No es lo mismo (Falsas equivalencias, capítulo I)

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En las últimas semanas todos hemos quedado sobrecogidos e indignados por la trágica muerte del afroamericano George Floyd a consecuencia de los abusos de fuerza de cuatro policías blancos. La reacción de lógica indignación que siguió a este crimen ha prendido por lugares tan remotos como Australia, incluyendo, por qué no decirlo, a bastantes sectores de ese activismo descerebrado y absurdo que suele acabar dirigiendo sus iras contra el sujeto equivocado.

ABC intentando crear la fsalsa equivalencia de Hernández Galiano con George Floyd.

Pero ¿han oído ustedes en algún momento el nombre de Hánsel Ernesto Hernández Galiano? Resulta que en esa Cuba que exhibe tan a menudo la «superioridad moral de la izquierda», un afrocubano murió a manos de la policía el 24 de junio. El gobierno de la isla ocultó el hecho y emprendió una brutal cruzada contra todo el que trataba de informar del mismo. Salvo en algunos pocos medios, casi todos de derechas, «el George Floyd cubano» ha pasado de puntillas por la información.

¿Saben por qué? Yo se lo diré: porque no existe tal cosa como «el George Floyd cubano». A pesar de los esfuerzos de las redes de la derecha mundial por crear un equivalente de izquierdas al enésimo abuso racial de la policía estadounidense, lo único que hace sospechar que Hernández Galiano murió por abusos policiales es que así lo dicen ONGs de dudosa catadura con un largo historial de servilismo hacia el aparato propagandístico imperialista, y varios dirigentes de ese conglomerado conocido como disidencia cubana. La versión oficial, que ciertamente podría ser incompleta o poco detallada, lo que recoge es que un individuo de raza negra con varios antecedentes delictivos previos murió en un enfrentamiento con los cuerpos de orden cubanos. Se puede reprochar, si se quiere, lo escueto de la explicación, la falta de detalles del enfrentamiento, pero no aparece por ningún lado ni un testigo, ni un indicio concluyente, salvo las palabras de esos «disidentes», que en muchos casos no vieron la escena, que permita sospechar que cuatro sádicos y morbosos policías y militares acribillaron por la espalda por placer a un joven negro. El mismo reportaje de ABC del que he extraído la captura no indica nada al respecto, aquí pueden verlo. Todo lo contrario del ensañamiento de los agentes de Mineápolis mientras su víctima suplicaba, que todos hemos visto grabado en video, y que después hemos sabido que habían sido aconsejados para aplicar. Respecto a la supuesta censura posterior, es lógico que en cualquier país se produzcan detenciones y registros si varios grupúsculos enemigos declarados del estado anuncian su intención de convocar concentraciones y actos no autorizados contra el gobierno, máxime si estos grupúsculos ya tienen un enorme cúmulo de acciones violentas a sus espaldas. Por último, aun en el caso de haber tenido Cuba un caso de abuso policial, que podría ocurrir, ningún país está libre de ello, no hubiera sido comparable un único caso a la interminable lista que desde los sesenta padece en los EEUU toda la población desfavorecida, no solo los afroamericanos.

De todas maneras en esta columna sí que vamos a extraer conclusiones de la muerte del «George Floyd cubano», a saber:

1) La muerte de George Floyd, el auténtico, ha perturbado lo suficiente a la maquinaria de la derecha mundial para emprender actos de propaganda que intenten, de momento sin conseguirlo, hacer olvidar o diluir el acontecimiento. Eso debería darnos esperanzas, quiere decir que realmente les ha preocupado que se ponga de manifiesto el racismo institucional que lleva décadas incrustado en el país que habitualmente la publicidad y la economía liberal exhibían como modelo. Si ellos mismos perciben este peligro quiere decir que a lo mejor la posibilidad de mover el mundo en la dirección que nos gustaría no está tan lejana.

2) Sería deseable que la reacción por dicho crimen fuera llevada con mayor inteligencia que la que han demostrado los pijiprogres posmodernos que han decidido descargar su ira sobre estatuas que representan personajes de otros tiempos con otras sociedades. Desde luego esos actos de vandalismo, que a la hora de la verdad no cambian nada, han permitido respirar al aparato represivo y propagandístico del sistema americano de muchas maneras: en primer lugar han desviado el peligro y la acción de dicho movimiento de los responsables últimos de esa situación. En segundo, les ha dado una imagen negativa para exhibir como contraejemplo. Ahora, en un nuevo movimiento, el enorme poder mediático del capitalismo mundial, del cual los EEUU son el brazo armado, está intentando que los progres activistas a ultranza reaccionen no contra los responsables del racismo y clasismo sistémico, sino de hecho, contra los adversarios de este.

3) Este es un ejemplo actual de una constante en la propaganda derechista internacional desde el final de la Segunda Guerra mundial: lo que siempre intenta el relato de derechas es hacer de menos a la izquierda… ¡equiparándola a ellos! ¿Nunca han oído a los propagandistas de derechas quejarse de que se perciba una «superioridad moral de la izquierda nunca confirmada»? A continuación intentan equiparar la URSS a la Alemania nazi, al Frente Popular con golpismo de Franco durante la Guerra Civil, a Pinochet con Castro, etc. En realidad, si lo único que intentan es equipararse, son los propios voceros de la derecha los primeros en tener complejo de inferioridad moral.

A la izquierda, manifestación de las víctimas de la estafa inmobiliaria en casa de la vicepresidenta Soraya Saenz de Santamaría en 2013. A la derecha la extrema derecha acosando la casa de Pablo Iglesias.

Próximamente en una serie de diversos artículos analizaremos estas falsas equivalencias. Hoy empezamos con las dos que están de actualidad, «el George Floyd cubano»… y concluiremos hablando de otra que también se está desarrollando justo ahora, esta aquí, en España. No sé si se habrán enterado de que pijos desocupados y grupúsculos de extrema derecha llevan más de un mes asediando y amenazando la casa del vicepresidente del gobierno Pablo Iglesias. No sé si se habrán enterado, básicamente, porque en los medios mayoritarios este acoso casi no aparece y cuando aparece es para intentar equipararlo al escrache que la Plataforma de Afectados por la Hipoteca hizo a Soraya Saenz de Santamaría en 2013. Pues empecemos la labor de desmentir esas falsas equivalencias: lean bien, queridos liberales constitucionalistas de extremo centro-derecha, no es lo mismo. No es lo mismo manifestarse durante dos horas exigiendo justicia para las víctimas de la colosal estafa inmobiliaria que se desarrolló en este país durante años y pegar pegatinas en la puerta de los responsables que que personajes y grupos con una trayectoria conocida de desmanes fascistas lleven más de un mes rodeando la casa del vicepresidente del gobierno clamando por… Ehhhhhh… Esteeeeeeee…Déjenme que piense… Bueno, lo que sea que piden, que por lo visto tiene mucho que ver con los símbolos nacionales y con el hecho de que no les gusta el gobierno electo.

Estos dos acontecimientos son los que trato hoy por estarse desarrollando justo ahora, pero como les digo, volveremos sobre estas falsas equivalencias en futuros artículos.

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