Nelson Mandela

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Nelson Rholihlahla Mandela

El derecho a la violencia, la apuesta por la reconciliación

Artículo escrito, junto a José Manuel Luque Gálvez (Pita) tras las muerte de Mandela (Madiba) el 5 de diciembre de 2013

«Durante toda mi vida me he dedicado a esta lucha del pueblo africano. He peleado contra la dominación blanca, y he peleado contra la dominación negra. He buscado el ideal de una sociedad libre y democrática, en la que todas las personas vivan juntas en armonía e igualdad de oportunidades. Es un ideal que espero poder vivir para ver realizado. Pero si es necesario, es un ideal por el cual estoy preparado para morir.»

(Nelson Mandela, en el cierre de su alegato ante la Suprema Corte en 1964)

Escribimos este artículo obligados por el ejercicio de manipulación, cuando no directas mentiras, realizado por la prensa oficial y su caterva de escribidores serviles acerca de la vida y trayectoria de Nelson Mandela.

Parecer ser que la grandeza de Mandela proviene, entera, de su renuncia a la violencia. Es más, parecer ser que renunció a ella pública y definitivamente. Es más, esa renuncia tiene fecha: el 11 de febrero de 1990. Y dos huevos duros: la organización guerrillera que él organizo no mató ni una mosca. En esta y en cualquier otra faceta de su vida para manipular a Mandela hay que esforzarse (y lo hacen) porque uno de sus valores fue la sinceridad. No ocultó sus defectos y sus errores y fue capaz, por ello, de transmitir confianza y seguridad a seguidores y detractores.

No solo no es cierto que su popularidad en Sudáfrica e internacional provenga  del momento o el hecho de renunciar al derecho de los pueblos oprimidos a levantarse contra el opresor, todo lo contrario.

Mandela y la transición sudafricana son un ejemplo de coraje y dignidad negándose de forma rotunda y permanente a reconocer la legitimidad del régimen del apartheid (“No somos libres para negociar, ni yo, ni el pueblo ni Ustedes”) y dentro de esa desligitimación estaba la negación del monopolio de la violencia y la firmeza en no renunciar al derecho a la lucha armada, incluso cuando dicha vía había sido desestimada como viable por el ANC y el mismo Mandela.

La posición de Mandela sobre el uso de la violencia no cambió, entró en ella cuando no le dejaron otra salida y salió de la misma en cuanto pudo organizar la victoria desde la presión y la negociación. Nunca fue inmune al dolor y la muerte de los otros y lo sintió sinceramente. Y fue impermeable al odio y la venganza. Sus enemigos, y De Klerk el primero de ellos, manifestaron en público el impacto que les produjo ese hombre que salió de 27 años en prisión sin rencor ni odio.

De la Matanza de Sharpeville al Acta de Pretoria

El 21 de marzo de 1960 se produce la matanza de Sharpeville, 69 personas entre ellos 10 niños son asesinados por la policía sudafricana. Este suceso condujo a las organizaciones donde militaba Mandela, el ANC y el SACP (Partido Comunista), a plantearse la necesidad de organizar la lucha armada. En palabras del propio Mandela:

“Estábamos en una situación en la que o aceptábamos un estado permanente de inferioridad o desafiábamos al Gobierno. Elegimos desafiar al Gobierno. Primero, violamos la ley evitando el recurso a la violencia. Cuando se legisló contra esto, y cuando el Gobierno recurrió a la fuerza para aplastar a la oposición a su política, sólo entonces decidimos responder a la violencia con violencia”.

Mandela se encarga, con otros, de la puesta en marcha, organización y apoyo internacional al Umkhonto we Sizwe, brazo armado de la Alianza por la Libertad. Su vinculación directa con el mismo continúa durante su encarcelamiento. El mismo Mandela reconoce su autobiografía, “El largo camino hacia la Libertad” su autorización a la acción armada con más daños colaterales civiles realizada por el Umkhonto: el ataque con coche bomba una instalación militar en Church Streeet , Pretoria en mayo de 1983.

Las consecuencias de esta acción, en una organización dedicada al sabotaje y el enfrentamiento militar que no causó más de 30 muertos civiles en 30 años de lucha intensificaron el proceso de abandono de la opción militar como factible.

En 1973 la ONU declara el apartheid crimen contra la humanidad pero el régimen sudafricano, policía zonal del Reino Unido y USA frente a la descolonización y el avance comunista continúa empecinado en su continuidad.

Fruto de la presión exterior y la movilización social interior en febrero del 85 Pieter Botha ofrece la libertad a Mandela con la sola condición de renunciar definitivamente a la lucha armada (y en la agenda oculta la ruptura con el SACP). Mandela se niega a rechazar públicamente el derecho a la lucha armada y a anunciar el abandono definitivo (igual que se niega a la ruptura de la alianza con los comunistas entre los que ya no se encuentra). En general niega la posibilidad de que se pueda llegar a ningún acuerdo si no desde la eliminación del apartheid, la libertad política y de los presos, la convocatoria de elecciones libres y el derecho de gobierno de la mayoría.

