El marxismo no es una tontería

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Lidia Falcón, Presidenta del Partido Feminista de España.

El jefe de la patronal, el señor Garamendi, se descolgó, hace unos días, en este año 2021, acusando al proyecto de reforma laboral que presenta la ministra de Trabajo de ser “marxista”. El lunes 5 de julio, la ministra Yolanda Díaz ha replicado al locutor del programa Las mañanas de Radio Nacional que le preguntaba sobre su reacción ante el calificativo de marxista de un proyecto de ley, que eso es una tontería. Con tan facilón desdén ha dado por zanjado el debate, amparándose en que lo importante es que los “agentes sociales” estén de acuerdo en los términos en que han de llevarse a cabo los cambios en las relaciones laborales entre la patronal y los trabajadores.

Me ha sorprendido el desprecio con que la señora Díaz ha acogido el calificativo que le ha aplicado el señor Garamendi a su propuesta. Ya sabemos que el presidente de la CEOE lo ha formulado como un insulto, al estilo franquista que tanto conocí en los siniestros tiempos de la dictadura, en que marxismo era sinónimo de comunismo y éste de represión y crimen. Al parecer los empresarios siguen anclados en los términos ideológicos que difundió incansablemente el fascismo.

Pero Yolanda Díaz sigue siendo militante del PCE, según tengo entendido, y en los años en que coincidimos en las Asambleas de Izquierda Unida, no renegaba ni de su ideología ni de su militancia, a pesar del mucho afecto que le mostraba a Pablo Iglesias y su proyecto político, afecto que le ha proporcionado la cartera de Trabajo. Y si su afiliación sigue siendo la misma, resulta inaceptable que califique de tontería el marxismo. O quizá, pienso, calificó de tonto a Garamendi, pero en ambos supuestos hacía falta que lo aclarara. Porque ni el presidente de la CEOE es tonto, sino muy listo, dado que por eso dirige el mundo empresarial español que está ganando claramente la lucha de clases contra los trabajadores, ni el marxismo es una tontería. Yo creo que su partido debía pedirle explicaciones a la señora Díaz.

El marxismo, como todo comunista sabe, es un método de conocimiento e investigación de la realidad social y de la lucha de clases “que constituye el motor de la Historia”. Gracias a los descubrimientos e investigaciones de Karl Marx y Friederich Engels hoy podemos analizar las cuestiones económicas, sociales, políticas, culturales, ideológicas, en referencia a la realidad material de la existencia humana. Los descubrimientos de Marx y Engels, avanzados y perfeccionados por los seguidores, Vladimir Lenin, Rosa Luxemburgo, Alejandra Kollöntai, Clara Zetkin, Poulantzas, Luckaks, y tantos otros, en todos los países, nos permiten comprender los propósitos y estrategias del Capital en su enfrentamiento constante con las clases trabajadoras. El marxismo comienza así mismo el análisis de la explotación de clase de la mujer que las feministas, y especialmente el Partido Feminista de España, hemos completado y perfeccionado.

Por ello, el método marxista de conocimiento es el más exacto  para desentrañar los aparentes misterios del comportamiento de las clases, de cómo se elabora la ideología capitalista y cuáles son los objetivos que persigue el Capital. Por ello, Yolanda Díaz en vez de rechazar con desdén ese calificativo debía haberlo reivindicado y explicado para que el público que la estaba escuchando comprendiera su posición y la tarea que está desempeñando en el Ministerio. Con ese despego, la ministra quería limpiarse de la acusación de Garamendi, como si se tratara de un delito, que es la verdadera intención del empresario, la de tratarla de criminal, cuando es evidente que sin hacer un análisis marxista no se puede conocer la verdadera explotación laboral a que están sometidos los trabajadores, agudizada por las reformas que introdujo el Partido Popular cuando gobernó.

Resulta penoso comprobar que ni aún una militante del PCE, que ha conseguido un puesto de gobierno es capaz de saber defender su ideología y los objetivos de su partido. Esta conducta no corresponde a la que se debe exigir a un comunista, y en otros tiempos -aquellos en que el Partido Comunista conquistó la enorme fuerza y prestigio de que dispuso-  los dirigentes de este habrían sometido a dura crítica la respuesta de la ministra, si es que a algún comunista se le hubiese ocurrido el despropósito de la señora Díaz.

Este es un ejemplo más de cómo el Partido Comunista, en este año en que cumple un siglo de su fundación, ha perdido su ideología, sus principios y sus objetivos, por los que miles de militantes, mujeres y hombres, entregaron su libertad y hasta su vida. La burla que supone para todos los que nos alineamos en el marxismo, que una de sus máximas dirigentes, que ha alcanzado un puesto de poder en este gobierno liberal del PSOE, rechace como una tontería hacer un análisis marxista de las relaciones laborales, es muy difícil de digerir.

También resulta decepcionante comprobar que desde ningún medio de comunicación, ni comentaristas ni politólogos, se han pronunciado las fuerzas de “izquierda” sobre la declaración de la ministra. En cambio, los tertulianos y políticos que opinan en varias radios y televisiones  de la derecha no escatiman elogios hacia ella, alabando su inteligencia como mostró al aceptar alegremente el informe del Banco de España que se mostraba contrario a la subida del salario mínimo interprofesional, porque, como decía el comentarista, lo peor que puede hacer es enfrentarse a los bancos.

Y a la patronal, añado yo. Si en vez de apartar de sí el término marxista con un manotazo, como hizo el lunes, Yolanda Díaz le hubiera dado una clase de marxismo al señor Garamendi y se hubiese ratificado en su ideología comunista se hubiese enajenado la simpatía del empresario, y eso no le conviene. Los elogios que recibe la ministra vienen precisamente de su connivencia con la patronal. Cuando algún político de izquierda es considerado hábil e inteligente  porque llega a acuerdos con la oposición o con la CEOE es porque está cediendo continuamente ante esta.

Ese será el éxito de la señora Díaz cuando se firme la nueva ley laboral, haber sabido aceptar las órdenes del señor Garamendi, pareciendo mantener su postura  de política ”comunista”, e incluso de negociadora dura, “mano de hierro con guante de seda”, como algún adulador la define.

Veremos en qué queda la tan esperada ley de reforma laboral y también cuál será el próximo acomodo de Yolanda Díaz, después de su salida de IU,  que en el acogedor ambiente del PSOE puede encontrar.

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