Disidencia controlada por la UE: taxonomía de enredadores (1ª parte)

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Alexandre García Turcan

Hace un tiempo, en mi canal de Youtube “Artículo 50” hice una serie de vídeos en la que analizaba distintos perfiles de falsos disidentes, que yo calificaba de «topos», porque a mi colaboran, de una manera o de otra, con la ocupación que ejerce la Unión Europea sobre España. Los llamaba “topos” porque, según la RAE, un topo, aparte del mamífero ya conocido, es “persona que, infiltrada en una organización, actúa al servicio de otros”.

En aquellos vídeos explicaba que no es que exista una organización en la que estos sujetos estén infiltrados, pero de cara a una cierta audiencia gozan de un aura de “disidente” contra el régimen o statu quo establecido en España, cuando no pretenden ser “auténticos patriotas”. Pero, por alguna razón, siempre procuran evitar mencionar la cuestión de la pertenencia de España en la UE, como si esta cuestión no tuviera relevancia, cuando no abogan directamente por permanecer en la UE.

De ahí que los llamara “topos”, para expresar que son falsos disidentes que, de manera más o menos consciente, sirven a los intereses de la UE, e incluso los calificaba de colaboracionistas, comparándolos con el pétainismo. Ahora pienso que, en cuanto a la forma, era una afirmación fuerte. Ahora bien, en cuanto al fondo, sigo sosteniendo lo mismo: colaboran con la ocupación. Ciertamente, no están colaborando con la Alemania nazi (afortunadamente no estamos en esta situación), pero están colaborando con una entidad que ocupa y somete a España. Luego defender la pertenencia a esta institución tiránica que es la UE, es contribuir a alargar la servidumbre de España, y esto ha de ser denunciado.

Para un público inadvertido, puede resultar difícil identificar estos falsos disidentes, porque se presentan de muchas maneras distintas, algunas veces de manera muy sutil, inclusive presentándose como lo contrario de lo que son. Por eso, en aquella serie de vídeos había hecho una clasificación, una verdadera taxonomía de las distintas especies de topos, como si fueran subespecies de un mismo género.

Como ya dije anteriormente, llamarlos “topos” puede resultar excesivo, porque implicaría que hay, en todos los casos, una intencionalidad en colaborar con la UE, aún a sabiendas del daño que produce. Sería más aséptico decir simplemente que son inconsecuentes, porque su “disidencia” o su “patriotismos” son, cuanto menos, limitados. A veces será por ignorancia, en otras ocasiones será por un miedo infundado, a veces será por deshonestidad, y en otras se deberá a un interés pecuniario.

Pero sea cual sea el motivo, en todos los casos engañan y confunden a la gente, ofreciendo falsos diagnósticos y falsas soluciones, llevando  la gente hacia un callejón sin salida. Es por esto que finalmente he decidido llamarlos “enredadores”. Según la RAE, «enredar» significa «entretener, hacer perder el tiempo», y da como sinónimo de «enredador» los términos «liante, embaucador, intrigante, trapisondista», términos que los define a la perfección. Estos enredadores han de ser denunciados, y es lo que voy a hacer en este artículo. Son varias categorías de enredadores, que se dirigen a distintos públicos, cada uno con su propia maniobra de diversión. Por lo tanto, a continuación voy a ir listando y describiendo cada especie de enredador.

Para no hacerlo demasiado extenso, este artículo se dividirá en dos partes. La siguiente entrega se publicará en otro momento en El Común.

1. El enredador “cambiador de Europa”

El enredador «cambiador de Europa» es la especie más común que pulula en la naturaleza política, y su figura es transversal, pues abarca desde la extrema izquierda hasta la extrema derecha. Esta es, de hecho, una de las razones para cuestionar la validez del eje izquierda-derecha tal y como está definido actualmente.

Aunque pueda parecer paradójico, estos enredadores nunca están satisfechos con cómo está configurada la UE. Pero, por eso mismo, su propuesta es que haya «otra Europa», cosa que llevan repitiendo desde hace décadas, con un éxito equivalente a cero. En esta especie de enredadores encontramos especímenes abiertamente europeístas y otros más euroescépticos, pero todos tienen en común que son partidarios de la pertenencia de España a la UE. No obstante, tienen ojos en la cara y son mínimamente sensatos, luego es inevitable que no estén satisfechos con la actual UE.

