Los españoles de Rivera eran azules

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A la velocidad a la que se mueven los hechos en nuestros tiempos muchos quizás no lo recuerden, pero antes de que Vox irrumpiera en la escena política española existió un primer partido emergente de centro constitucionalista. Se llamaba, se llama aún, porque todavía no han certificado su defunción, Ciudadanos.

Este partido pretendía no posicionarse en ningún lugar del espectro político. Decían enarbolar la bandera de la «transversalidad» concepto del cuál mal rayo parta a su creador, pero que siempre ha calado en la población. Tanto que incluso Podemos pretendió en algún momento presentarse como «transversal». Ciudadanos era precisamente la reacción de las élites financieras y económicas españolas a la irrupción de Podemos, que acertadamente o no, durante varios momentos de la pasada década fue percibido como una fuerza renovadora de la izquierda. No es una suposición mía, son declaraciones muy claras de un banquero, en concreto Josep Oliú, presidente del Banco de Sabadell, en 2014: «Hay que crear un Podemos de derechas, el de ahora nos da un poco de miedo».

La creación del poder económico, mediático y financiero español, decíamos, intentaba presentarse como una especie de producto neutro al que todos, tuvieran las convicciones que tuvieran, pudieran votar. Uno de sus slogans más sonados precisamente transmitía esa idea de «cambios sí, pero dentro de un orden», recuerden: El cambio sensato.

Su líder, Albert Rivera, un señor catalán del que casi nadie había oído hablar fuera de dicha comunidad, pero que a fuerza de dinero, reportajes en los medios de promoción e insistencia lograron convencernos de que era el mejor político de España, dejó muchas frases para el recuerdo en este sentido, como aquella de «no veo rojos ni azules, veo españoles».

Pues es muy curioso. Ahora que parece que ese partido ya no vende, que las élites han apostado por otro modelo para dirigir la reconstrucción de la derecha, muchos de los componentes del partido equidistante y centrista se han visto obligados a escoger. Y no han dudado ni un minuto. Ninguno ha recalado en Podemos o PSOE, qué va.

La fuga comenzó con los tres tránsfugas que se incorporaron al Partido Popular en Murcia tras aquella estrambótica moción de censura, además de muchos otros nombres que ahora sí tienen claro en qué lugar del tablero político se mueven, ya sea desde nuevos partidos o desde posiciones de segunda línea. De hecho muchos creemos que la esperpéntica moción de censura fue una orden del poder financiero a su criatura para que se inmolara y recuperar de este modo sus votos para la derecha de rostro descubierto una vez que tenían clara la línea a seguir.

Sin embargo no necesito salir de mi comunidad para poder observar el verdadero rostro del partido transversal. Aparte de los numerosos chaqueteros que o bien se han integrado directamente en el Partido Popular cuando han huido como ratas de un barco que se hundía, o bien tienen chiringuitos bien remunerados desde los cuáles hacen lo que la justicia no les dejó hacer como políticos populares de pleno derecho, la vicealcaldesa de la ciudad donde vivo, aún en las filas del partido pretendidamente centrista, es una gran terrateniente que dirige un bufete de abogados dedicado al tipo de negocios que ustedes se imaginan. Esta cabecilla del partido equidistante, por cierto, sigue intentando vender la máscara de la transversalidad con declaraciones como aquella en la que dijo que el feminismo debía abarcar también a líderes como Margareth Thatcher.

Y no se quedan en la simple derecha percibida como «buena». Creo que deberían conocer cómo se me ocurrió el tema de este artículo. Tengo una cierta sintonía con el líder de la organización de consumidores Facua, Rubén Sánchez. Con frecuencia he hablado con él a través de las redes y he obtenido de él información muy valiosa. Pues bien, esta semana he sabido a través de Sánchez y su twitter de las nuevas actividades de Albert Rivera.

Resulta que mi amigo en redes Rubén Sánchez fue uno de los primeros en hablar de las actividades ilegales del ex líder de Vox en Andalucía, Francisco Serrano. Este elemento, de hecho, había llegado a su posición de líder de Vox porque cuando ejercía como juez había sido sancionado por prevaricar en un caso de violencia machista, lo cual, para el partido de los divorciados resentidos, lo convertía en un héroe. Una vez en su nueva posición comenzó a recibir ayudas públicas que están siendo investigadas, lo cual era demasiado estridente incluso para el partido ultra, que le obligó a dejar el cargo. Mientras pudo tirar para adelante, al prevaricador y presunto defraudador Serrano le molestó que Sánchez hablara de sus chanchullos, de modo que se querelló. Pues esta semana me enteré de que su defensa, tanto en el caso sobre el supuesto fraude como en la querella contra mi amigo en redes, la lleva el bufete de Albert Rivera. Es decir, que aunque dejara la política y se retirara a un segundo plano, desde su posición de abogado, Rivera sigue viendo españoles, pero esos españoles visten claramente de azul.

Lo cierto es que la famosa transversalidad, la derecha disfrazada de centro conciliador, no era una estrategia nueva. En España habían probado ya ese disfraz la UCD y más recientemente UPyD, cuyos miembros también tuvieron muy claro hacia qué lado tirar una vez que sus plataformas engañabobos se hundieron. A ver si el caso de Ciudadanos sirve para que de una vez desterremos la idea esa de la derecha blanda, progre, conciliadora, etc. Estos siempre tienen claro hacia qué lado tiran. Aunque ahora parezcan desterrados volverán. Y cuando haya que tomar partido tendrán clarísimo a dónde van.

Volvamos a la vicealcaldesa de mi ciudad. La familia de terratenientes de Villacís es un ejemplo palmario de lo que intento explicarles: el hijo más bruto, Borja Villacís, fue condenado por pegar una paliza como miembro de los Ultra Sur a una chica de raza negra y a un hombre que intentó defenderla. La hermana más lista, Begoña, se hizo abogada e intenta atraer incautos a negocios de esos que necesitan asesoramiento jurídico por moverse siempre en el límite del chanchullo y la legalidad . Pero como tantos licenciados en derecho que han pasado por Ultra Sur, no es más que una ultra adoptando la ropa de cassual.

En una semana donde el lawfare se ha hecho especialmente presente tras el caso de Alberto Rodríguez, conviene recordar que todos estos letrados y juristas que suelen componer este tipo de partidos de pseudocentro estarán en primera línea en todo lo que sea poner palos en las ruedas a los movimientos de izquierdas. Y no dudarán en pactar con la extrema derecha. Ciudadanos llegó a acudir a unas elecciones europeas en coalición con negacionistas del holocausto. No vuelvan a caer la próxima vez, la enésima, en que quieran venderles un partido de derecha progre.

Macro cartel de Albert Rivera en Atocha, en los tiempos de grandeza artificial de Ciudadanos.

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