La pausa de Isidro Gato De La Almudena

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Isidro Gato De La Almudena era un madrileño más. El día 14 de julio, volviendo de realizar una reparación en una instalación durante su trabajo como electricista, paró en aquel bar en hora ya cercana a la pausa de la comida. Llevaba horas sin ir al baño y el intenso calor le había dejado la garganta seca.

―Una cerveza sin alcohol, por favor ―pidió Gato.

―Ahora mismo ―respondió el camarero de unos cincuenta y pico años, enormemente obeso y calvo con cortinilla que atendía en el local.

Mientras se la servían, Gato De La Almudena se fijó en la pantalla de plasma del establecimiento, por la cual retransmitían el debate sobre el Estado de la Nación. Era el turno del grupo mixto. En aquel momento tomaba la palabra el diputado de Navarra Suma Carlos Garcia Adanero.

—Si ETA no existe, ¿por qué cambió presos por presupuestos? Si ETA no existe, ¿por qué permiten los homenajes a etarras? ¿Por qué hay aún pintadas de Gora ETA? ¿Por qué se da el pésame por la muerte de un etarra? ¿Por qué sigue habiendo incidentes el siete de julio? ―dijo el congresista.

El camarero elevó la voz y mientras buscaba en los cajones gritó enardecido:

― ¡Ahí está, coño!¡Que nadie se atreve a decirlo!

―Ya ve usted. Y dicen que ETA no existe, pero los rojos bien que hablan de Franco que lleva 47 años muerto ―asintió Isidro.

―Bueno, que le he sacado la Mahou por costumbre. ¿Prefiere Damm o quizás El Águila?

―No, la Mahou está bien. Y póngamela con alcohol, que voy a brindar a la salud de este hombre, un tío con cojones que dice lo que todos pensamos donde hay que decirlo.

― ¡Claro que sí! A ver si aquí en Madrid alguien hace ongi etorris de esos a nadie que vaya matando gente.

―No entiendo esa frase. ¿Qué es un ongi etorri?

―Los actos de bienvenida esos que hacen a los presos etarras, que los llaman con una palabra despectiva de las de los vascos de mucha r y mucha i. Ya me dirá si aquí damos homenajes y bienvenidas a nadie que vaya matando gente.

―Está claro. ¿Tiene usted el Marca?

―Ahí lo tiene, en la pila de periódicos debajo del que lleva en portada la bienvenida a los de la OTAN.

Gato De La Almudena miró su reloj y vio que todavía le quedaban unos diez minutos según había calculado su pausa. Miró la ausencia de fichajes en el Real Madrid en el diario deportivo y planteó la pregunta:

― ¿El servicio, por favor?

―Lo tiene al fondo a la derecha, en el lado bueno.

―Cada vez me cae usted mejor.

Isidro se encaminó al baño. Tras soltar la orina que había acumulado desde hacía casi dos horas, mientras se lavaba las manos observaba las pintadas de puertas y paredes de aquel baño: Stop inmigración, negros=COVID, dinamita contra el podemita… Volvió a la barra e hizo la pregunta fatídica:

—¿Qué le debo?

—Serían dos euros y medio.

Un hombre que estaba antes efectuando su pago protestó:

—Oiga, yo le había pedido la cuenta antes.

—Ya, pero yo tengo que volver a la central. ¿No lo ve?

—Yo también tengo prisa, tengo que llegar a la biblioteca del Retiro antes de las tres.

—¡Funcionario tenía que ser! —gritó el camarero—. Los señoritos vividores que pagamos con nuestros impuestos. Pues aquí mando yo y el señor pasa antes.

Gato De La Almudena sacó su cartera y no encontró suelto. De pronto recordó aquellos guantes de trabajo que había tenido que comprar por la mañana después de que se le agujerearan los viejos. Preguntó si podía pagar con tarjeta.

—Claro que sí. ¿La Caixa o Santander?

—¡Santander, por Dios! ¿Cómo voy a tener yo mi dinero en La Caixa, que es de los catalanes?

—Desde luego, los etarras de todas partes se están enseñoreando del país. Y los tontos del culo estos con que Franco. Si alguna vez me pusieran un Gora ETA en el baño, no sé lo que haría. Pero estos ven a Franco por todas partes.

—Ya le digo. Más valdría que bajaran los impuestos de las eléctricas, que Iberdrola dice que no me sube la paga por eso. Y hoy he estado arreglando la instalación de la nueva obra de OHLA y parecía que andaban en las mismas.

—Bueno, que le vaya bien.

El camarero se dirigió al bibliotecario que quería pagar antes que Gato De La Almudena y en tono perdonavidas le dijo:

—Ahora va usted. ¿Qué tenía?

—Una sin alcohol. Por cierto, no se vaya usted que les voy a explicar unas cuantas cosas —dijo volviéndose también hacia Isidro—. Verán, las tres marcas de cervezas que ha dicho el caballero, la Mahou, la Damm y El Águila, vienen de familias que se aprovecharon de su proximidad a la dictadura para crecer de forma poco honesta. El Águila se la quedó sin más un militar franquista. Los Botín que tienen el Santander fueron unos tremendos colaboradores y palmeros franquistas y el accionariado de La Caixa está repleto de hijos de figuras del anterior régimen. Usted trabaja en Iberdrola que, además de no pagarle bien pese a estarnos sangrando a muchos con sus facturas abusivas y estar hasta vaciando embalses para sacar beneficios ilícitos, deriva de empresas que se lucraron de miles de modos de su cercanía al cara garbanzo. Y de la H de OHLA, Huarte, de hecho, tenemos una foto en la biblioteca donde aparece como directora de las obras con mano de obra esclava del Valle de los caídos. Esa es la gente que lleva su dinero y que no les paga su trabajo. Buenos días.

El camarero y Gato de Madrid se quedaron unos 15 segundos analizando la información. Pasado ese tiempo, Gato gritó:

—¡Pues me dan de comer, no como los etarras, que lo dominan todo!

—Ni se le ocurra volver por aquí —gritó el camarero.

—Tranquilo, no pensaba, son tan ignorantes como groseros —sentenció el bibliotecario y salió del local.

A solas, Gato De La Almudena y el camarero, aún acalorados por la discusión, recurrieron el uno al otro en busca de alguna palabra de apoyo ante la información que acababan de recibir.

—Como dejemos a los rojos y proetarras se hacen con todo —dijo el camarero— Si hasta ponen calles y monumentos a los etarras.

—Ya, es increíble. Pero bueno, a mí me da igual, esta tarde voy con mi novia a oír un concierto a la Fundación Juan March y me calmo. Por cierto, tengo que hacer un encargo en la calle del Crucero Baleares ¿Sabe usted cómo se llega?

—¿Desde aquí, desde Caídos de la División Azul? Déjeme verlo en el móvil.

La constructora Huarte y CIA. S.L., una de las tres empresas integradas en OHLA, anunciando su presencia en las obras de El Valle de los Caídos.

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