Trump y la sombra orwelliana de Peter Thiel en su próximo gobierno

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Juan López Páez

“Hacer lo que ya sabemos lleva al mundo de 1 a n. Genera un progreso horizontal añadiendo más de lo mismo. Cada nueva creación, sin embargo, va de 0 a 1, es vertical e implica hacer algo que nadie ha hecho antes. Si agarras una máquina de escribir y construyes cien, has hecho un progreso horizontal. Si agarras una máquina de escribir y construyes un procesador de textos, has hecho un progreso vertical.”
Peter Thiel “De cero a uno”

Donald Trump estos días está perfilando los cargos de su gabinete, una orquesta formada a partir del ”staff” que conforman las burocracias diplomática, militar y de inteligencia estadounidense, algunos protagonistas con un marcado sesgo prosionista (Michael Waltz, Marco Rubio y Elise Steffanik entre los políticos) e integrantes de la élite tecnocrática de Silicon Valley (Peter Thiel).

Trump va a sentar en la mesa presidencial al gato de Cheshire de Alicia en el País de las Maravillas, al sonriente  Peter Thiel, representante de la cúspide de los intereses corporativos y sionistas, de una élite tecnocrática decidida a reforzar su control sobre la política y la vigilancia

La sombra orwelliana de Peter Thiel en el despacho oval del ala oeste de la Casa Blanca, un halcón sionista camuflado en el barniz libertario de Silicon Valley, el cofundador de Paypal, fundador de Palantir [1] uno de los más polémicos proyectos de vigilancia salido de Silicon Valley en los últimos años, ha estado a la vanguardia de la fusión de la destreza tecnológica de Silicon Valley con el estado de seguridad nacional, alimentando las redes de inteligencia estadounidenses e israelíes con capacidades de extracción de datos que harían sonrojar a Orwell. En Israel, la tecnología de Thiel se ha utilizado para vigilar a las poblaciones palestinas, imponiendo una ocupación brutal bajo el disfraz de la «seguridad».

Noam Cohen, el ex columnista de tecnología del New York Times relata en su libro: “The Know-it-alls : The Rise Of Silicon Valley As A Political Powerhouse And Social Wrecking Ball” [2], el ascenso de Silicon Valley como una fuerza política e intelectual en la vida estadounidense, la representación del poder de Silicon Valley, convertido en laboratorio y feria de muestras para tecnologías de vigilancia. 

Comenzando hace casi un siglo y mostrando el papel de la Universidad de Stanford como la incubadora de esta nueva clase de “supergeeks” [3], Cohen muestra cómo tipos inteligentes, los Jeff Bezos, Peter Thiel, Sergey Brin, Larry Page y Mark Zuckerberg se enamoraron de un ideal radicalmente individualista y luego lo convirtieron en algo común. Estos ceos multimillonarios lideraron la dirección del camino para dar paso a encuentros supuestamente eficientes basados en el mercado a través de Internet, en palabras del fundador de LinkedIn, Reid Hoffman, cada uno de nosotros es su propia start-up. Facebook y Twitter, ansiosos por entretener a sus usuarios, hicieron la vista gorda ante las fake news  y las “hateful discriminations” (discriminaciones por odio).

Esta «disrupción» ocasionada por Silicon Valley provocó la inesperada victoria electoral de Donald Trump en 2017 con el apoyo decisivo de los estados profundos del Cinturón del Óxido que se pasaron al bando de Trump, aquellos que se quedaron atrás ante la ideología «meritocrática» de Silicon Valley, en 2024 han reincidido.

Como fundador de PayPal, Palantir Technologies y miembro de la Junta directiva de Facebook, Peter Thiel es invitado a los encuentros anuales del Club Bilderberg, pertenece al grupo de innovadores, amos de Silicon Valley y de la tecnología mundial. En 1995 dos académicos Richard Barbrook y Andy Cameron, publicaron originalmente en 1995 por la revista Mute y la lista de correo nettime, un texto emblemático de la primera ola de crítica de la red: “The Californian Ideology” [4] donde exponían una visión crítica de los innovadores que se estaban haciendo los amos de Silicon, cuestionaban el culto al empresario puntocom, cuestionaban la teoría del determinismo tecnológico y refutaban los mitos de la historia estadounidense.  Como había insistido McLuhan, la provocación teórica genera comprensión política.

Palantir el buscavidas, es como titula Marta Peirano en su libro “El enemigo conoce el sistema” el capítulo dedicado a la empresa de Thiel. Su primer encargo para el servicio de inteligencia norteamericano fue un potente buscador que, a partir de cualquier dato de un «enemigo» —un teléfono, una matrícula de coche, un número de tarjeta…—, es capaz de tirar del hilo atravesando todo tipo de información registrable incluidos correos, chats, historiales de navegación, fotos, documentos, webcams, análisis de tráfico, registros de teclado, claves de acceso al sistema con nombres de usuario y contraseñas interceptados, túneles a sistemas, redes P2P, sesiones de Skype, mensajes de texto, contenido multimedia, geolocalización.

