El sistema 24/7. La distopía temporal del capitalismo tardío

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Juan López Páez

 «Los turnos de diez horas no pertenecen al hombre, pertenecen a la Máquina de Moloch».
— F. Lang. Metrópolis 192
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El descanso humano se mantiene como el último territorio rebelde frente a la alienación total teorizada por Marx. La ambición del capitalismo es que no necesitemos dormir y trabajemos sin pausa. Y el sueño mismo es, precisamente, de las pocas trincheras que le quedan por conquistar. El sueño es pura cronodiversidad [1]. Eliminarlo en beneficio de la producción, ni siquiera pensar en reducirlo, es una distopía del tiempo.

El régimen 24/7 no es un entorno neutral; es una estructura de dominación que busca colonizar el descanso humano, el «último territorio rebelde» frente a la alienación total. En relación con el trabajo, el capitalismo propone como posible e, incluso, lo normaliza, la idea de trabajar sin pausa, sin límites. Es un modelo de rendimiento, propio de las máquinas, impropio del género humano, una suspensión de la vida que no revela el coste humano que se necesita para mantener su eficacia fabril.

 En un mundo donde cada segundo es susceptible de ser monetizado, el acto de cerrar los ojos se ha convertido en la última trinchera que el mercado aún no ha logrado conquistar por completo. El mercado actual busca eliminar el sueño porque dormir es un tiempo en el que no se produce ni se consume. El sueño es la última barrera natural que le queda al sistema capitalista por comercializar y controlar.

Jonathan Crary (1951-  ) catedrático de Arte Moderno y Teoría en la Universidad de Columbia en su libro «24/7. Capitalismo tardío y el fin del sueño» [2] se enmarca dentro de la teoría crítica de raíz marxista y anticapitalista.

Sus ideas principales:

-El mercado sin pausas: El entorno moderno funciona las 24 horas del día, los 7 días de la semana, exigiendo que las personas mantengan un rendimiento constante.

-La pérdida de la atención: La luz artificial y el uso constante de dispositivos electrónicos destruyen los ciclos naturales de descanso y reducen la capacidad de concentración.

-El fin de la comunidad: Dormir representa una pausa humana y colectiva de cuidado mutuo que el sistema económico rechaza para priorizar el beneficio individual y la ganancia.

– La ilusión del tiempo libre: Los teléfonos móviles y las redes sociales mantienen a las personas conectadas incluso en momentos de descanso nominal.

El autor analiza el mercado global actual no como un sistema neutral, sino como una estructura de dominación que busca colonizar la vida privada.

Posturas ideológicas del ensayo

– Anticapitalismo radical: Crary sostiene que el capitalismo actual busca mercantilizar cada segundo de la existencia humana. Ve el consumo constante como una forma de explotación que destruye la salud y el bienestar.

– Ecología política: El texto vincula la explotación del cuerpo humano con la destrucción de la naturaleza. Considera que la lógica del crecimiento infinito daña tanto los ciclos biológicos como los ecosistemas del planeta.

– Humanismo de izquierda: El autor defiende el sueño como el último espacio de resistencia. Lo define como una necesidad biológica que recuerda que las personas tienen límites que el dinero no debería poder comprar.

– Crítica de la tecnología digital: A diferencia de las posturas que ven la conectividad como un avance o un progreso, el libro argumenta que los dispositivos móviles y las plataformas digitales funcionan como herramientas de control social y vigilancia.

– El objetivo de esta lógica política-económica es constituir sujetos humanos afines a un mercado sin fin. Las corporaciones inician la apropiación de los tiempos del sueño desde el siglo XIX pero intensifican este proceso en las últimas décadas.

Crary en su crítica crucial retoma así explícitamente la mirada histórica de Karl Marx, quien demostró que el capitalismo acelera la circulación del capital a través del espacio y el tiempo para acumular ganancias de forma continua y reproducir su arquitectura de poder.

