldear la opinion pública. Es una falsa libertad hasta en sus pilares más básicos como la opinión. Ni siquiera somos libres ya ni de pensar por nosotros mismos.
Por tanto es urgente que sepamos reconocer cuál es nuestro principal enemigo. Sólo el rechazo a estas instituciones bárbaras y belicistas puede permitir que la clase trabajadora europea vuelva a encaminarse hacia un futuro que tenga como horizonte su verdadera libertad.








No hay movimiento social,ni político que se enfrente a las políticas diseñadas de antemano por el poder económico y sus medios de desinformación y manipulación. Por consiguiente,habría que articular un frente amplio de izquierda transformadora con sus correspondientes medios de respuestas,tanto político- social y de información y formación de los ciudadanos.