4 de Diciembre

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Cuarenta y dos años y la amnesia planificada son capaces casi de borrar, no ya una fecha, sino su significado histórico.

El 4 de diciembre de 1.977, millones de personas tomaron las calles de las ocho capitales, numerosas localidades del territorio andaluz y otras ciudades de distintos lugares del Estado (destacando Cataluña), para reivindicar la autonomía para Andalucía. El pueblo andaluz exigió su condición de Nacionalidad Histórica y esa reivindicación corrió como un torrente que desembocó en el 28 de febrero de 1.980 rompiendo el esquema diseñado en Madrid, y compartido por los nacionalismos vascos y catalanes, que consistía en “confederar el norte y regionalizar el sur”. Con ésta victoria se abrió la posibilidad a todos los territorios de España de optar a un autogobierno en igualdad de condiciones y, por tanto, de abrir en un futuro (que es nuestro presente), el debate sobre el Estado Federal.

No hay, por tanto, contradicción ni motivo para la polémica, entre una fecha y otra, sobre cuál es la más adecuada para considerarla como día de Andalucía. Sin el impulso del 4-D nunca se hubiese podido dar con tanta fuerza la batalla que desembocó en la victoria del 28-F y sin ésta victoria, la fecha  del 4-D hubiera quedado desdibujada en la historia.

En este contexto histórico, el asesinato en Málaga por una bala de la policía de Manuel José García Caparrós, militante de CC.OO., añadió al 4‐D la sangre derramada de un joven sindicalista. Este crimen no fue un hecho aislado, se suma, a los otros muchos que, entre 1976 y 1981, la llamada “modélica y pacífica transición”, fueron cometidos por grupos de la ultraderecha o de las propias fuerzas de orden público, y que nunca fueron investigados.

La lucha por la autonomía andaluza fue (y seguirá siendo) la lucha de la izquierda frente a la derecha. La historia de Andalucía, desde la segunda mitad del Siglo XIX, siempre se ha situado en el vórtice de la lucha de clases. Aquí no hubo ni hay una reivindicación independentista. En Andalucía el hecho diferencial siempre fue la reivindicación de la igualdad, la lucha por la tierra y el enfrentamiento con los que, dentro y fuera de la misma, impedían e impiden la consecución de ese objetivo. Andalucía es imprescindible para empujar, desde un proceso constituyente, en la transformación del conjunto de los pueblos de España, para construir un nuevo país. En ningún otro lugar del estado se da en la historia una conjunción tan natural entre las reivindicaciones de clase y las aspiraciones autonomistas, nacionales o como cada uno quiera llamarlas.

Todas éstas cosas las repite cada año, con insistencia martilleante, alguien como yo, que en aquel entonces tenía once años, que observaba quién, en su pueblo, pedía la autonomía y quien no lo hacía, que veía la bandera verdiblanca en las ventanas de los barrios humildes y a la “nacional” en los balcones de los pudientes de las calles del centro. Un alumno de EGB que aprendía de la profesora de religión (una monja cercana a la teología de la liberación), las sevillanas de la autonomía, el credo campesino y el himno de Andalucía.

Hoy, cuarenta años después de aquellos hechos, vuelven a sonar en nuestro país, en España, las voces del centralismo, las voces que quieren volver a enseñar la historia desde la uniformidad de un único libro, una sola religión y una sola lengua, y lo hacen desde el cinismo más burdo, en nombre de la “igualdad de todos los españoles”. A esta revivida falacia reaccionaria hay que confrontar con total contundencia, desde nuestros principios y desde los datos más elementales: NUNCA SUFRIÓ ANDALUCÍA (al igual que otros pueblos) MÁS DESIGUALDAD, MARGINACIÓN Y HUMILLACIÓN QUE CON EL ESTADO CENTRALISTA.

La crisis territorial que, como consecuencia del Procés, vive el Estado, más que como un problema insalvable, hay que verlo como oportunidad para abrir una nueva etapa. Hay que defender el ejercicio del Derecho de Autodeterminación como instrumento, desde la soberanía popular, de decisión de las relaciones con el Estado. Hay que reivindicar la República como forma de Estado en el que se reconozcan con comodidad todos los pueblos de esta “realidad plurinacional” o Nación de Naciones llamada España. Y en ese futuro, posiblemente más cercano de lo que imaginamos, Andalucía debe estar avanzando al mismo nivel que el resto.

                                         ¡VIVA ANDALUCÍA LIBRE!

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Juan de Dios Villanueva
Juan de Dios Villanueva Generoso (Huelma). Andaluz de Jaén, sevillano por decisión congresual desde hace 30 años. Ahora comparte la vida en tres lugares, en Málaga con su pareja y la niña que me adoptó, en Sevilla con la militancia partidaria y el gato al que adoptó y en Huelma con su familia genética y política. Cuando aún no sabía si había superado la etapa de la adolescencia ejerció diversas responsabilidades en la Juventud Comunista: Secretario Provincial en Jaén, Secretario General en Andalucía, Responsable de Relaciones Internacionales en la UJCE. También, durante un tiempo, fue Vicepresidente del Consejo de la Juventud de Andalucía. En el partido en el que militó desde 1982, el PCE, ha sido Responsable de organización del PCA, Secretario Provincial de Sevilla, Vicesecretario General del PCA y Sec. Relaciones Internacionales del PCE. En el plano institucional, ha formado parte de varias candidaturas de IU (siempre en puestos de NO salida), en diversas convocatorias electorales y ha sido miembro del Consejo de Administración de la Radio Televisión Pública de Andalucía de 2012 a 2019. Ahora continúa su militancia, tiene más tiempo para pensar, lee y, a lo mejor, hasta escribe.

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