Tiene profundas raíces en el complejo militar-industrial de EEUU, y se alinea estrechamente con la CIA a través de su inversión inicial en el fondo de capital riesgo In-Q-Tel creado por la CIA. Desde el principio, Palantir estuvo entretejida en el andamiaje de la infraestructura de inteligencia de EEUU, vendida como una herramienta de “defensa”, mientras expandía silenciosamente un aparato de vigilancia por todo el mundo, desde los Territorios Palestinos ocupados por Israel hasta los centros urbanos estadounidenses.

En Afganistán e Irak, el éxito del software de inteligencia de Palantir fue tal que las tropas de operaciones especiales de las zonas de guerra pronto empezarían a pedir a sus superiores autorización para usarlo en lugar de los programas creados por el Pentágono. En todos estos años independientemente de quién haya estado en el poder, los presupuestos públicos han ido a la baja excepto los de seguridad y defensa. Silicon Valley se ha convertido en laboratorio y feria de muestras para tecnologías de vigilancia. Los políticos se acercan al valle en expediciones de compras para ponerse al día con lo último en software y hardware espía y allí se encuentran a gente como Thiel con su catálogo de novedades.

Durante los gobiernos de Obama, a Palantir se le adjudicaron varios contratos millonarios de espionaje, defensa, fiscalidad o incluso uno sanitario piloto, pero su fundador esperaba reforzar su influencia todavía más con los republicanos en el poder. Él fue uno de los pocos magnates tecnológicos que ofreció apoyo financiero y operativo a la campaña de Trump. Con el auge del populismo en Reino Unido y Norteamérica, Palantir se convertiría en un juguete bélico para chicos de malos pelos como el “recluta” Boris Johnson (ex primer ministro británico), los objetivos ya no se limitarían a los enemigos de la libertad en el estado islámico y otros insurgentes en conflictos lejanos, sino que cada vez más implicarían a la población civil de los propios países.

En EEUU, soluciones de espionaje marca Palantir están siendo usadas en las fronteras de México o los barrios conflictivos especialmente los de población negra. Mientras tanto, en Reino Unido, organizaciones por la transparencia de la administración han conseguido que se publiquen los contratos de la gestión de los datos de la pandemia del Covid 19 que el gobierno británico había firmado con gigantes tecnológicos como Google o Microsoft o con compañías de IA como Faculty o Palantir. Debido a la gravedad y la urgencia de la situación, las protecciones habituales a información especialmente sensible se relajaron. Los expertos han manifestado su preocupación por los términos de unos acuerdos que se hicieron bajo presión dadas las circunstancias. Tal y como han sido redactados, quedaron muchas opacidades por aclarar y existe un riesgo elevado de que datos de pacientes acaben expuestos, de que la propiedad intelectual de la información sanitaria recabada pertenezca a las empresas para siempre o de que las adjudicatarias sean al final las que se beneficien de los tratos más que la propia sanidad pública.

El estado perfecto del mercado es el monopolio.

Peter Thiel en su libro “De cero a uno: Cómo inventar el futuro” [5] destila  la quinta esencia del capitalismo dominante: el monopolio. Como en un libro de autoayuda para emprendedores leemos consejos paternalistas como: «Sean los arquitectos de su propio futuro y esfuércense para conseguirlo» o bien autoafirmativos: «Los monopolios prosperan gracias a las ventajas tecnológicas, los efectos de red, las economías de escala y la excelente creación de la marca»

Toda una filosofía prêt-à–porter: la libre competencia es una reliquia del pasado; cuanto más perfecta esta sea, menos posibilidad habrá de que ninguna de las compañías participantes obtenga beneficios a largo plazo. Dado que compitiendo libremente unos contra otros en igualdad de condiciones todos pierden, Todo el mundo gana con unos pocos negocios tan buenos en lo suyo que ninguna otra firma es capaz de ofrecer servicios o productos a la altura. Lo deseable es que el mejor se convierta en el operador único de cada sector.

Redunda el punto de partida de la tesis de Lenin sobre el imperialismo: «la dominación de las asociaciones monopolistas de los grandes patrones,…… la competencia se transforma en monopolio» Lo que desconoce Thiel es que se disminuye la fuerza reguladora de la ley del valor trabajo y de la competencia, ya que «unas cuantas decenas de empresas gigantescas pueden ponerse de acuerdo fácilmente». Por lo tanto, tendrá un rol creciente la coerción extraeconómica para extraer el excedente: «La estrangulación monopolista», los acuerdos, las manipulaciones de precios y de mano de obra pasan a ser determinantes, de manera que “la producción mercantil se halla ya quebrantada”, a pesar de que todavía sigue siendo la base de la vida económica. Las ganancias son producto de “maquinaciones financieras” y “estafas”; prima una relación de dominación y violencia. “En otras palabras, el viejo capitalismo, el capitalismo de la libre competencia, con su regulador indispensable, la Bolsa, pasa a la historia” escribe Lenin.

