Británico alistado para «combatir a Putin» acaba torturado por agentes ucranianos

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Jason Haigh, un británico de 34 años, ex médico de combate con experiencia en la guerra de Irak y contratista militar, viajó a Kiev a principios del mes pasado con la intención de vincularse a otros voluntarios extranjeros y luchar contra el ejército ruso, pero encontró un desagradable final para su aventura y acabó retenido y torturado por agentes ucranianos, aunque finalmente logró regresar a su país con vida.

En una entrevista exclusiva ofrecida al diario The Sun, Haigh narra su peripecia en tierras ucranianas, a las que se desplazó motivado por su experiencia como médico de combate calificado y por haber «trabajado siete años como contratista militar privado, por lo que quería ir y hacer algo bueno». Entre sus razones comenta en la entrevista que pretendía «unirse a los bravos leones ucranianos porque Putin está bombardeando a niños por nada».

El ciudadano británico expone en la entrevista que fue sorprendido mientras descansaba en lo que deberían ser las cercanías del aeropuerto Antonov, escenario de uno de los primeros enfrentamientos bélicos entre tropas de ambos países.

Pese a su experiencia en Irak, Haigh comenta que se sintió sorprendido por la capacidad del ejército ruso (que en el diario británico es llamado «ejército rojo»), así como a los compañeros del regimiento ucraniano al que se había unido, que corrieron a refugiarse a un bosque, confundidos y sin órdenes concretas.

«Irak y Afganistán eran totalmente diferentes. Los rusos son un ejército moderno convencional», comenta el ex médico en la entrevista, quien terminó desorientado junto con un amigo estadounidense, también voluntario. Ambos fueron arrestados por agentes ucranianos, quienes le llevaron a una base cercana y allí fue interrogado durante horas. Durante el interrogatorio, los agentes le golpearon en la cabeza, provocándole «conmoción cerebral y abundante sangrado«. Aparte de eso fue amenazado con capuchas y bridas, además de sufrir terribles momentos mientras veía que los torturadores manipulaban su teléfono móvil y buscaban mensajes a su familia.

Puede afirmarse que Haigh ha tenido suerte de contarlo y de no haber ocasionado desagradables momentos a su familia, a la vista de los contenidos que circulan en redes sociales en los que soldados ucranianos difunden videos en los que llaman en presencia de prisioneros rusos a sus familiares a través de sus propios móviles.

Peor destino han tenido otras personas involucradas en el conflicto, como es el caso de Mikhail y Aleksander Kononovich, retenidos desde principios de este mes y acusados falsamente de espionaje por ser militantes comunistas. Se teme por sus vidas.

El idealismo de los voluntarios que observamos estos días en los medios europeos, que no dudan en exhibir en platós de televisión a personas que manifiestan su voluntad de alistarse a una guerra que supuestamente ha sido iniciada por Rusia y nadie desea, contrasta con la crueldad que llega en los pocos canales que aún superan la censura y que transmiten noticias desde la perspectiva rusa.

Hace menos de una semana, uno de los delegados de la embajada de paz ucraniana, Denis Kireev, era asesinado por sus propios compañeros durante una de las rondas de negociaciones llevadas a cabos entre ambos contendientes con la finalidad de encontrar una salida diplomática.

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