Néstor Siurana, geógrafo experto en África Subsahariana
Cada día, decenas de vuelos comerciales cruzan el cielo del Sáhara Occidental bajo las órdenes directas de controladores aéreos situados en las Canarias. A pesar de que Marruecos controla el territorio sobre el terreno desde hace medio siglo, los mapas de la Organización de Aviación Civil Internacional (OACI) dictan una realidad muy distinta: El espacio aéreo sahariano pertenece a la región de información de vuelo de control español.
Esta anomalía cartográfica y jurídica se ha convertido en una de las disputas estratégicas más silenciosas, pero de mayor calado político, entre Madrid y Rabat. En el siglo XXI, la soberanía ya no solo se reclama palmo a palmo sobre la arena del desierto, sino también a 10.000 metros de altura.
El núcleo de esta tensión radica en el peso de la legalidad internacional frente a los hechos consumados. El núcleo de esta tensión radica en el peso de la legalidad internacional frente a los hechos consumados. Para Marruecos, esta dependencia es una contradicción intolerable que lesiona su orgullo nacional y debilita su control absoluto sobre lo que considera sus «provincias del sur». Por ello, Rabat presiona activamente para que España le transfiera la gestión aeronaval.
Una cesión por parte de Madrid no sería un simple trámite burocrático; equivaldría al reconocimiento definitivo de la soberanía marroquí sobre el Sáhara Occidental, alterando el equilibrio político en el Magreb. Los riesgos estratégicos de esta negociación son mayúsculos para España. El control de este espacio aéreo es vital para la seguridad y la conectividad de las Canarias, un enclave ultraperiférico español.
Ceder las competencias a Rabat implicaría que los aviones que entran y salen del archipiélago dependerían de la autorización de un tercer país con el que se han mantenido históricas fricciones geopolíticas. Ceder las competencias a Rabat implicaría que los aviones que entran y salen del archipiélago dependerían de la autorización de un tercer país con el que se han mantenido históricas fricciones geopolíticas.
En conclusión, el espacio aéreo del Sáhara es el último eslabón de la descolonización inconclusa de la región. Mientras los aviones siguen surcando estos cielos invisibles bajo la supervisión de radares españoles, la diplomacia de ambos reinos libra una batalla técnica y política de alto voltaje.
La resolución de este conflicto aéreo determinará no solo quién vigila las rutas comerciales atlánticas, sino también el mapa definitivo del norte de África en el orden global contemporáneo.
Este artículo se publicó originalmente en https://x.com/NestorSiurana