Los que sean de extrema izquierda o comunistas hablarán de una «Europa de los trabajadores», lo que estén ubicados en las coordenadas de la socialdemocracia hablarán de una «Europa social», los que sean de extrema derecha hablarán de «una Europa de las patrias», y los que en general sean entusiastas de la construcción europea dirán que hace falta «más Europa», profundizando en el proceso de integración europea, con las sempiternas referencias a la «armonización fiscal» y la necesidad de un «presupuesto federal». Nótese que, de entrada, ni siquiera están de acuerdo con sus propios compatriotas sobre la Europa que quieren. Imaginen entonces cómo lograrán convencer a otros 26 gobiernos.

Y lo cierto es que todos hemos pasado por aquí, de una forma u otra. Sembrar la ilusión de puede haber «otra Europa» es algo admisible, y comprensible, durante un tiempo limitado. Pero cuando ya se sostiene esto durante varias décadas, aquí ya estamos hablando de una tomadura de pelo.

Lo he explicado muchas veces, pero lo vuelvo a explicar aquí: la reforma de los tratados europeos, en virtud del artículo 48 del TUE, exige la unanimidad de los 27 estados miembros. Esto hace que reformar la UE en un sentido contrario a lo que desea la oligarquía euro-atlantista es absolutamente imposible. Es incluso infinitamente más posible que se reforme la constitución de 1978 (cosa que ya es altamente improbable). Luego, no puede haber otra Europa.

Esto debería ser evidente después de 70 años de construcción europea y 35 años después de la firma del Tratado de Maastricht, por mera observación empírica. No vamos a entrar en este artículo sobre lo cuestionable de pertenecer, desde el punto de vista de los principios, a una estructura supranacional como es la UE, aun suponiendo que tuviese más ventajas que desventajas. La cuestión es que, por lo que he explicado, es imposible cambiar la UE. Nótese, además, que muchos de estos enredadores son eurodiputados, o son miembros de partidos políticos que quieren enviar eurodiputados a Bruselas. Con lo cual, para explicar este tipo de posicionamientos, en muchos casos hay que incluir un interés material, aunque en otros muchos parta de una buena intención. Pero se trataría de una buena intención cargada de mucha ingenuidad.

Sea cual sea la explicación, lo que proponen es llevar al pueblo español hacia un callejón sin salida, haciéndoles ver en el horizonte algo que nunca llegará, con el efecto, muy pernicioso, de hacer perder el tiempo durante décadas, con un resultado nulo, y con los sufrimientos que ello conlleva. Para unos ingenuos que acaban de llegar al mundo de la política, esto puede ser disculpable, pero para quienes ya están metidos en política desde hace décadas, aquí ya hablamos de una actitud criminal.

2. El enredador anti-imperialista

El aura de “disidente” de este enredador se fundamenta en que, en todos los puntos del globo en los que haya un conflicto en el que estén envueltos los Estados Unidos y/o sus aliados, sea bélico o simplemente político (respecto de Ucrania, Palestina, Siria, Irán, Venezuela, etc.), siempre tomará la posición correcta, al menos para exhibir el pedigrí de auténtico antiimperialista.

A veces son abiertamente putinianos, otras veces son simplemente comunistas o post-comunistas que denuncian al “ninismo trotskista” (cosa respecto de la cual no les quito la razón, por cierto), y en otras ocasiones son chavistas, castristas, o incluso de tercera posición. La cuestión es que lo crucial, para que puedan proyectar la condición de «disidentes», es que ellos se posicionen de forma impepinable contra el imperialismo estadounidense.

Y que nos se me malinterprete: no se pretende criticar eso, ni mucho menos. Al revés, es muy loable. Muy loable… excepto en el caso de algunos sujetos que, por alguna razón, no aplican ese antiimperialismo para la propia España. Pues su espíritu combativo contra el imperialismo encuentra pronto sus límites cuando se trata de la pertenencia a la UE, llegando incluso a afirmar que “España no puede salir de la UE” o simplemente limitándose a criticar las políticas de la UE, pero eludiendo sistemáticamente proponer la salida de la misma.

Cosa que es cuanto menos extraña, porque por lo general suelen ser admiradores de figuras revolucionarias como Fidel Castro (por dar un ejemplo), pero se quedan en eso, en una mera admiración, no habiendo una intención de imitar a figuras revolucionarias de este tipo. Sabiendo que no hablamos aquí de iniciar una guerra de guerrillas en Sierra Maestra, sino de salir de unos tratados europeos. Cosa que, ciertamente, tiene su complicación, pero no estamos hablando de tomar el Palacio de Invierno.

