Los villanos de Madrid ante la cumbre del clima

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Escribo este artículo con retraso sobre el momento en que me había propuesto entregarlo. La razón es que en la Cumbre Climática de Madrid, la llamada COP 25, se han demorado las conclusiones un día y medio. Como ven en esta foto que he sacado esta tarde, no han sido muy escrupulosos con sus intenciones declaradas, no.

Uno de los objetivos que me propuse al aceptar este espacio en el diario El Común era mostrar con más perspectiva ciertos aspectos sobre la actualidad, que en nuestra querida Villa de Madrid vemos de primera mano debido a su condición de capital de un país del llamado primer mundo. Este tipo de actos, donde supuestamente se buscan soluciones a problemas de toda índole por parte de los poderes mundiales, son una de esos acontecimientos que tenemos más al alcance que los habitantes de otros lugares. Me temo que lo será aún más en el futuro inmediato, puesto que uno de esos siniestros lobbys empresariales, dedicado en este caso al turismo, acaba de coronarnos con el enésimo de sus grotescos premios como La Mejor Ciudad Del Mundo Para Organizar Congresos, Reuniones Y Conferencias. En mi opinión deberían haber esperado ―al menos― a que la Cumbre transcurriera íntegramente para hablar con una visión completa.

Parece una broma después de lo ocurrido ¿verdad?

Lo primero que debo decirles, es que en el ambiente general de la ciudad no se ha notado ningún cambio. Los madrileños hemos seguido cumpliendo nuestras tareas, dándonos ya algún capricho propio de la cercanía de la navidad si el bolsillo lo permitía, y comentando la iluminación y la publicidad navideñas de La Villa. Otra cosa ha sido al encender la televisión o conectarnos a las redes sociales, donde se hablaba mucho de nuestra ciudad y de quién intervenía cada día. Aquí llegó el primer motivo para que este villano de Madrid denueste esta cumbre: el mismo día 2 de diciembre, cuando se abría el sarao, la eléctrica Endesa, catalogada varias veces como el principal contaminante de España, se compró las portadas de todos los diarios nacionales para presumir de su compromiso con el medio ambiente. Esta tónica duró todos los días de la cumbre, con las noticias que nos llegaban patrocinadas, cuando no protagonizadas, precisamente por los principales responsables del problema que se quería paliar, el calentamiento global.

Voy a usar esta expresión, calentamiento global, porque era el primer término con el que los científicos llamaron a este fenómeno. Es un hecho bien conocido y documentado, que este mismo lobby invirtió en su día una gran cantidad de dinero y medios para que se adoptara cambio climático, que es la expresión que se oye en nuestros días más a menudo al hablar de ello, dado que opinaban que calentamiento global sonaba más fuerte y perjudicaba sus intereses al crear alarma sobre el mencionado proceso. Ahora que se ve que ya han calculado que la preocupación medioambiental tiene más valor como marca, quieren dar otro giro y hablar, de modo aún más alarmista, de emergencia climática. Creo que hablando en los términos reales, no en neo-lengua, será más fácil abordar con una visión lógica esta o cualquier otra lacra.

Como era de esperar, la gran estrella ha sido la niña activista sueca Greta Thunberg, a la cuál me sorprendió ver rodeada de semejante dispositivo de seguridad. ¡Ay, la pequeña Greta! Todos los millonarios y poderes fácticos se han querido apuntar el tanto de apoyar a esta joven idealista escandinava. Empezó el presidente en funciones de nuestro gobierno ofreciéndose a organizar su viaje, que no podía ser en avión, aunque supusiera cruzar el Atlántico, ya que Greta no quería contaminar. Al final fue un «altruista» matrimonio de millonarios neozelandeses el que la trajo «desinteresadamente» en catamarán. Uno puede imaginarse que si todos los poderes fácticos la promocionan de ese modo y da discursos en un acto donde son protagonistas los grandes contaminantes, es que forma parte de una campaña para vendernos el capitalismo y el actual modelo de consumo como algo ecológico. Otra cosa es que Greta esté sinceramente preocupada por este problema, algo que no dudo y que me parece encomiable. No lo dudo, sobre todo, porque todos los millennials que conozco demuestran gran preocupación por ello. A fin de cuentas, por edad, son ellos quienes más van a sufrir los desastres que el calentamiento global traiga. Por ello aún me parece más abyecta su instrumentalización. Y más cuando he visto a tantos adultos resentidos, e inútiles de esos que sólo esperan que les den un objetivo para descargar la rabia que les produce su insignificancia, insultarla gravemente y ponerse de igual a igual con una menor que ni conocen. Entonces entendí el dispositivo de seguridad que la rodeaba.

