Alexandre García (continuación de la anterior)
1. Introducción
Después de haber refutado los principales argumentos con los que los negacionistas intentan negar la existencia del cambio climático, ahora procede examinar sus falacias de autoridad. Esto resulta especialmente necesario porque, en el artículo de Bruno Cossío que hemos mencionado en entregas anteriores, el propio Cossío sostenía que apelar al consenso científico sería una “falacia de autoridad”, demostrando así que 1) desconoce cómo se conforma un consenso científico y 2) no sabe lo que es una falacia de autoridad.
Pero lo irónico es que, después de hacer esta afirmación, Cossío no duda en citar a unos pocos científicos – con un prestigio aparente – que sostienen tesis contrarias al consenso científico, utilizándolos como argumento, cayendo así – esta vez sí – en una auténtica falacia de autoridad. Por lo tanto, si en las entregas anteriores invalidamos los argumentos más “serios” – por así decirlo – de los negacionistas, ahora vamos a comentar brevemente los argumentos de autoridad más absurdos del negacionismo, que suelen reducirse al siguiente razonamiento: “el cambio climático no existe porque tal persona dijo que no existe”.
Considero que esto es útil, no solamente porque se trata de un recurso recurrente entre los negacionistas, sino también para ilustrar el por qué el hecho de mencionar a un científico o una persona con aparente autoridad epistémica no constituye un argumento en sí mismo. Después, abordaremos otras “falacias de error anecdótico” y hombres de paja empleados con frecuencia por los negacionistas – que, como ya expliqué anteriormente, funcionan como una suerte de falacia de autoridad inversa.
2. Los argumentos de autoridad de los negacionistas
2.1. Cuando presuntos expertos ponen su firma en una carta
Una vez más, recordemos que negacionistas como Bruno Cossío acusan a quienes defienden la tesis del cambio climático antropogénico de incurrir en una “falacia de autoridad” por apelar al consenso científico en materia de climatología. Pero después, una clara muestra de humor involuntario, el propio Cossío llega a decir frases como la siguiente:
“Miles de científicos, geólogos y físicos de todo el mundo, llevan años denunciando los errores de esta teoría, el mal hacer científico de sus defensores, su alarmismo injustificado o incluso proponiendo hipótesis alternativas.”
Para después añadir:
“Algunos los que sostienen esta afirmación son auténticas eminencias: el fallecido Bill Gray, que desarrolló en los años 60 el moderno sistema de detección de huracanes de EEUU”.
Si esto no es un argumentum ad verecundiam de manual, que baje Dios y lo vea.
Pero antes de hablar de Bill Gray y otros nombres, conviene detenernos en una de las grandes “fuentes documentales” a las que recurren los negacionistas para justificar sus tesis, que es el llamado Petition Project del año 1998.
Dice Bruno Cossío:
“Miles de científicos, geólogos y físicos de todo el mundo, llevan años denunciando los errores de esta teoría, el mal hacer científico de sus defensores, su alarmismo injustificado o incluso proponiendo hipótesis alternativas. Tenemos entre ellos a los 31.000 firmantes del manifiesto “The Petition Project”, dirigido al gobierno de EEUU, pero también a los 90 científicos italianos que dirigieron recientemente una carta similar al gobierno de su nación, a los 500 que han enviado recientemente una carta similar a las Naciones Unidas en respuesta al histerismo promovido por el producto de mercadotecnia Greta Thunberg o a los 49 antiguos científicos y astronautas de la NASA que se dirigieron en términos similares a la afamada agencia: todos concuerdan en que no hay evidencia científica de que los llamados gases invernadero hayan causado o vayan a causar un calentamiento catastrófico del planeta.” El Petition Project – también conocido como Oregon Petition – fue una iniciativa lanzada en 1998 promovida por el Oregon Institute of Science and Medicine, un pequeño instituto de investigación dedicado a temas de bioquímica, medicina diagnóstica y preventiva, nutrición y biología molecular cuyo objetivo era persuadir al gobierno estadounidense de rechazar el Protocolo de Kioto por medio de una recogida masiva de firmas.

