Movimientos sociales fantasma

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Si hacemos memoria de los últimos días, seguramente dos acontecimientos nos acudan en seguida a la cabeza. Primero, la crisis desatada por el famoso bichito llegado de China. La segunda, la investigación de la justicia suiza en torno al anterior monarca de nuestro país. Pero han ocurrido otras cosas que han pasado más desapercibidas.

A lo largo de la semana, diversos colectivos que supuestamente enarbolan reivindicaciones sociales o políticas han hecho acto de presencia y de presión al gobierno de diferentes formas: asaltos al congreso por parte del ya conocido sindicato policial Jusapol y denuncias surrealistas de nuevos partidos que han aparecido en escena de la nada. Sin embargo, todos estos actos tienen un origen claro que, una vez más, los madrileños ya conocemos: la derecha crea continuamente movimientos reivindicativos fantasma con las causas más surrealistas. Se trata de dar la impresión de que existe una gran demanda social en asuntos que, realmente, sólo a los grupos de poder interesan.

Vamos a analizar estos casos uno por uno. Empecemos por la manifestación y casi asalto al Congreso de Jusapol. Este «sindicato» policial, a estas alturas, ya es bien conocido de todos. Supuestamente recoge un tremendo malestar popular por el inferior salario que cobran las fuerzas de seguridad del Estado en relación con los agentes de los cuerpos autonómicos. Pero tras esta reivindicación, quizás incluso lógica y justa, hemos ido conociendo que en realidad se ocultan los sectores más ultras y reaccionarios de Policía y Guardia Civil. No lo digo yo, lo dicen las propias asociaciones mayoritarias de los mencionados cuerpos. Sin embargo, han venido muy bien a la derecha para vender un problema que les quedaba lejos a la mayoría de los españoles. No hay más que seguir su recorrido. Cuando Ciudadanos era el primer intento de la derecha por recuperar la fuerza que iba perdiendo, hicieron campaña por Rivera y los suyos. Algunos medios incluso han publicado que fue el bufete del marido de la actual Vicealcaldesa de Madrid, Begoña Villacís quien elaboró su hoja de ruta. Aquí está la noticia. Ahora, caído Ciudadanos, han sido claramente absorbidos por Vox, la segunda oleada de la derecha en su intento por recuperar presencia. El día que rodearon el congreso no se contentaron con reivindicaciones salariales, lanzaron amenazas muy serias: Vais a tener guerra, dijo un miembro encapuchado de ese sindicato, añadiendo que ellos además eran los garantes del orden y que eso iba a durar mientras ellos quisieran. Enmascarado, por cierto, con la famosa máscara de Guy Fawkes que popularizó el cómic de Alan Moore V de vendeta, y que se ha convertido en un símbolo subversivo.

Pasemos ahora al desconocido Patido Laócrata, que se está haciendo un hueco en la escena nacional a base de tomar el relevo de asociaciones como Ausbanc y Manos Limpias. Este partido, si es que es tal, se define —como casi todas las asociaciones fantasma de derechas— como apolítico y centrado en la libertad política colectiva, la división e independencia de poderes, la libertad de prensa y la representación política. Su fundador, un ex del PSOE llamado Sergio Cebolla, dijo en su cuenta de twiter hace poco que «Uno de los problemas de este país son las buscadas posturas ideologizadas y enfrentadas, —si no piensas como yo, eres un fascista o un populista—. Conmigo no cuenten. Sencillismo y sentido común. Laócratas ». Bueno, pues este grupúsculo ya se ha distinguido por poner dos querellas al más puro estilo Manos Limpias, una contra el ministro de fomento Ábalos por el famoso asunto del viaje de Delcy Rodríguez, como pueden ver en este enlace, y esta semana por supuesta prevaricación de Pedro Sánchez y Pablo Iglesias en la comisión de control del CNI, que tienen aquí.

No sé si a estas alturas ustedes conocen ya el término anglosajón lawfare. Es un derivado de los términos law —ley— y warfare —táctica de guerra—. Es una estrategia que ha usado varias veces la derecha latinoamericana, y consiste en obstaculizar por medio de la justicia cualquier decisión de un gobierno que no les guste, para provocar malestar y desestabilización. El caso reciente más sonado ha sido el de Brasil, con su acoso permanente por medio de los jueces al gobierno de Lula, y la posterior llegada al poder de Bolsonaro. En España, la extrema derecha tenía hasta ahora a Manos Limpias para judicializar todo aquello que pudiera molestar a los poderes fácticos. Desmantelada esta, parece que este partido tomará el relevo, ahora que ha llegado al poder un gobierno donde hay algún leve resquicio que no controlan las élites financieras. Curioso cuando, como hemos dicho, este colectivo pregona como una de sus líneas directrices la separación e independencia de poderes.

Como les decía, los madrileños ya experimentamos a estos grupúsculos fantasma durante el gobierno municipal de Manuela Carmena: aparecieron asociaciones surrealistas por todas partes. La más relevante la Plataforma de afectados por Madrid Central, muy beligerante contra el gobierno de Ahora Madrid, pero que tras la victoria de Almeida solo necesitó cinco días para aceptar que este incumpliera su promesa clave de campaña y el plan de restricciones al tráfico siguiera con algún ajuste. Aquí lo tienen.

De modo que ya lo saben: cuidado con los movimientos sociales fantasma de derechas. En esta legislatura aparecerán como hongos. Acabando con esto, por cierto, me plantea muchas dudas esa supuesta organización juvenil de izquierdas, Frente Obrero, que este miércoles reventó un acto de Pablo Iglesias en la Universidad Complutense. Pero de momento no los conozco lo suficiente para incluirlos en este artículo.

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