Niñas franquistas, idealizando el terror

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Por Sonia Mauriz Pereira

Vaya por delante que, como dijo Celia Amorós: «El feminismo no cuestiona las decisiones individuales de las mujeres, sino las razones que las obligan a tomarlas».

Es un aviso a navegantes, porque voy a hablar de mujeres muy jóvenes, casi adolescentes, que parecen empeñadas en defender el hecho de ser oprimidas, idealizando un pasado que entiendo que no conocen, porque conocerlo y reivindicarlo sería masoquismo.

Estos días vemos en redes, medios… lo que mucha gente da en llamar «las dos Españas».

En realidad, es un concepto muy «chovinista», porque ignora la lucha de clases y a sus protagonistas. El capitalismo funciona igual en todo el mundo: no hay dos Francias ni dos Estados Unidos.

Hay una clase dominante y privilegiada que se resiste a abandonar sus privilegios y una clase oprimida que lucha por sus derechos. Es bien fácil de entender que, entre derechos y privilegios, deben ser prioritarios los primeros.

Entre poder comer todos los días o poder comer en DiverXO, el Estado tiene que asegurar lo primero. Lo segundo no puede ser a costa de que no esté asegurada la subsistencia para todo el mundo.

Debería ser así de sencillo, pero hay un fenómeno curioso, por lo absurdo de sus protagonistas: personas que, siendo de una clase oprimida, deciden defender los privilegios de la élite frente a sus propios derechos y necesidades.

Y así, ahora mismo asistimos a la actuación de dos bandos diferenciados: jóvenes movilizándose y organizándose, con un discurso de izquierdas bastante bien estructurado. Buscas sus nombres en Google y encuentras carreras como Antropología, Sociología, etc.

Podemos estar de acuerdo o no, pero el relato está fundamentado y te citan, sin que les tiemble la voz, desde Gramsci hasta Durruti. Hay lecturas, hay reflexión y, sobre todo, hay conciencia de clase.

Frente a ellos, encontramos a chavales gritando argumentos tan buenos como «¡Idos a trabajar!» o «¡Duchaos!», mientras enarbolan un gel. Otro tipo de juventud que ni siquiera pertenece a las clases privilegiadas.

Porque eso se nota, y las criaturas entrevistadas ni visten ni hablan como la marquesa de Griñón ( Tamara Falcó)

Se dirigen a los chavales movilizados con epítetos como «vago» o «sucio»… Al más puro estilo de un bully de instituto, más que como una persona que, desde otra ideología, busca el debate.

Podrían hacer referencia a lecturas de intelectuales de derechas. Sí, a mí utilizar la palabra «intelectual» al lado de «derecha» también me parece una prostitución del término, porque sería utilizar la razón para defender los privilegios frente a las necesidades, el egoísmo individual frente a la justicia social. Pero aceptemos pulpo y debatamos desde ahí, por puro constructivismo.

Y, claro, ahí quería llegar. A las niñas.

A las crías que se presentaron el 12 de octubre con una bandera preconstitucional o una Cruz de Borgoña en ristre en Sol. Y que continúan apareciendo o grabándose en TikTok con proclamas nazis y franquistas.

Sin saber siquiera qué símbolos pasean con tanta seguridad. Como la Cruz de Borgoña, cuyo origen y tradición son más militares y dinásticos que nacionales, aunque una chica entrevistada dijese: «No sé,es de España». Porque ni siquiera sabía cuál es su uso actual, que obviamente no es un homenaje a Felipe el Hermoso ni a los Tercios españoles.

Puedo entender lo poco que pueden perder los chicos con un Gobierno de derechas: en una sociedad así, ellos pueden ganar privilegios. Pero ¿qué ganan las mujeres?

¿Qué les contaron de lo que pasó aquí con Franco?

Es verdad que en los últimos años está de moda lo de la abuela yeyé, con fotos que suelen ser de Londres o de revistas de moda, en las que aparecen abuelas con minifalda que escuchaban a los Rolling Stones.

Ni decir tiene que en el caso de ser mujeres reales y no modelos, como mucho serían hijas de clase alta en Madrid.

Mi abuela presumía en los años ochenta de moderna por llevar pantalones. Ni te cuento una minifalda en Soria en 1957. Como documento véase “ Cuéntame” donde lo que vivía Inés era real pero muy blanqueado y con apoyo familiar.

Lo más habitual es que tu padre te diera una paliza o que te despertaras en el Patronato de la mujer a ser torturada por las monjas.

