Una presa fácil

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Montserrat Gimenez Zapiola, superviviente de la Prostitución, socia fundadora de la Asociación Nüwa Social.

Con 19 años me ofrecieron ser puta. En ese punto de mi vida yo estaba convencida de que solo valía para ser follada. Me dicen que lo elegí, pero ¿llamáis a eso libre elección? Desde cría buscaba querer y que me quisieran. Buscaba cariño y lo único que encontraba es que me usasen y abusasen.

Cuando me ofrecieron ser prostituida me pareció lo más razonable. Y es que yo creía que claramente había venido a este mundo para eso. Ya que desde muy temprana edad aprendí que ahí, en mi sexo, recaía toda mi valía.

En el movimiento abolicionista se habla de que la elección propia no es posible cuando las mujeres están en situación de pobreza. Eso es cierto, y es un discurso extremadamente necesario, pero, ¿qué hay de todas las demás que hemos sido expuestas a abusos una y otra vez? Yo no tenía desesperación económica, pero sin lugar a dudas era una niña desesperada por afecto, por apoyo y por alguien que me guiara.

Se habla poco o nada sobre las niñas y mujeres vulnerables que atraviesan malos momentos mentales y personales, sobre las niñas y mujeres que son presas fáciles para cualquier manipulador o predador emocional. ¿No se supone que las personas vulnerables deberían de estar protegidas?

El discurso regulacionista de la libre elección hoy en día está insensibilizando a la sociedad sobre la violencia que sufrimos las mujeres. Cada vez que comparto que fui prostituida, lo primero que me preguntan es si fue algo que elegí, como si las cosas fueran tan simples. Ese discurso ha calado tanto que son incapaces de comprender otras razones para acabar en el sistema prostituyente. Son incapaces de empatizar. Para ellos, si no llegué a la prostitución a punta de pistola yo fui la que escogió ese camino, ¿Escogí yo acaso todas las aberraciones por las que he tenido que pasar? ¿Son mi responsabilidad?

Hay un claro patrón que se repite en las mujeres que se han visto involucradas en la prostitución; un patrón de mujeres que no se valoran y no se ven a sí mismas haciendo con su vida nada más que prostituirse. Y eso no puede ser ignorado.

Pasé cinco años siendo prostituida, convenciéndome a mí misma de que lo hacía porque quería. Hoy sé qué era lo que me decía para poder afrontar el día a día. No hay dinero suficiente para llenar el vacío que te causa tal nivel de degradación; degradación que no es comparable con ninguna otra.

Años más tarde sigo sanando ,y poco a poco aprendiendo y tomando conciencia de todo lo que tengo que ofrecer. Juntando fuerzas para luchar contra el mayor exponente de la violencia hacía la mujer: la prostitución.

1 Comentario

  1. Montserrat, no sabes cuánta esperanza me dan tus palabras. Esperanza de que otras niñas y mujeres algún día puedan encontrar tu fuerza. Mientras tanto seguiré luchando contra abusadores y explotadores.

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