Informe de think-tank anticipaba provocar una guerra en Ucrania para debilitar a Rusia

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El think-tank, o laboratorio de ideas, RAND Corporation (acrónimo de las palabras research and development) es una organización financiada por departamentos relacionados con la seguridad del Gobierno de Estados Unidos, que como su nombre indica ofrece servicios de investigación y desarrollo, destinados al apoyo de las fuerzas armadas de su país.

En su página se define como una organización «no partidista y sin ánimo de lucro», con la pretensión de hacer el mundo «más seguro y próspero». Esta definición supone una visión muy optimista de sí mismos, pues, en el informe que referimos, los analistas de Rand no vacilan en recomendar la devastación de otros países mediante la provocación de guerras o las sanciones económicas a otros gobiernos legítimos, con la finalidad de «ahorrar dinero al gobierno».

El informe, que puede consultarse en la página de la corporación, es de 2019 y se llama Extendiendo Rusia, competir desde un terreno ventajoso. En el documento se recomienda la incitación a Rusia a extenderse en los territorios y aspectos que considera más vulnerables, con la finalidad de que Rusia «se estrese» por encima de sus posibilidades militares o económicas y termine compitiendo con Estados Unidos en terrenos en los que provoque una «pérdida de su prestigio internacional» o debilite su «régimen».

Para lograr ese debilitamiento de Rusia mediante el aumento de sus «ansiedades», el informe expone, sin ambages, medidas que suponen una auténtica guerra económica (obstaculizar exportaciones de petróleo, reducir exportaciones de gas, imponer sanciones, incitar la fuga de cerebros rusos), cuando no una simple y llana provocación a la agresión militar (proporcionar ayuda letal a Ucrania, aumentar el apoyo a «rebeldes» sirios, promover cambio de «régimen» en Bielorrusia, entre otras).

Detalle de uno de los capítulos del espeluznante informe.

Tras unos capítulos en los que el laboratorio de ideas analiza sus debilidades, el informe concluye que la manera de desestabilizar a su rival es en el campo energético, mediante la toma de medidas en terceros países que obliguen a presionar a Rusia en sus exportaciones, y conduzcan a su gobierno a una posición que aumente la tensión internacional de manera que se produzcan sanciones. Para ello se recomienda involucrar a Europa en la escalada de tensiones para que dejen de ser su «principal cliente» y pase a ser cliente exclusivo de EE. UU.

Las medidas que el informe valora son evaluadas de manera absolutamente fría e impasible en tablas ordenadas por niveles de riesgo. Se advierte en el texto que esas medidas pueden alcanzar un nivel de riesgo muy alto y que pueden tener «consecuencias de segundo orden», con una serie de contrapartidas que ponen en una balanza el encontrarse lejos de las fronteras de los Estados Unidos, lo que significaría una ventaja para sus habitantes, pero a la vez un coste mayor para ellos que para Rusia, puesto que se encontraría «más cerca y por tanto con menos coste para operar».

En el capítulo dedicado a las medidas geopolíticas, las valoraciones del documento llegan a proponer actuaciones que, por desgracia, nos están resultando familiares ante los preocupantes acontecimientos que vivimos en estos días.

«Ampliar la asistencia letal a Ucrania, incluida la provisión de armamento letal -expone el informe en su página 99- aumentaría los costes de Rusia tanto en sangre como en tesoro, en lo referente al apoyo a la región de Donbass. Esto requeriría el aporte de ayuda rusa a los separatistas y una presencia adicional de tropas, que llevaría a un aumento de gasto, pérdida de equipos y bajas. Eso podría convertirse en un asunto controvertido, como ocurrió cuando los soviéticos invadieron Afganistán (…) Ucrania es sin duda un socio más capaz y confiable que otros a los que Estados Unidos han proporcionado equipos letales, por ejemplo, los muyahidin afganos antirrusos».

Esta es sólo una de las seis pavorosas medidas que se recomiendan en este capítulo, que además propone otras decisiones que el lector encontrará familiares, tales como el rearme de «rebeldes sirios» o el apoyo a las protestas tras las elecciones en Bielorrusia.

Las deducciones que pueden extraerse de la lectura de este documento resultan esclarecedoras en la comprensión de la difícil situación internacional que estamos viviendo. Incluso las medidas adoptadas por el Gobierno de España recientemente en lo referente al conflicto de Ucrania, parecen ahora hasta previsibles, y sugieren la asunción de un guion premeditado en la que por desgracia a Europa le ha tocado el papel de tablero de juego de la guerra y a España el de peón de los intereses imperialistas de Estados Unidos.

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