Como era de esperar, el Petition Project contó con el apoyo de think tanks conversadores y/o libertarios como el Competitive Enterprise Institute [2], el Heartland Institute [3] o FreedomWorks [4], y que son organizaciones frecuentemente citadas por su postura escéptica frente al cambio climático (probablemente grandes referencias “socialistas”, para los neoreaccionarios de izquierda).
Lo primero que hay que señalar es que, contrariamente a lo que se afirma a menudo, los 31.000 científicos firmantes de la petición, en su gran mayoría no eran climatólogos ni expertos en ciencias atmosféricas. De ese grupo, únicamente 39 eran climatólogos [5], lo que representa menos del 0.1% del total. 2.100 firmantes eran físicos, geofísicos o meteorólogos, la mayoría de los cuales no eran especialistas en clima [6]. La mayoría restante estaba compuesta por ingenieros u otros profesionales sin formación específica en ciencias atmosféricas.
Finalmente, la gran mayoría de los 31.000 firmantes no tenía publicaciones revisadas por pares en revistas científicas relevantes para el cambio climático [7], lo que ponen en duda su capacidad para evaluar de manera rigurosa la investigación climática.
Con posterioridad, la petición sería apoyada por un manuscrito titulado Effects of Increased Atmospheric Carbon Dioxide, probablemente escrito entre 1997-1998, pero que no vería la luz en una revista hasta el año 2007, cuando apareció en el Journal of American Physicians and Surgeons, una revista que no cuenta con revisión por pares y que está asociada a la Association of American Physicians and Surgeons, conocida por sostener posiciones políticas y científicas muy marginales con un sesgo muy conservador [8]. Además, el Journal of American Physicians and Surgeons se centra principalmente en medicina clínica y de cuestiones de salud, lo que hace enormemente incongruente otorgar crédito a un manuscrito sobre climatología publicado en este tipo de revista, como bien había señalado José A. Tapia en su respuesta a Cossío [9].
En cuanto a la carta de los 90 científicos italianos dirigida al gobierno de su nación, no hay mucho que comentar. Se trata de una carta titulada “Climate, a counter-current petition”, publicada en 2019, en la que los firmantes cuestionaban la atribución del calentamiento global al ser humano y criticaban las políticas energéticas basadas en el cambio climático antropogénico. Sin embargo, la mayoría de los firmantes no eran climatólogos activos ni tenían publicaciones significativas en ciencias del clima [10]. Como era de esperar, la carta generó controversia, dado que sus afirmaciones contenidas en la carta no se alineaban con el consenso científico establecido [11].
Después, Cossío menciona a los 500 científicos que enviaron una carta similar a las Naciones Unidas, supuestamente en respuesta al “histerismo promovido por el producto de mercadotecnia Greta Thunberg”. En primer lugar, cabe aclarar que no hay ningún elemento que permita afirmar que dicha carta haya sido escrita como reacción al fenómeno Greta Thunberg. Si bien fue enviada a la ONU en septiembre de 2019, poco después de que Thunberg pronunciara un discurso en la Cumbre Climática de la ONU [12], no existe evidencia que sugiera que su contenido respondiera específicamente a su intervención. Es más, ni siquiera la fuente citada por Bruno Cossío – un artículo La Tribuna del País Vasco – menciona nada acerca de Greta Thunberg [13].
Y, aunque hubiese sido el caso, de nuevo se trataría de un claro ejemplo de falacia de error anecdóctico (o falacia de autoridad inversa, según se prefiera), pues – lo vuelvo a repetir – desde el punto de vista científico, lo que diga Greta Thunberg sobre el cambio climático no tiene más relevancia que lo que puedan decir al respecto Alan Barroso o Sara Pérez Santaolalla.
Por lo demás, la carta en cuestión, titulada There Is No Climate Emergency [14] y dirigida al Secretario General de la ONU Antonio Guterres, fue criticada por contener afirmaciones erróneas y selectivas sobre los efectos del aumento del CO2 sobre el cambio climático [15]. Por ejemplo, la carta sostiene que “no hay evidencia estadística de que el calentamiento global esté intensificando huracanes, inundaciones, sequías y otros desastres naturales, ni de que los esté haciendo más frecuentes”, una afirmación que ya hemos abordado en entregas anteriores, y que en su día fue contestada por climatólogos expertos [16].