Luego, que no os engañen: pueden parecer valientes por sus posicionamientos respecto de la guerra de Ucrania, la guerra en Siria o la situación de Venezuela o Cuba, pero si este espíritu combativo no lo hacen extensivo a la propia España, ese aura de “disidencia contra el imperialismo” es puro postureo.

De hecho, esto no es nuevo, sino que ya lo había denunciado Rousseau en 1762 cuando decía en Emilio, o De la educación, decía lo siguiente: «Desconfiad de esos cosmopolitas que van a buscar lejos en sus libros los deberes que desdeñan cumplir a su alrededor. Tal filósofo ama a los tártaros para verse libre de amar a sus vecinos.»

Y no es que haya que elegir entre denunciar al imperialismo estadounidense fuera de las fronteras de España o defender solamente los intereses de España. No es así: se puede, y se debe, conjugar ambas cosas. Pero cuando uno es tan reivindicativo cuando se trata de la suerte de los tártaros, pero no tiene la misma actitud respecto de los habitantes de su propio país, hay motivos para desconfiar.

3. El enredador de extrema izquierda

A este enredador lo he denominado de “extrema izquierda”, por emplear un término que sirva de cajón de sastre. Esta especie se puede observar en sectores que generalmente provienen de la tradición marxista (aunque no exclusivamente). Podrán adoptar distintas formas, con variantes trotskistas, estalinistas, anarquistas, y en otros casos adoptarán la forma de izquierdistas sin una etiqueta ideológica muy definida, pero con una retórica «anticapitalista».

Como buenos revolucionarios de salón, estos enredadores objetarán, frente a los que defendemos la salida de la UE, que dicha salida no es la solución a los problemas, puesto que el problema se encuentra en “el capitalismo”, en términos abstractos. A partir de allí, lo más común es que digan que hace falta una revolución “a escala europea” (luego es muy habitual que esta especie se solape con la especie “cambiadora de Europa”), acusando a los que buscan la salida de España de la UE de “nacionalistas reaccionarios”.

Esto será así en la mayoría de los casos. En otros casos, afirmarán que están a favor de una “revolución socialista” en el plano nacional, pero pasarán de puntillas sobre el tema de la pertenencia a la UE, como si fuera un detalle baladí (por eso se solapan con otra especie, el enredador “diluyente”, que veremos después) o darán por hecho que su revolución incluirá naturalmente la salida de la UE “en tanto que estructura imperialista”, lo cual demuestra, a mi juicio, que no han entendido lo que es la UE, puesto que la UE no es una estructura imperialista, sino otra cosa (aunque explicar esto se sale del objeto de este artículo). Esto no les impide acusar a otros, que quieran salir de la UE, a su juicio reformistas, de pecar de “nacionalismo”. Pero estén a favor de una “revolución a escala europea”, o de una “revolución socialista” que en un primer momento se limitaría al territorio español, en ambos casos su labor es contrarrevolucionaria, puesto que relativizan la importancia del Spexit, y por lo tanto sabotean el Spexit.

Como decía antes, en la gran mayoría de los casos, estos sujetos de extrema izquierda, que supuestamente son anticapitalistas, entienden que no hay que salir de la UE porque esto iría en contra del “internacionalismo”, y acusarán de “reformistas” a los que somos soberanistas. El problema de este argumento es que estos pretendidos marxistas olvidan uno de los mantras clásicos del marxismo, que es aquello del “análisis concreto de la realidad concreta”. Y se da el hecho de que, en los países miembros de la UE, las políticas capitalistas, además en su versión más desregulada e ultra-liberal, se organizan precisamente a través de la UE, retirando a los pueblos la capacidad de decidir políticas que vayan en el sentido del socialismo y del comunismo.

Luego, por mucho que estos sujetos se auto-perciban como “revolucionarios”, de facto, al defender el mantenimiento de España en la UE, están defendiendo la estructura más ultra-capitalista que existe en el planeta, y, de hecho, fascista, si nos atenemos a una definición estricta de fascismo.