En el aspecto institucional, como no podía ser de otra manera, hubo actos de desvergüenza política a todos los niveles. El primero lo protagonizó a escala local el alcalde de nuestra ciudad, José Luis Martínez-Almeida, cuando los madrileños lo vimos con toda su durísima cara (no voy aquí a reproducir el mote popular relativo a su rostro), colgarse la medalla ante representantes internacionales de ser «el primer alcalde que aplica íntegramente Madrid Central» (sic). Cuando hizo la promesa de revertir esta medida el punto central de su programa. Un cambio que el anterior ayuntamiento, que tan mal final tuvo,pero también dejó algún punto positivo, logró sacar adelante entre los berridos que suelta la derecha por cualquier avance, y que ha demostrado ya su eficacia. Ahora llega la segunda parte de este ciclo perpetuo, donde una vez consolidado el paso adelante, la derecha se adjudica el mérito de haberlo conseguido.

En el escalón político autonómico, me dio mucha vergüenza ajena ver a Ciudadanos y Vox, los dos partidos que han inflado las élites nacionales en su intento de crear un Podemos de derechas, buscar el voto de los resentidos de los que antes hablaba compitiendo a ver quién decía la mayor burrada de Greta Thunberg. Algo que no es extraño, ya que a nivel planetario, el principal de esos políticos histriónicos muy de derechas que están de moda ahora, Donald Trump, se ha dedicado en los últimos días a ridiculizar e insultar en twitter a la menor.

Y a nivel nacional, el propio Presidente del Gobierno en funciones, Pedro Sánchez, se comportó de un modo muy servil y lacayuno cuando se arrastró vilmente ofreciendo Madrid para la cumbre. Por si lo han olvidado, esta cumbre iba a ser en Chile antes de que el presidente chileno Sebastián Piñera mutara en «Piñerochet» y reprimiera brutalmente las protestas de miles de chilenos contra el modelo económico neoliberal del país, el mismo que causa la mayor parte del calentamiento global, y que también era causa de sus penurias. Sánchez permitió con esto que las protestas del pueblo chileno no se vieran en los grandes medios, pero curiosamente, varios ministros de Piñera han hablado en la cumbre y han tenido su momento de visibilidad y de lavado de imagen. El favor prestado al orden económico internacional se lo agradecerán seguramente de algún modo las instituciones financieras mundiales, pero ni el pueblo chileno, ni los villanos de Madrid creo que lleguemos a sacar nada positivo de este gesto.

Por último, cabe comentar que una de las mayores sorpresas que me llevé con este evento fue conocer el menú de Can Roca que comieron los asistentes a este sarao. Esto me hizo recordar cómo satirizaba Francisco Ibáñez, el gran autor de cómic español que a muchos nos enseñó a leer, este tipo de eventos. Al final de este artículo lo tienen. Él ponía al Comité Olímpico, pero creo que sirve para esta cumbre. Ha confirmado aún más el acierto de Ibáñez el hecho de que estas luminarias mundiales se hayan permitido el lujo de alargar un día y medio su estancia en nuestra ciudad… llegando al final a lo que todos nos temíamos, ningún acuerdo concreto y promesas de que la siguiente cumbre será la buena, de verdad, en Glasgow arreglamos la «emergencia climática» (ahora la expresión es esta)

En resumen, que si esperamos que nuestros políticos y empresas resuelvan este problema, más vale que nos hagamos a la idea de vivir en el mundo de Mad Max. Por suerte hubo protestas de científicos y de grupos activistas que enfocaban el problema como de verdad se debía hacer, hablando de cambio de modelo y señalando a los responsables. Por supuesto fueron reprimidos. Si los millenials de los que hablé más arriba aún llegan a tener un planeta donde vivir será gracias a esa gente.

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