Mandela, que lleva 21 años encarcelado, se niega a salir de prisión si no es junto al resto de sus compañeros y la libertad de acción política del ANC y el SACP. Está en la lista de terroristas de los EE.UU de la cual no es borrado ¡hasta Julio de 2008!. Margaret Thatcher (1987) decía: “El CNA es una típica organización terrorista. El que crea que algún día gobernará Sudáfrica vive en un mundo de fantasía”. Otros diputados tories pedían directamente que Mandela fuera fusilado”.

Las negociaciones secretas entre el Gobierno y la ANC se plasman en el Acta de Pretoria (6 de agosto de 1990) donde a cambio de la restitución de las libertades políticas (entre ellas el Acta contra el Comunismo de 1950) y el acuerdo mutuo de disminuir la violencia política el ANC se compromete a “suspender con efecto inmediato toda acción armada”. Mandela ya ha sido liberado el 11 de febrero, después de sus compañeros y la derogación de las restricciones políticas al ANC, SACP y otros.

De la Libertad a la Presidencia de Sudáfrica 

El 11 de febrero de 1990 continúa el largo camino hacia la libertad. El gobierno sigue presionando hacia un sistema electoral que permita el veto blanco a las medidas de la nueva democracia, la violencia política no disminuye sino se dispara a manos de las fuerzas de seguridad del Estado sudafricano y el Inkhata, partido de la minoría Zulú jaleado cuando no armado por el mismo gobierno.

Mandela no cae en las provocaciones y llama a sus seguidores a “Tomad vuestras pistolas, vuestros cuchillos, vuestros machetes y arrojadlos al mar. Cerrad las fábricas de la muerte. Acabad con esta guerra ahora». El camino hacia la reconciliación nacional no va a tener retorno. Y se construye desde el ejemplo de un Mandela que no manifiesta el mínimo rencor, público o privado, a aquellos que lo han tenido en prisión 20 años, a aquellos que siguen oprimiendo y asesinando al pueblo.

“Nadie nace odiando a otra persona por el color de su piel, o su origen, o su religión. La gente tiene que aprender a odiar, y si ellos pueden aprender a odiar, también se les puede enseñar a amar, el amor llega más naturalmente al corazón humano que su contrario.”

El apartheid es eliminado el 17 de junio de 1991. Continuarán las negociaciones y Mandela seguirá negándose al repudio formal de la lucha armada (que han pausado y no vuelven a practicar) y a compromiso alguno fuera de la convocatoria electoral con la premisa un hombre/un voto. Accede a la Ley de Amnistía y el respeto a los contratos de los funcionarios. Las elecciones son convocadas sin que terminen las negociaciones. La reconciliación se realizará bajo el mandato del gobierno de la mayoría. El 26 de Abril de 1994 el ANC gana ampliamente las elecciones y Mandela se convierte en el primer Presidente de la Sudáfrica democrática, dotando al país de una Constitución avanzada democráticamente, un gobierno de transición con la presencia (tal como se comprometió) con todos los partidos que obtuvieron representación suficiente para fraguar la reconciliación. Reconciliación que no se realiza sobre el olvido y la impunidad de las víctimas. Encarga al Arzobispo Desmond Tutu la dirección de la Comisión de la Verdad y la Reconciliación. Perdón sí, olvido no. 

Está solo un mandato. La salud y el convencimiento de que su generación ha culminado su papel con la conquista de la libertad y la democracia. Pendiente quedaban la justicia social, la igualdad y la seguridad. Desafortunadamente siguen pendientes.

Sincero, indomable, conciliador, marxista, grande.

No puedo sino despedirlo como lo han hecho nuestros camaradas del Partido Comunista Sudafricano.

Camarada Mandela: 

¡Hamba kahle Mkhonto! (¡Que vayas bien, bravo guerrero!)

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Juan de Dios Villanueva
Juan de Dios Villanueva Generoso (Huelma). Andaluz de Jaén, sevillano por decisión congresual desde hace 30 años. Ahora comparte la vida en tres lugares, en Málaga con su pareja y la niña que me adoptó, en Sevilla con la militancia partidaria y el gato al que adoptó y en Huelma con su familia genética y política. Cuando aún no sabía si había superado la etapa de la adolescencia ejerció diversas responsabilidades en la Juventud Comunista: Secretario Provincial en Jaén, Secretario General en Andalucía, Responsable de Relaciones Internacionales en la UJCE. También, durante un tiempo, fue Vicepresidente del Consejo de la Juventud de Andalucía. En el partido en el que militó desde 1982, el PCE, ha sido Responsable de organización del PCA, Secretario Provincial de Sevilla, Vicesecretario General del PCA y Sec. Relaciones Internacionales del PCE. En el plano institucional, ha formado parte de varias candidaturas de IU (siempre en puestos de NO salida), en diversas convocatorias electorales y ha sido miembro del Consejo de Administración de la Radio Televisión Pública de Andalucía de 2012 a 2019. Ahora continúa su militancia, tiene más tiempo para pensar, lee y, a lo mejor, hasta escribe.

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