4. El enredador republicanista

Esta especie remite a un sujeto bastante común en nuestro país (de hecho es algo que no se ve prácticamente en ningún otro lugar del planeta) que es aquel que sostiene que el problema principal en España es la monarquía borbónica grabada a fuego en la Constitución de 1978. Y no se trata, efectivamente, de negar que el régimen del 78 sea un problema, porque, aunque formalmente haya supuesto la instauración de un régimen de libertades públicas en España, dicha Constitución garantiza que en España haya una “oligarquía de partidos” (como decía Antonio García-Trevijano) y no una verdadera democracia.

Aunque personalmente opino que la situación económica, sobre todo en los que las clases populares se refiere, sería algo mejor (tampoco mucho mejor) si España estuviese fuera de la UE, aun permaneciendo dentro del régimen del 78, una vez más, no se trata de negar que la Constitución del 78 sea un problema. Tanto la pertenencia a la UE como la Constitución del 78 son parte del problema, e incluso podríamos hasta afirmar que la Constitución del 78 es una reconfiguración institucional de España para asegurar su sometimiento a Bruselas, Berlín y Washington.

Pero cuando me refiero al enredador republicanista (de hecho son más “republicanistas” que republicanos, puesto que son unos fetichistas de la república burguesa), me refiero a al sujeto que afirma que, al ser España una República (algunos incluso plantean restablecer el orden jurídico imperante en España en 1931), automáticamente eso va a ser la piedra filosofal que arreglará todos los problemas.

Evidentemente, a los soberanistas se nos podrá hacer la misma crítica cuando planteamos la salida de la UE. La diferencia radica en el hecho de que no cesamos nunca de subrayar que la salida de la UE es una condición necesaria, pero no suficiente. En cambio, ellos son incapaces de articular un discurso, con propuestas claras, que haga ver de manera clara la relación de causa a efecto que habría entre el hecho de que España sea una República (algunos dirán incluso “popular”, sin especificar muy bien lo que significa eso) y una mejora de las condiciones de vida de los españoles.

Pero aunque tuvieran propuestas concretas, esto da igual, si el establecimiento de la III República no va acompañado de la salida de la UE. Se dan casos de activistas conocidos por enarbolar el eslogan “España será una democracia”, pero luego no proponen la salida de la UE. Y es que aunque España formalmente una “democracia”, si sigue perteneciendo a la UE, las grandes decisiones en materia de política económica y social, fiscal, monetaria, comercial, etc., seguirán estando tomadas en Bruselas, haciendo imposible que España pueda ser una democracia.

Luego, defender la República como solución a los problemas de España, por ser supuestamente un régimen que permitirá una “verdadera democracia”, eso es como montar una agencia de viajes dentro de una celda.

5. El enredador “patriota”

Este enredador es un sujeto que ha existido casi siempre, aunque históricamente ha sido una minoría dentro de la izquierda española, que tradicionalmente ha defendido el derecho de autodeterminación aplicado a ciertas regiones de España. Por eso históricamente se ha asociado más bien asociado a la derecha. Se caracteriza por mantener posiciones, llamemoslas “patriotas españolas”, por defender la integridad territorial de España y oponerse ferozmente a los separatismos periféricos.

Naturalmente, estos movimientos políticos, ya sean de izquierdas y derechas, se han visto fuertemente impulsados tras el intento de golpe de Estado en Cataluña el 1 de Octubre de 2017, como reacción contra el mismo. Y una vez más, no se trata de negar la validez de lo que afirman acerca de la conveniencia de mantener la unidad territorial de España. Se trata de señalar la incoherencia de estos sujetos, que hacen gala de un patriotismo que encuentra grandes limitaciones cuando se aborda el tema de la pertenencia de España a la Unión Europea.

Estos sujetos denuncian – y con razón – que no es inadmisible que se atente contra la soberanía nacional de España, cuando un grupo separatista convoca un referéndum ilegal e ilegítimo (luego, no democrático) en el que se pretende que la mitad de una región de España tome decisiones, por la vía de los hechos consumados, acerca del territorio que es de todos los españoles. Sin embargo, es cuanto menos curioso ver, por otra parte, que estos patriotas no denuncian de la misma manera el atentado brutal contra la soberanía nacional, infinitamente mayor, perpetrado por la Comisión Europea cuando toma decisiones que afectan a la vida de los españoles sin contar con su beneplácito y sin que haya sido sometido a debate en el Congreso de los Diputados.