 1. La deshumanización del cuerpo

Marx plantea que bajo el capitalismo, el trabajador se convierte en una simple pieza de una máquina, perdiendo su identidad humana durante la jornada laboral, Crary explica como sistema capitalista no se conforma con explotar las horas de oficina; ahora exige que el cuerpo esté disponible 24/7. El descanso se aprecia como un «defecto de la cadena de fabricación» que reduce las ganancias, enajenando al individuo de su propio ritmo biológico.

El laboratorio del insomnio: de Alaska a Silicon Valley.

 El programa militar específico: Continuous Assisted Performance (Rendimiento Asistido Continuo) fue financiado por el DARPA (U.S. Defense Advanced Research Projects Agency), la agencia de Proyectos de Investigación Avanzados de Defensa, que pertenece al Departamento de Defensa de EEUU, financió en 2004 el trabajo de investigadores de la Univ. de de Wisconsin-Madison: bajo el título «Migratory sleeplessness in the white-crowned sparrow”. El objetivo del estudio fue neutralizar la necesidad de sueño del organismo vivo, realizaron el análisis de los circuitos neuronales de la especie Zonotrichia leucophrys (gorrión de corona blanca) que permanecen despiertas durante días durante la migración otoñal desde Alaska hasta el norte de México y luego, en primavera, de regreso al norte. Esta especie tiene una capacidad muy inusual para permanecer despierta hasta al menos siete días durante la migración. Esta conducta de estación le permite volar de noche y buscar alimento de día, sin descansar un instante. El proyecto de Rendimiento Asistido Continuo abarcaba también la manipulación del cerebro de soldados mediante resonancia magnética, descubrir formas de hacer posible que la gente permaneciera sin dormir y, a la vez, que funcionara de manera productiva y eficiente, crear un soldado que no necesitase dormir.

Lo que DARPA intentó en un laboratorio, las corporaciones de Silicon Valley lo han logrado mediante el diseño persuasivo. Las redes sociales operan como un laboratorio a cielo abierto: un mecanismo de estimulación constante que busca romper la resistencia biológica del cuerpo para transformar la vigilia en tiempo neto de producción de datos.

2.  De la mercancía al tiempo total.

 Marx nos explica que el trabajador vende su tiempo ede trabajo a cambio de un salario, y el producto de ese esfuerzo ya no le pertenece. Crary: En el entorno digital actual, todo nuestro tiempo —incluso el de ocio o semiconsciencia— produce valor para las grandes plataformas (datos, interacciones, vistas de anuncios). El sujeto está enajenado porque ya no es dueño de su tiempo libre; este ha sido colonizado por el consumo constante.

3. El aislamiento social

Marx afirma que la alienación separa a los trabajadores entre sí, destruyendo los lazos comunitarios y fomentando la competencia. Crary señala que el imperativo de estar conectados todo el tiempo a pantallas genera una falsa sensación de comunidad que en realidad nos aísla. El sueño, en cambio, es un acto compartido de vulnerabilidad social que el mercado debilita al convertirnos en consumidores individuales insomnes.

4. El sueño como último espacio no alienado

Para Crary, el sueño es la última frontera que el capitalismo no ha podido absorber por completo porque mientras dormimos no podemos comprar ni producir. Por lo tanto, defender el descanso es la forma más pura de resistencia contra la enajenación total que busca el sistema actual.

5. Actualización de la enajenación marxista

El sociólogo y teórico crítico austríaco Christian Fuchs[3] conecta de forma directa con el pensamiento de Clary y el análisis sobre la enajenación, aportando el marco teórico exacto para entender cómo el capitalismo actual explota el tiempo digital.

-El usuario como «Prosumidor» y la plusvalía de datos.

En la fábrica tradicional, el obrero genera un objeto físico que el dueño vende. En las redes sociales, el usuario es un prosumidor (produce y consume a la vez). Cada foto que compartes, cada «me gusta» y cada segundo de visualización es trabajo digital no remunerado. Las corporaciones tecnológicas extraen plusvalía de cada clic, me gusta o publicación que hacemos. Las plataformas empaquetan esta actividad y la venden como datos publicitarios, extrayendo una ganancia multimillonaria de tu tiempo libre.

