Refugiados de usar y tirar

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La crisis de los refugiados en la frontera de Turquía con Grecia nos demuestra hasta dónde se está dispuesto a llegar para conseguir objetivos. Esa frontera es la vergüenza de Occidente y evidencia la crueldad de Turquía. Lo que allí sucede es indigno, un parche negro en nuestra civilización que certifica el perverso sistema capitalista, clasista y belicista en el que vivimos y en el que muchos quieren que permanezcamos. Son elementos que salen a la luz en este limbo entre Europa y Asia y que no son más que otra de las oscuras maquinarias que forman parte de una guerra sucia en Oriente Medio en el marco de un tablero geopolítico mundial. El uso de refugiados para intereses propios.

Quién iba a imaginar que alentar y provocar una guerra inmoral, entrenando, armando y financiando al terrorismo internacional más fundamentalista, sanguinario e inhumano, con el fin de doblegar y derrocar a un presidente mediante la destrucción de un país soberano y no alienado que con ayuda de sus aliados se defiende combatiendo todo tipo de ataques militares, económicos y mediáticos, quién iba a imaginar que todo esto provocaría olas y olas de refugiados. Quién iba a imaginar que Turquía, miembro de la OTAN y patrocinadora del terrorismo islamista en el conflicto sirio, iba a gestionar refugiados a cambio de ingentes cantidades de dinero de la Unión Europea que, de esta manera, se desentiende y se lava las manos ante un problema de cual es responsable. Quién iba a pensar que el megalómano criminal Erdoğan usaría a los refugiados como moneda de cambio para chantajear a Europa y conseguir apoyo político, económico y militar. Muchos lo imaginábamos. Y avisamos.

Todos esos que ahora, justo ahora, denuncian esta crisis migratoria  pero que desde siempre apoyaron una falsa revolución primaveral promovida por la OTAN en Siria, todos ellos son cómplices y responsables del sufrimiento del pueblo sirio. Igualmente pasó en Libia. Y ese “todos” engloba elementos heterogéneos de muchos ámbitos, desde el personal o el periodístico hasta el político, el activista o el humanitario. Muchos han hecho algún tipo de negocio o han sacado algún tipo de beneficio con el drama de los refugiados y ahora lloran como cocodrilos. Como ya ocurrió en 2015 y como, desgraciadamente, ocurrirá otra vez más cuando se olvide esta nueva crisis de 2020 y las nuevas sumas de dinero que se concedan a Turquía no sean suficientes para lograr los objetivos de un presidente con aires de sultán otomano.

Por supuesto que en toda guerra los distintos bandos, en su lucha, acaban con la vida de civiles y provocan la huida de otros tantos, todos los conflictos armados de larga duración provocan refugiados en el exterior, en las fronteras y en el interior. Es una guerra, no una partida de paintball. Pero es muy importante tener claro qué defiende y por qué lucha cada una de las partes beligerantes, en este caso encontramos un agresor impulsado desde el exterior y un agredido que defiende su territorio y a su pueblo. Y sí, en una guerra pagan con su vida inocentes y otros tantos se convierten en desplazados, pero es importante saber qué parte es la que defiende las vidas de esos inocentes en su objetivo de que todos los desplazados vuelvan a su hogares y qué parte quieren condenarlas a la muerte, ya sea literal o en vida.

Los medios hegemónicos, políticos occidentales y entes “humanitarios” culpan principalmente a Siria y Rusia de la crisis migratoria, personificando su denuncia en Bashar al-Assad y Putin, principalmente porque ambos son el enemigo a batir para los intereses de quienes iniciaron el conflicto. Quizás la novedad ahora es la suma de Recep Tayyip Erdoğan. Ahora, tras casi 9 años en los que el gobierno turco lleva alimentando y protegiendo el terrorismo más integrista. Ahora que Turquía utiliza a los refugiados para presionar a la Unión Europea y lograr sus fines. Ahora, porque hace cuatro años parece que Erdoğan hacía un favor a Europa al contener a los refugiados y ocuparse de ellos a cambio de 3000 millones de euros tras llegar al acuerdo recogido en la Declaración UE-Turquía del 18 de marzo de 2016. No tengo duda de que entre bastidores también se trató el debate sobre la integración de Turquía en la Unión Europea. Por lo tanto, desde 2016 Turquía impedía la entrada de inmigrantes a Europa y los hacinaba en infames campos de refugiados donde a nadie le importaba qué pudiera ocurrir. Ahora ya no, ahora el presidente turco es parte de la causa. Ahora que azuza a la policía y a sus militares para que obliguen violentamente a los refugiados a apelotonarse como animales en la frontera mientras grupos neonazis esperan en Grecia para “recibirlos” si consiguen pasar la frontera y al mismo tiempo  la policía griega los gasea en la distancia para que no crucen su línea. Las fuerzas del orden turcas y griegas aprietan y los fascistas esperan. Ahora señalan a Erdoğan, es culpable hasta que vuelvan a ofrecerle más dinero o alguna concesión más y éste vuelva a apiñar seres humanos e algún lugar del territorio turco. También se señala a la Unión Europea, pero por no dar una solución a la crisis migratoria que preocupa a Europa y no por ser responsable de los conflictos que los provocan.