Así, es cuanto menos llamativo que en su programa político defiendan cosas como “defender un Estado unitario, simétrico, igualitario y centralizado, organizado territorialmente con criterios racionales que respondan al bien común”, para acto seguido decir, respecto de la UE, que defienden “promover una Unión Europea realmente democrática y social, que defienda el interés público de la ciudadanía europea mediante una unión fiscal progresiva, fiscalidad armonizada y presupuesto común ambicioso”. Esto, sencillamente, sólo puede ser descrito como ser “fuerte con los débiles, débiles con los fuertes”.

En otros casos, serán incluso tan «patriotas» que se definirán como “nacionalistas” (en el sentido de que defienden un “nacionalismo político”) y reivindicarán con orgullo viejas glorias imperiales de España. Pero cuando se les habla de la necesidad de salir de la UE, de pronto su patriotismo se esfuma, y responden que España no puede salir de la UE, “porque nosotros solos no podemos”, y que ello sólo podrá efectuarse el día que haya “una plataforma intercontinental de impacto universal”, preferentemente iberófona, cuya existencia remiten a las calendas griegas.

Estos sujetos no han sido nombrados explícitamente, pero sabrán reconocerse.

6. El enredador de la Escuela de Oviedo

Cuando hablamos del enredador de la Escuela de Oviedo, hablamos de los seguidores y discípulos del filósofo español Gustavo Bueno, motivo por el cual también se les podría denominar “gustavobuenistas”. No se trata de poner en tela de juicio toda la obra de Gustavo Bueno, sino de señalar una incoherencia por parte de estos sujetos, que tienen puntos de conexión con el enredador de tipo “patriota”.

En efecto, estos discípulos de Gustavo Bueno se muestran como patriotas españoles, en coherencia con lo afirmado por el filósofo español en obras como “España frente a Europa” o “España no es un mito: claves para una defensa razonada”. No es momento aquí de hacer un juicio de valor sobre las obras de Bueno. En cambio, de lo que sí podemos hablar es de su tesis fuerte (o al menos una de sus tesis fuertes), que es que España tiene mucho más en común (aunque no se sabe muy bien qué significa, concretamente, “tener en común”) con Hispanoamérica que con Europa.

Es más, deberíamos dejar que sea el propio Bueno quien desarrolle esta idea, pues él mismo tuvo la oportunidad de hacerlo frente a Fernando Sánchez Dragó en el programa “Negro sobre Blanco” el 13 de enero del año 2000:

Gustavo Bueno: “Muchos españoles se sienten compensados por el hecho de ser europeos. Aquí tenemos un ejemplo clarísimo, yo creo, de cómo el género mata a la especie. Esto es muy importante: decir “España es Europa” (por eso el libro se llama “España frente a Europa”), para muchos españoles, concretamente nacionalistas vascos, catalanes y gallegos… Decir “España es Europa”, quiere decir “no somos españoles”… “Nosotros somos europeos, no españoles”. Eso está claro y explícitamente dicho por los nacionalistas radicales. Pero lo importante, y lo que es bien conocido, es que para la inmensa mayoría de los demás, y entre ellos cuento un artículo de Javier Pradera en El País de las navidades pasadas […] donde hablaba de qué será de España […] Para la inmensa mayoría de españoles, en el próximo milenio, España, gracias a que será Europa, podrá olvidarse ya de que es española. No se olvidará, pero será un recuerdo irrelevante, será una condición histórica que ya puede dejarse, porque lo importante es ser europeo. 

Fernando Sánchez-Dragó: ¿Y tú no estás de acuerdo con eso?

G.B: Absolutamente, lo niego. Lo importante es ser español. Es más importante ser español que ser europeo, esa es la tesis fundamental del libro[1]. Entonces, el libro trata de demostrar que la importancia, para los españoles, es ser españoles y no europeos.”[2]

Por lo tanto, la crítica de Gustavo Bueno al europeísmo, o al menos a la idea de «Europa” (que, como explicaré a continuación, es una cosa muy distinta de la UE) es lícita, en tanto en cuanto lo que viene a decir es que el «europeísmo» fomenta los separatismos periféricos y atenta contra la identidad nacional de España.

Esas críticas son lícitas, pero 1) esto no significa que sea una crítica de la UE como tal, y 2) no implica, ni mucho menos, tomar partido por la salida de la UE. Una vez más, el blanco de mis ataques no es tanto el propio Gustavo Bueno como sus discípulos, que en algunas ocasiones quieren dotarse de un aura de “disidentes” (en especial, los que quieren revivir viejas glorias imperiales), pero su discurso sobre la UE, extremadamente superificial, consiste únicamente en decir que “nos diluimos en Europa”, lo cual es una frase completamente vacía y carente de significado.