Para conseguir discos de vinilo completos tenías que irte a Francia o a Portugal y procurar que no te pillaran con ellos en la frontera. Por ejemplo, con discos de los Rolling Stones.

El álbum Sticky Fingers (1971) tuvo una portada alternativa en España. También se eliminó la canción «Sister Morphine» de la edición española. A Bob Dylan, en el álbum Blonde on Blonde, le eliminaron tres canciones.

En Castilla-La Mancha ya comienzan a hablar de eliminar subvenciones a películas «adoctrinadoras». ¿Quién decide qué es adoctrinar?

Una historia de amor puede ser política si es entre mujeres, entre hombres, entre una divorciada y un soltero o con una mujer que no quiere tener hijos. Incluso “ Billy Elliot” puede serlo.Porque «lo personal es político».

De cómo vivían las mujeres en España durante el franquismo, quien más nos puede contar no soy yo ni un historiador: es el BOE.

En 1931, con la Segunda República, las mujeres obtuvieron el derecho al voto —porque también te digo, había elecciones— y votaron por primera vez en unas elecciones generales en 1933. Ya podían presentarse como candidatas desde antes. 

La Constitución republicana de 1931 reconoció la igualdad ante la ley de mujeres y hombres. Obviamente, socialmente había muchos obstáculos, pero el primer paso para la igualdad real siempre es el legislativo.

Esto se traducía en cuestiones como poder trabajar, tener carné de conducir, abrir una cuenta bancaria y viajar al extranjero sin «licencia marital», es decir, sin permiso del marido. En el caso de las solteras, la autorización correspondía al padre.

También se reconoció el acceso al empleo público.

Y las mujeres podían divorciarse desde la aprobación de la Ley del Divorcio de 1932. No existía el delito de adulterio en los mismos términos discriminatorios que se restablecieron después, y la patria potestad dejó de estar reservada exclusivamente al padre. También se establecieron medidas de protección relacionadas con el descanso posparto y el seguro de maternidad.

El 18 de julio de 1936, España comenzó a retroceder hacia el Medievo, con todos mis respetos al Medievo. Volver atrás después de haber evolucionado es siempre absurdo.

Y la vida que las mujeres conocieron en esos años desapareció, dándose casos de matrimonios  civiles ya no válidos y mujeres reclamadas por sus ex maridos.

En 1939, el Fuero del Trabajo promovió que las mujeres casadas se alejaran del empleo asalariado en fábricas y talleres. ¿Con qué intención?

Que la mujer se ocupara exclusivamente del hogar y dependiera del hombre como proveedor. La dependencia económica ató a muchas mujeres a matrimonios en los que sufrían maltrato.

No, no era tan bonito el matrimonio de antes, ese que supuestamente lo arreglaba todo y en el que las parejas envejecían juntas. A tu abuela la tenían secuestrada.

Sin minifalda, sin anticonceptivos y sin vinilos.

Por qué querida amante de los aguiluchos en 1941 se prohíben los anticonceptivos, en 1964 solo se permitían para problemas ginecológicos y hasta 1978 con la ley 14/1975 no se abre la puerta a su despenalización.

Por supuesto imagínate que tu señor marido, o sea tu tutor se entere de que los tomas.

Por que eras suya ,tu tu maternidad y los hijos. 

En 1976, las feministas salieron a la calle al grito de «Yo también soy adúltera», en solidaridad con María Ángeles Muñoz, acusada por su marido, que pretendía arrebatarle la custodia de su hija. El adulterio todavía era delito y podía tener consecuencias penales y familiares para las mujeres. No fue hasta 1978 cuando se despenalizó. 

Para la próxima vez que preguntes “ ¿ Dónde están las feministas?”

La Ley de Reglamentaciones de Trabajo de 1942 contribuyó a consolidar el llamado «despido por matrimonio» en numerosos sectores. De hecho, era una cláusula que ya se establecía en los contratos. Cuando te casabas, la empresa te daba, a modo de indemnización, una dote que, como no tenías una cuenta bancaria propia, acababa en la de tu marido. Un win-win para ellos.

La licencia marital era otra fantasía. Según la legislación franquista, las mujeres casadas necesitaban la autorización de sus maridos para determinados actos jurídicos y actividades. Esta subordinación afectaba a cuestiones como el trabajo y la capacidad para realizar determinados actos con autonomía.

A mí esto me impactó cuando encontré a mi abuela un permiso firmado por mi abuelo para viajar a Madrid a ver a su hermano. Mi abuela, ese espíritu libre y moderno, con un papel firmado como si mi abuelo fuera su tutor.

A eso quieren volver las fans de la bandera con aguilucho.