Además, el monopolio genera pobreza crónica en las masas obreras y campesinas, lo que restringe los mercados y empuja al estancamiento crónico en los países adelantados. «Por lo tanto, existe excedente crónico de capital». Se reducen así las oportunidades de inversión rentable en las metrópolis, lo que empuja a asegurarse mercados y zonas de inversión en la periferia mediante el colonialismo. En consecuencia, aumenta la inversión extranjera, de la mano del colonialismo. Lo cual generará, a largo plazo, desarrollo del capitalismo en la periferia. Por otra parte, y debido a que el mundo ya está repartido entre las potencias, son inevitables las guerras por nuevos repartos del mundo

El mundo es un pañuelo y todos se encuentran.

Cuando JD Vance (futuro vicepresidente) conoció a Peter Thiel en 2011, Vance era estudiante en la Facultad de Derecho de Yale y Peter Thiel, un capitalista de riesgo que dio un discurso en la universidad criticando a la sociedad moderna. Vance escribió más tarde que estaba tratando de encontrar su lugar en un ambiente altamente competitivo, y el discurso de Thiel despertó algo en él que le hizo darse cuenta de que no quería ejercer la abogacía.

Vance trabajaría más tarde para Thiel en su firma de capital de riesgo en Silicon Valley. Más de una década después de que se conocieran, Thiel ayudaría en 2022 a Vance a ganar un escaño en el Senado de Estados Unidos con 15 millones de dólares para apoyar su campaña, que catapultó a Vance más tarde como compañero de fórmula de Donald Trump.

Thiel, a quien Vance una vez describió como un «buen amigo», se convirtió en el mayor partidario de Vance con diferencia. Thiel donó 15 millones de dólares a Protect Ohio Values, un super PAC que publicó anuncios de apoyo a la candidatura de Vance. El PAC gastó más en anuncios para elegir a Vance que todo el dinero que la campaña de Vance recaudó por sí sola. Y fue una de las mayores cantidades que Thiel ha gastado jamás en un solo candidato.

Un nuevo conservadurismo

La receta del potaje tecno-liibertario, la pronunció Thiel en un discurso en la National Conservatism Conference celebrada en Washington, DC, el 14 de julio de 2019, le proporcionaba a la política estadounidense un conservadurismo social ausente, una visión para el gobierno federal en materia de política industrial e investigación científica básica, revivir la seriedad conservadora de la era de la Guerra Fría en lo que respecta a la seguridad nacional, la NASA ya no sería una burocracia, sino que volvería a sus días pioneros. La tecnología no sería aplicaciones tontas, sino ingeniería del futuro,se dedicará, menos a crear apps estúpidas y más a ofrecer “nuevas avenidas para la grandeza y las nuevas ventajas tecnológicas”, hacer realidad las innovaciones tecnológicas, y como ellas impulsan el crecimiento económico y el poder, asegurar el estilo de vida estadounidense a costa del resto del mundo, un renovado excepcionalismo norteamericano al frente.


[1] Un palantir es una piedra legendaria que permite observar a personas y momentos distantes en el tiempo y el espacio. Sauron la usa en El señor de los anillos para vigilar a sus enemigos, ver cosas que ya han ocurrido y enloquecer a sus víctimas con voces fantasmagóricas.

[2] Cohen, Norman (2017): “The Know-it-alls : The Rise Of Silicon Valley As A Political Powerhouse And Social Wrecking Ball” . The New Press N.Y.

[3] La palabra “geek” proviene de la palabra alemana “geck”, que significa “tonto”, y de la palabra holandesa “gek”, que significa “loco”. En el siglo XIX, el término geek se usaba en inglés para referirse a una persona que pertenecía al circo y realizaba los típicos “espectáculos de monstruos”. Sin embargo el significado de geek cambió en la década de 1980, cuando la revolución informática se encontraba en pleno apogeo, para describir a las personas conocedoras de este campo. Al igual que friki, el término geek ha evolucionado en el siglo XXI para describir a cualquiera que esté muy entusiasmado con algo.

[4]Barbrook,Richard y Cameron, Andy (1995) “The Internet  Revolution From Dot-com Capitalism to Cybernetic Communism” Network Notebook #10. Institute of Network Cultures, Amsterdam

[5] Thiel, Peter (2015) “De cero a uno: Cómo inventar el futuro” Centro Libros PAPF, S. L. U.

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