Debate electoral: las dos caras del sistema

Hace unas horas se celebró el segundo, parece ser el último, debate electoral de la campaña en EE. UU. El lugar elegido era la Universidad Privada y cristiana de Belmont, en Tennessee.

Un debate menos visceral en la formas que el anterior, dónde la moderadora supo jugar mejor su papel, aún con los intentos fallidos de provocación de Trump. Desde el punto de vista de la oratoria y la retórica, que se pediría en un evento de estas características, ha brillado por su ausencia. Un ejemplo de política espectáculo, dónde premia más el colocar un eslogan que el explicar un programa.

Esta antipolítica que se ha convertido en un escenario común para muchos países, hace que la desafección siga creciendo y cuando la desafección gana, la indignación crece.

Todo esto sumado a la continúa dejación de funciones, por las fuerzas que se entienden deben estar conectadas con las clases populares, hace que como comúnmente se dice, el explotado crea que el exportador es bueno.

Gracias a esto y a la endogamia política del llamado establishment fue posible que un candidato profundamente reaccionario pudiera llegar al poder. El hecho de hacerse con los llamados cinturones industriales, tal y como ocurrió en los últimos comicios presidenciales explican muy bien la situación.

El Partido Demócrata a lo largo de los años ha ido asentándose en ese arquetipo de izquierda pija que mira por encima y solo reparte migajas. Un partido que ha perdido ya dos oportunidades de intentar retomar los lazos con estas clases. Con esto no digo que medidas, como el Obamacare no sean buenas, sino que son insuficientes.

Se ha visto claramente como dicho partido ha intentado y conseguido con todos los medios posibles que posturas más sociales no logren llegar a la cúspide. Sectores e ideas como las que representan Bernie Sanders y Alexandira Ocasio- Cortez conectan mejor con esos valores de clase que dan mejor resultado en los territorios con más población obrera. Estos, sin ser precisamente socialistas ni comunistas, han sabido acumular una masa de clases populares que dan algo de aire fresco al partido.

Estos sectores a los que se les ha ido abandonando son claves en una elecciones. Cuando sientes que tus supuestos representantes te defraudan, la indignación crece. Si no se les presenta un programa claro y se cumple se corre el riesgo de perder su apoyo.

El debate ha dado poco de sí. Diferencias en torno a política nacional, sin ser tan significativas como para ver un cambio de sistema. En política internacional es evidente que los dos siguen estancandos en una mirada imperialista del mundo. Existe poco respeto hacia la soberanía de las naciones.

En definitiva, se puede apreciar en la sociedad de EE. UU el desapego ante el Gobierno del actual presidente. Varias son las crisis que él mismo incluso ha estallado y varios son los grupos que le apoyaron, creyendo en un cambio contra el establishment y a los que ha defraudado. La pregunta sería si esta desafección será suficiente para hacer ganar a un candidato que no despierta apoyos fervorosos y que se puede apreciar como una continuación de dicho establishment.

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