– Cuantificación y fetichismo de la identidad

Marx explicó cómo el capitalismo reduce las relaciones humanas a simples relaciones entre mercancías. Las redes sociales hacen esto con la propia identidad:

-Métricas de valor: Tu vida, tus opiniones y tus afectos se miden en números (seguidores, reproducciones, interacciones).

-Auto-mercantilización: El individuo se enajena de sí mismo al percibirse como una «marca personal» que debe gestionarse, optimizarse y venderse de forma constante en el mercado digital.

– Trabajo digital sin salario Demuestra que el tiempo que pasamos en internet no es ocio puro; es trabajo digital no remunerado. Esta idea complementa perfectamente la tesis de Crary: el mercado busca eliminar el sueño porque necesita que sigamos conectados, generando datos y valor las 24 horas del día.

– Al igual que Crary, Fuchs utiliza los conceptos marxistas (como la alienación y la plusvalía) para demostrar que las tecnologías digitales no nos han liberado, sino que han extendido las fábricas del siglo XIX hacia el interior de nuestros bolsillos y de nuestra vida cotidiana.

La búsqueda militar de un soldado insomne a través de la alteración biológica del gorrión de corona blanca encuentra su equivalente civil en la arquitectura de las plataformas digitales. Lo que el Departamento de Defensa estadounidense intentó lograr mediante la experimentación de laboratorio, las corporaciones de Silicon Valley lo han conseguido a escala global a través del diseño persuasivo. Las redes sociales operan hoy como ese laboratorio a cielo abierto: un mecanismo de estimulación constante que, al igual que en el experimento con las aves, busca romper la resistencia biológica del cuerpo para transformar la vigilia forzada en tiempo neto de producción de datos y consumo.

La Máquina de Moloch o el sacrificio del Tiempo. De las 10 horas a la vigilia total

La presión actual nos devuelve a la imagen de la «Máquina de Moloch» de la película Metrópolis (1927), de Fritz Lang. Si en el siglo XX la lucha obrera se centraba en limitar las jornadas extenuantes, el capitalismo 24/7 ha dado un salto cualitativo. La máquina moderna, alimentada por algoritmos y flujos de datos, ya no pide solo una fracción de nuestro día; exige la vida completa y la vigilia total. En la mitología y la literatura distópica, la Máquina Moloch de Fritz Lang representa esa deidad insaciable que exige sacrificios constantes para seguir funcionando, esa máquina es hoy día el capitalismo 24/7 y las plataformas digitales, que ya no piden «diez horas«, sino la vigilia completa.

Conclusión: el derecho a la rebelión del descanso

Frente al panorama donde el sueño es la última frontera en disputa, la historia ofrece una alternativa que hoy resuena con fuerza profética: El derecho a la pereza escrito por Paul Lafargue en 1883.  Éste lanzó una crítica mordaz contra la propia clase obrera de su época por haber sucumbido al «dogma del trabajo», considerándolo una locura que destruía la salud y el intelecto.

Lafargue no defendía la inacción pasiva, sino el derecho al ocio creativo, a la fiesta y al descanso como pilares fundamentales de la emancipación humana. Si en el siglo XIX el autor exigía reducir la jornada laboral a solo tres horas para devolverle al ser humano el dominio de su tiempo, la realidad del siglo XXI nos encuentra defendiendo desesperadamente el derecho a dormir. Rescatar a Lafargue en la era del capitalismo 24/7 es recordar que la verdadera resistencia no consiste en optimizar nuestro insomnio para ser más eficientes en las redes sociales, sino en reclamar el derecho inalienable de no hacer nada.


[1] Cronodiversidad: Pluralidad de los ritmos vitales (como el sueño, el descanso y el ocio) que escapan a la lógica de la producción permanente. Define al tiempo humano como un espacio de autonomía frente a la sincronización forzada del sistema 24/7 del capitalismo tardío

[2] Crary, Jonathan (2015): «24/7. Capitalismo tardío y el fin del sueño» Ed. Ariel

[3] Fuchs, Christian (2014): “Digital Labour and Karl Marx”. N. Y. Routledge

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