En un mesa redonda en el Sociedad Cervantina el 20 de abril de 2016, en homenaje a la misma obra de Gustavo Bueno “España frente a Europa”, Jesús G. Maestro, desarrolló lo expuesto por Gustavo Bueno en el año 2000 con estas palabras:

“Vivimos en los últimos tiempos en la idea de que es más importante ser europeo que cualquier otra cosa: estar en Europa, tener implicaciones en Europa… Pero, en realidad, las relaciones que España tiene, estructuralmente, históricamente,  y desde todos los puntos de vista… tiene y ha tenido con Hispanoamérica, con la América española, es absolutamente fundamental. Es decir, España tiene inconcebible de espaldas a Hispanoamérica, e Hispanoamérica no puede ser concebible tampoco de espaldas a España. Por lo tanto, la tesis que de alguna manera sostiene Gustavo Bueno, es que… en la línea de Unamuno, es decir, no es tampoco algo absolutamente inhóspito, insólito, extraño ni mucho menos… Es que a veces es más importante, por no decir que siempre… es más importante ser español que ser europeo. Es decir, ni somos finlandeses, ni tenemos una educación finlandesa[3], ni falta que nos hace.”[4]

¿En qué consiste la engañifa de estos feriantes, sobre todo cuando se quieren presentar como “disidentes” o incluso se atreven a presentarse como “euroescépticos”? Consiste en afirmar, de cara a la galería, que se oponen al europeísmo, o mejor dicho, lo que en su cabeza se llama “el europeísmo”, lo cual vendría a ser, aunque sea un análisis muy grosero, la simple idea de que España es parte de Europa o, si se prefiere, la tesis orteguiana de que “Europa es la solución”.

Pero la cuestión es que estas críticas no tienen absolutamente nada que ver con la Unión Europea. Cuando hablan de “europeísmo”, esta gente no articula nunca una crítica del euro, ni de cómo están articuladas las instituciones europeas (la Comisión, el Consejo, el Parlamento, el BCE, etc.). No tienen ninguna crítica sobre el modelo de integración supranacional, ni sobre los tratados europeos, ni sobre cómo fue diseñada la UE en sus inicios por los servicios de inteligencia estadounidenses, ni menos aún sobre cómo la propia UE está sometida a los intereses de los Estados Unidos.

Es más, ¿por qué iban a criticar eso? En ocasiones, hasta militan en VOX, y en otras ocasiones en Izquierda Española, que son partidos políticos abiertamente europeístas (en el sentido correcto de la palabra), pero se atreven a decir que se oponen al “europeísmo”. Pero que no os  engañen. Ellos dicen que luchan contra “el europeísmo”, pero una cosa es el proceso de construcción europea que ha llevado a la UE actual, y otra cosa muy distinta, es lo que en la cabeza de esta gente se llama “europeísmo”. Pero ellos juegan con esa confusión.


[1] Lo cual es mentira cochina, porque yo dispongo de la edición del libro España frente a Europa por Pentalfa, que consta de 437 páginas (el resto son o bien glosario, o bien apuntes), y hasta la página 383 se trata de hablar de la conformación de España como nación, estableciendo la batalla de Covadonga como mito fundacional, y las relaciones de España con Hispanoamérica, lo cual no tiene estrictamente nada (o muy poco) que ver con el resto del libro, que es el capítulo VI del libro, titulado en sí mismo “España frente a Europa” (lo cual es curioso, porque un capítulo pequeño de un libro da el título del propio libro), donde además, habla superficialmente del proceso de construcción europea, pero apenas desarrolla eso que Bueno explica en el programa Negro sobre Blanco y que, según él, es “la tesis principal del libro”. Reto a cualquier discípulo de Gustavo Beuno a que me demuestre que esto es falso.

[2] Gustavo Bueno: «si alguien se sonríe cuando yo pronuncie España, yo me sonrío de su p*t*a madre» https://www.youtube.com/watch?v=YSuVL3l-9fU

[3] Por cierto, el hecho de tener una educación finlandesa, lo mismo habría que intentarlo.

[4] Guerrero, Insua, Maestro y Vélez: «España frente a Europa» https://www.youtube.com/watch?v=mbUxFi1Dwcc

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