Nacho Escursell
En mi sana costumbre de dar palos a la escuela austriaca de economía… veremos la curiosa historia de un trozo de madera y como desmonta toda la teoría austriaca del dinero, junto a la mayor hoguera que conoció el Reino Unido.
Si le preguntas a un cryptobro o a un liberto ¿qué es el dinero? te dice que primero fue el trueque, luego el oro porque “tiene valor de uso previo” y luego el Estado lo corrompió, con un par.
Bueno, la historia de Inglaterra demuestra que el dinero también nació de un trozo de madera de avellano.
La historia comienza en el año 1100. Enrique I de Inglaterra tiene un problema clásico de los reyes, quiere hacer guerras para tener más tierras, construir castillos y vivir… como un rey. Peeeero, no había un duro, Guillermo “El Grande” dejó las arcas temblando, ni oro, ni plata, ni naaa, además que los metales preciosos eran muy escasos esa región, no tenía con que pagar a sus soldados, constructores, ganaderos…
¿Qué hace? ¿Se rinde? No joder, un descendiente de Arturo Pendragon no puede acabar así… Bueno, eso es mentira, era normando, ni siquiera hablaba anglo (el inglés antiguo) … hagamos un pequeño a parte:
Muchos no saben que los ingleses fueron una mezcla de anglos y sajones (tribus germánicas) mezclados con los normandos. Los verdaderos británicos eran pictos, celtas, galeses y córnicos. Y el idioma élfico de Tolkien, está inspirado en su lengua. Con los Borbones también pasa algo parecido, eran franceses, los Austrias como se imaginarán, no eran muy castizos precisamente, tenían más de “español” la casa Trastámara y Jimena… hasta los Omeya del Al Ándalus tenían más tiempo entre nosotros. Parece que las casas nobles son una multinacional que gobierna donde no nace.
Pero volvamos a lo nuestro, Enrique I no podía acabar así, e inventó dinero con lo que tenía a mano, palos de avellano, así nacieron los tally sticks. El mecanismo era de una brillantez contable de los más acojonante. El Rey cogía un palo de madera de avellano y le hacía muescas. Cada muesca representaba una cantidad de dinero (una muesca ancha eran 100 libras, una estrecha, 1 libra) y así ocurría la magia contable. El palo se rajaba a lo largo por la mitad, de modo que las muescas quedaban grabadas en ambas partes. La mitad larga se la quedaba el que le había prestado servicios al Rey (se llamaba «Stock», de ahí viene “Stock holder”, accionista, y “Stock market”, el mercado de activos, la bolsa básicamente), el lado largo era el activo, la mitad corta se la quedaba el Rey (llamada “Foil”), era el pasivo. El banco central hace lo mismo cuando presta dinero a un banco.

¿Por qué este trozo de madera se convirtió en dinero real y la gente se mataba por conseguirlo? ¿Por su “valor de uso” como leña o “decoración”? No viejo… porque el Rey aprobó una ley que hacía funcionar esto, “Los impuestos de este reino se pagan entregándome mis palos”. ¡Toma ya! Con dos cojones, convertiste esos palos en dinero.
El campesino, el panadero y el tabernero no querían el palo porque les gustara la madera, lo querían porque necesitaban pagar el impuesto al Rey si no querían acabar con la espalda nueva a latigazos, o directamente en la mazmorra. El dinero nace del monopolio de la fuerza del Estado y de la obligación de pagar impuestos.
El sistema funcionaba tan sumamente bien y era tan seguro contra falsificaciones (no había dos muescas de madera que encajaran igual al juntar las mitades) que los tally sticks se usaron en Inglaterra durante… ¡700 AÑOS! Sí papá, la potencia que creó el Imperio Británico se financió… con palos de madera. Fíjate que cuando se fundó el Banco de Inglaterra en 1694, ¿saben con qué capital se fundó? No fue oro traído de América (el mayor saqueo de la historia), nooooo, se fundó intercambiando los palos de madera de la deuda del Rey por los nuevos billetes de papel del banco. Un apunte contable puro, de los primeros canjes de deuda documentados en la historia.
¿Y qué supuso esto para Inglaterra? Activar la economía. Al distribuir en el país estos palos, el Estado inyectó liquidez que la necesitaba con desesperación. La demanda interna se disparó, el comercio floreció y la potencia británica empezó a expandirse y generar excedentes. Prosperidad a palos… El invento era tan eficiente que cruzó el Canal de la Mancha. En Normandía copiaron el sistema. De hecho, el famoso impuesto medieval francés, la “Taille”, recibe su nombre precisamente del verbo tailler (tallar, por el tallado de las muescas en los palos de madera).
La historia terminó de la forma más británica posible en 1834. El gobierno decide que ya son muy modernos para usar palos y que hay que destruirlos, además que era un quebradero de cabeza cuando había que buscar la otra mitad para convalidarlos. Y tras un último canje, decidieron deshacerse de ellos. Pudieron dar esos palos de madera seca a la gente que pasaba frío en el Londres previctoriano… pero noooo, había que hacer un Mr Bean. Los funcionarios metieron siglos de madera seca acumulada en las calderas del Palacio de Westminster, una cosa llevó a la otra… y acabó ardiendo, pero mal… se quemó casi por completo. El mismísimo edificio del poder político destruido por las deudas acumuladas del Estado te dirán los libertos… poesía pura. Por eso la cámara de los lores es neogótica, tuvieron que reconstruirla entera.
Así que la próxima vez que un personaje de estos te diga que el déficit es un agujero negro, que el dinero tiene que estar respaldado por oro o que el Estado es como una ama de casa, dale con este artículo en los dientes.
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