Sin embargo, cuando se refieren a Siria y Rusia y con respecto a los refugiados, no hay dudas de su implicación directa en la crisis. Nunca mencionan esos miles de refugiados que han vuelto a sus hogares en cada aldea, en cada pueblo y en cada ciudad que ha sido liberada por el Ejército Árabe Sirio y sus aliados, 2 millones según datos de 2019. Eso no te lo van a contar, porque no ganan nada con ello, al contrario. Al enemigo ni agua.

Recordemos que antes del conflicto sirio, Siria era el país que más refugiados acogía de todo Oriente Medio, ahora es uno de los países que más refugiados exporta. Y esto tiene responsables, porque todos esos refugiados sirios que salen en televisión y que nos encogen el alma no existían antes de la injerencia extranjera y la agresión terrorista internacional en el país árabe. A día de hoy son portada de todos los periódicos y abren todos los telediarios como ya ocurrió en 2015. El momento en que los refugiados vuelven a la palestra no es casual, los refugiados en zona turca como elemento mediático coincide con dos acontecimientos clave en los que el terrorismo sufre un duro golpe, en 2015 con la entrada militar de Rusia en Siria por petición del país árabe y tras ser aprobado por el Parlamento sirio. Y ahora en 2020 con la inminente derrota del terrorismo en el último bastión yihadista de Idlib. Golpes al terrorismo que propaga Erdoğan, el mismo dirigente que maneja a los refugiados a su antojo. Los refugiados se transforman así en marionetas de un drama teatral muy siniestro, son carne de propaganda que sólo preocupan cuando interesa o cuando suponen un problema real para la UE. Nadie se acuerda de ellos cuando no salen en los medios. Dejan de existir hasta resurgir como ave fénix cuando a quien le interese lo vea conveniente para su provecho.

Los refugiados merecen dignidad, nuestra solidaridad y humanidad, pero también merecen que se luche contra los verdaderos responsables de su situación. Responsables que no vacilarán en actuar  para su beneficio aunque ello conlleve el aumento de más refugiados. Hay que posicionarse y señalar culpables, sin manipulación y sin titubeos. Muchos que hoy se lamentan por los migrantes estuvieron de acuerdo con las intervenciones que provocaron el drama migratorio. Un gran número de refugiados en Oriente Medio proceden de países como Afganistán, Iraq, Yemen, Palestina o Siria, países que han sido destruidos por la OTAN, EE.UU. y la Unión Europea, o que sufren el yugo de Turquía, las petro-dictaduras del golfo o la entidad sionista de ocupación Israel. Los refugiados no se crean por combustión espontánea. Se ocultan las verdaderas causas y se exponen otras sesgadas.

Y no, no todos los refugiados que proceden de la República Árabe Siria tienen un recorrido limpio, todos recordamos a esos terroristas o simpatizantes de Daesh/ISIS y al-Qaeda que tras la derrota mutaron a refugiados. La frontera entre Turquía y Siria ha sido un coladero de yihadistas desde el comienzo del conflicto. De hecho, en territorio turco cerca de la frontera con Siria es donde se encontraban los campos de entrenamiento para los terroristas “rebeldes” que actuaban en Siria y que tras su derrota vuelven a Turquía. Pero decir todo esto es moralmente incorrecto para algunos. No se trata de estigmatizar a todos los refugiados, todo lo contrario, se trata de contar todo lo que sucede y no se cuenta en la frontera turco-siria y por extensión a la greco-turca, una frontera de la OTAN.

La excepción en todo esto la tienen los niños, ellos son sin distinción las mayores víctimas de tal catástrofe. Y los que tratan de sacar partido al drama lo saben, y es por eso que los usan para manipular las emociones humanas, es su principal función. Si hay un menor la campaña mediática va a funcionar, y si luego se demuestra ser falso o erróneo ya habrá calado en la opinión pública. Ya lo vivimos con la manipulación que se hizo con Omran Daqneesh o Hasan Diab, la propaganda de Bana al-Abed o con la utilización del cadáver de Aylan Kurdi. Una falsificación de la tragedia que oculta una sombría realidad, una adulteración utilizada para fines geopolíticos, militares, económicos y propagandísticos.

La solución al problema de las personas migrantes y refugiadas pasa por poner fin a la ocupación turca en el norte de Siria, pasa por el fin del apoyo al terrorismo “rebelde” en Siria y pasa por respaldar a Siria en su lucha contra el terrorismo internacional respetando su soberanía. Pasa por dejar de arrasar países para conseguir rédito en nombre de la democracia. Pasa por dejar de apoyar a criminales de guerra que se dedican a la ocupación de tierras ajenas. Mientras tanto, la Unión Europea debe cumplir con sus obligaciones con respecto a migrantes, refugiados y desplazados.

Se debe estar preparado para que las emociones ante este despreciable drama humanitario donde siempre pagan inocentes no nos ciegue para señalar y denunciar a los verdaderos responsables y culpables, esos que deberían ser juzgados y condenados por un tribunal.

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