La legislación franquista también limitó el acceso de las mujeres a determinados puestos de la Administración.

Un ejemplo fue la Ley de 13 de julio de 1940, que estableció restricciones para que las mujeres accedieran al Cuerpo Técnico-Administrativo y Auxiliar del Ministerio de la Gobernación, con excepciones vinculadas a su situación familiar y económica.

En los años siguientes también se establecieron prohibiciones o restricciones para acceder a determinadas carreras profesionales, como el notariado y otros cuerpos de la Administración.

Con la Ley 56/1961 hubo un avance limitado.

Reconoció el principio de igualdad de derechos laborales entre hombres y mujeres y eliminó la obligatoriedad general de abandonar el empleo por contraer matrimonio, aunque persistió la licencia marital.

“ Puedes trabajar, eres igual que un hombre pero por lo que sea él no necesita permiso de su mujer” 

El fin de esta maravilla llegó el 2 de mayo de 1975, con la Ley 14/1975. Era el año en que murió Franco y en el que la clase empresarial del Estado ya necesitaba el fin de la dictadura para que España pudiera entrar en la Comunidad Económica Europea y sus empresas, creadas en buena medida al amparo del expolio y de las desigualdades del régimen, pudieran crecer internacionalmente.

Y no fue hasta 1978 cuando la Constitución recuperó la igualdad legal entre hombres y mujeres, perdida desde 1936. Una utopía de 42 años que estas chicas quieren vivir.

Yo no sé si estas crías se dan cuenta de cómo sería vivir en un mundo en el que tu hermano pudiera ser considerado mayor de edad y tú no. Y de que, incluso cuando alcanzaras esa mayoría de edad, serías una adulta con limitaciones.

Que, esgrimiendo que la maternidad debe ser protegida, te releguen al hogar. Las influencers tradwife son una ficción chicas , son empresarias con vida económica propia.

Que cualquier proyecto empresarial que tengas se vea limitado por tu sexo y que tu papel social quede reducido a la reproducción. Que exista el «deber marital», es decir, que tengas que abrirte de piernas porque él quiere, mientras la lubricación y el orgasmo se convierten en mitología.

Que el matriarcado no existió nunca, por mucho que algún señoro diga que en su casa sí. En la de Feijóo tampoco.

Si tu madre podía decidir qué se comía, cómo ibas vestido y gritarle a tu padre, pero no podía tener una cuenta bancaria propia, libertad de circulación, de reunión, independencia económica, divorciarse o planificar su maternidad… eso, Maricarmen, es patriarcado de toda la vida.

Eso no es libertad. Y lo que debería provocarle a una mujer es terror.

En Halloween, a las mujeres deberían ponernos películas de Paco Martínez Soria y no Viernes 13.

Y me dices que estás chicas, criadas con igualdad ante la ley , con libertad de expresión, de circulación, con mismos derechos laborales, con leyes de protección ante el maltrato y el abuso sexual , con derecho a tener cuentas bancarias y propiedades, con derecho a voto , sin ninguna limitación en cuanto oficios y estudios y con derecho a la planificación familiar…estas mujeres  ¿Quieren renunciar a todo ello? ¿ Son conscientes? 

¿ O son como los emigrantes que apoyaron a Trump y ahora no dan crédito detenidos por el ICE? 

La clase privilegiada inventó la clase media para que los asalariados no fueran conscientes de ser clase obrera y defendierán intereses ajenos pensando que eran los suyos. ¿Pero estás chicas? ¿Creen que siendo cómplices de un estado reaccionario van a obtener algún beneficio diferente al resto de mujeres?¿ Se les ha mentido ? ¿ Buscan validación masculina? 

Hay mucho que rascar y tampoco se puede olvidar la gran mentira que fue la Transición, no se acostaron falangistas y se levantaron demócratas. No hubo una reconciliación, incluso votar la Constitución fue bajo amenaza “ o esto o vuelven los militares”.

No se cerró la herida y supura desde hace décadas, había que cortar de raíz la gangrena y se la dejó avanzar. 

Tenemos una deuda moral y es la de hablar del franquismo como fué. Restregar la herida para desinfectarla. Hablar sin tapujos de abuelas violadas, de hijos que ni sabrán de su origen, de mujeres que no permanecieron por amor ,de abuelos maltratadores, de lo que sentían esas mujeres humilladas pidiendo permiso para ser , para hacer.

Con nada a su nombre , sin más legado que un gran silencio. 

Como para ver a sus nietas y bisnietas con esas banderas que más de una vez soñaron quemar.

No son de España, son de la vergüenza. 

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