Gran escritor venezolano contra la ocupación de Venezuela por Trump

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José Antonio Egido, sociólogo, politólogo y antropólogo, presidente de la Asociación Cultural Volver a Marx. 

Los intelectuales patriotas han venido en socorro de Venezuela en sus momentos trágicos. Destaquemos la “generación de 1928” formada por cien jóvenes que se enfrentaron a la “férrea y despiadada dictadura” petro-feudal de Gómez, según define Juan Bautista Fuenmayor (1) o “dictadura semi feudal” según define Carlos Irazábal (2). Recordemos a Pio Tamayo que en 1929 dio la primera clase de marxismo en el calabozo número 5 del Castillo de Puerto Cabello (3). Recordemos a los jóvenes intelectuales que fundaron bajo terrible dictadura el primer Partido Comunista en 1931: “Kotepa” Delgado, Fuenmayor y Key Sánchez.

En mayo 2026 la voz fuerte del escritor Luis Britto García encarna la resistencia nacional. Cumple con su deber de defender la Patria según lo estipulado en el artículo 130 de la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela (4).

En su artículo “Resisto, luego existo” proclama denuncias de la “atroz realidad” que vive el pueblo venezolano después del “golpe atroz” sufrido el 3 de enero a manos del imperialismo. Y la repetición del adjetivo “atroz” no es retórica. Britto supone con mucha base que “el opresor aspira a un poder discrecional absolutamente totalitario que implique la desaparición de la soberanía de Venezuela y la rebatiña incondicional de sus recursos”. El imperialismo pretende “usurpar todos los derechos que corresponden a nuestro pueblo sin asumir ningún deber hacia él”. Al constatar que se mantienen las brutales sanciones económicas, el secuestro de la pareja presidencial y las acusaciones inicuas empleadas por Washington para agredir al país, concluye que “el enemigo mantiene inflexiblemente su posición agresiva” contra Venezuela. Denuncia el “ensordecedor silencio que nos oprime”. El pueblo ignora las “concesiones que se hicieron al enemigo en los minutos siguientes a la agresión”.  Desconoce cuál es el “estatus actual” de las concesiones adquiridas legalmente por empresas chinas y rusas.

Britto deduce que se ha producido una “rendición incondicional” ante un imperialismo que pretende “despojarnos de la soberanía, independencia, recursos, autonomía, derechos, pasado, presente y futuro”. No es sólo la identidad nacional la que corre peligro sino la vida misma del pueblo venezolano. Britto recuerda que la infame Order 14 373 emitida por el gobierno Trump “pretende que todo ingreso procedente de los hidrocarburos y minerales venezolanos sea desviado hacia una partida del Tesoro de los Estados Unidos bajo administración estadounidense y servirá única y exclusivamente para adquirir bienes producidos en ese país”. Este “inaceptable latrocinio” de los ingresos venezolanos sumirá a Venezuela en la bancarrota absoluta y llevará a la paralización de su actividad económica, social y administrativa. Al haber reanudado el gobierno “encargado” las relaciones con el Fondo Monetario Internacional (FMI) y el Banco Mundial (BM) el país deberá “costear sus gastos aceptando créditos usurarios garantizados con lo que reste de sus bienes y recursos”. Se producirá previsiblemente una oleada de desempleo. Britto enfatiza con razón que esos FMI y BM, bien conocidos en Venezuela, no están para salvar al país sino para “anular” su soberanía a pesar del blanqueamiento público que ha realizado a su favor la presidenta “encargada”. Britto prevé “drásticas reformas en las leyes laborales” que priven a los trabajadores de los derechos adquiridos en la Revolución bolivariana. Situación que ya se está empezando a dar. Britto prevé la emergencia de una nueva burguesía compradore que él define como una “ínfima elite de traficantes de influencias y especuladores transnacionales”. No es algo nuevo en la historia venezolana. Ya en 1937 otro intelectual fundamental, Miguel Acosta Saignes, denunció que “el imperialismo, es claro, trata de mantener y agudizar nuestra dependencia y los Gobiernos de tiranuelos se han esforzado en complacerle, así como los latifundistas empeñados solo en el logro de pingues ganancias” (5). Prevé asimismo Britto la “implacable e integral erradicación de cuantos movimientos tengan o hayan tenido orientación progresista” al estilo de la represión ejercida por las dictaduras pro norteamericanas de Gómez (1908-1936) y Pérez Jiménez (1948-1958). Caería sobre estos movimientos la “zozobra de las persecuciones, la cárcel y el exilio” en palabras del profesor Navarrete Orta (6).

Britto subraya que están en marcha en este momento dos batallas en Venezuela: una por la aniquilación de la patria venezolana dirigida por el imperialismo y sus lacayos locales y otra por la plena recuperación de la soberanía, los recursos, la autonomía, la independencia y la autodeterminación del pueblo venezolano. Y llama a que cada uno asuma el rol que crea oportuno. Quien contraponga este fundamental artículo de Britto con la idea de que el único logro que se puede alcanzar en este momento es la “Paz” de la rendición hay que aclararle que el escritor no pide un levantamiento armado que conduzca al exterminio de la población sino “resistencia en la medida de nuestras posibilidades, con pensamientos, palabras y obras”. Y advierte oportunamente este verdadero guardián de la resistencia nacional en que se convierte Britto con su artículo, que si las “organizaciones existentes” se niegan a asumir su rol en la resistencia nacional de Venezuela “cabe crear otras nuevas”.

Los partidarios del gobierno ya lo han tildado de defender una “resistencia ingenua o imprudente que jugaría a favor del agresor y sería nuestra perdición”. ¿No será la perdición la rendición incondicional?

Frente al lenguaje vacío de un gobierno sometido emerge la voz digna de Britto. Y del antiguo político de Acción Democrática Claudio Fermín que afirma: “Venden nuestro petróleo, lo cobran y depositan allá en sus cuentas. A la brava, un atraco a plena luz del día. Amenazan con bombardear de nuevo y con embargo petrolero. Terrorismo puro. …Sustituyen Plan de la Nación y Plan de la Patria por unas fulanas tres etapas de normalización que serviles repiten de caletre. Imponen reformas a leyes de Hidrocarburos y Minas para llevarse regalados nuestros recursos, casi sin pagar… ¿No se han enterado todavía los indiferentes, entreguistas y derivados de que se trata del imperialismo y perder el país?… ¡En este insensible desierto levanto mi voz de protesta!”


1- J.B. Fuenmayor, Historia de la Venezuela contemporánea, Tomo I, Caracas, 1984, p. 325
2- Hacia la democracia, José Agustín Editor, Caracas, 1974, p.209.
3- J.B. Fuenmayor, 1928-1948, Veinte Años de política, Caracas, 1979, p. 178.
4- Art. 130 Constitución de Venezuela: Los venezolanos y venezolanas tienen el deber de honrar y defender a la patria, sus símbolos y valores culturales; resguardar y proteger la soberanía, la nacionalidad, la integridad territorial, la autodeterminación y los intereses de la Nación.
5- El Latifundio, El Perro y la Rana, Caracas, reedición de 2009, p. 52.
6- Literatura e ideas en la historia hispanoamericana, p. 141


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