Asimismo, la carta sostiene que “El CO2 no es un contaminante […] Más CO2 es beneficioso para la naturaleza, haciendo que la Tierra sea más verde: el CO2 adicional en el aire ha promovido el crecimiento de la biomasa vegetal global”, una afirmación a lo cual ya contesté en la entrega anterior de esta serie de artículos.
Cabe señalar que la carta fue promovida en septiembre de 2019 por el grupo CLINTEL (Climate Intelligence Fundation), una organización neerlandesa fundada por el ingeniero petrolero Guus Berkhout y el periodista Marcel Crok, ambos conocidos por su activismo escéptico frente al cambio climático [17].
Entre los firmantes figuraban algunos científicos jubilados, ingenieros, economistas y meteorólogos, pero muy pocos climatólogos activos o investigadores con publicaciones revisadas por pares en ciencias del clima [18]. Además, algunos de ellos mantenían vínculos con think tanks o grupos de presión relacionados con la industria de los combustibles fósiles, como el Heartland Institute de Estados Unidos o la Global Warming Policy Foundation del Reino Unido [19], lo cual constituye un motivo suficiente para cuestionar la objetividad de la carta.
Conviene añadir que, mientras que la versión original de esta carta, publicada en 2019, contó con 500 firmantes, su reedición de 2020 – titulada entonces World Climate Declaration – llegó a superar los 1200 firmantes. No obstante, resulta significativo que menos del 1% de estos se identificaron como climatólogos o científicos del clima [20].
En cuanto a la carta de 49 antiguos científicos y astronautas de la NASA, no tiene un nombre formal, aunque se suele referir a ella como la Letter to NASA Administrator Charles Bolden on Climate Science. Esta carta fue enviada en 2012 al administrador de la NASA Charles Bolden, y fue suscrita por 23 exadministradores de la NASA, 8 astronautas, 7 ingenieros, 5 técnicos y 4 científicos/matemáticos [21]. Ninguno de los firmantes estaba especializado en climatología ni contaba con publicaciones significativas sobre cambio climático [22].
Cabe añadir que la carta fue promovida por el ya mencionado Heartland Institute. Podría argumentarse que decir esto constituye una falacia de asociación, al indicar que fue respaldada por un think tank conservador escéptico frente al cambio climático. Pero tal crítica sólo sería válida si la carta aportara evidencia científica válida. Sin embargo, la carta no presentaba evidencia nueva revisada por pares, sino que minimiza los riesgos del cambio climático y exageraba las incertidumbres de manera selectiva, con el propósito de ser un acto de comunicación política más que como un aporte científico.
2.2. Disenso romántico: mártires de la causa negacionista censurados por la “mayoría dogmática”
Ahora examinemos, una por una, la retahíla de figuras de autoridad a las que recurre el negacionismo para sostener que no existe el cambio climático antropogénico, presentándolas como genios incomprendidos o censurados por un consenso científico “impuesto”.
a) Bill Gray
Los negacionistas suelen citar Bill Gray, un meteorólogo que fue pionero en el desarrollo de métodos sistemáticos para pronosticar la actividad de huracanes a partir de datos históricos y patrones atmosféricos. En las últimas décadas de su carrera, Gray expresó opiniones escépticas respecto del cambio climático antropogénico. Por ejemplo, en una entrevista al Washington Post en el año 2005, llegó afirmar, respecto del cambio climático: “soy de la opinión de que es uno de los mayores engaños jamás perpetrados contra el pueblo americano” [23].
Sin embargo, la especialidad de Gray era la dinámica de huracanes, no la climatología global ni los efectos del CO2 sobre el cambio climático. Además, sus opiniones sobre el cambio climático no fueron publicadas en revistas científicas revisadas por pares, sino que se presentaron en conferencias, cartas y audiencias públicas. Su campo de trabajo estaba centrado en la meteorología tropical, lo que limita la aplicabilidad de sus puntos de vista al debate sobre el calentamiento global.
Un ejemplo significativo de sus afirmaciones controvertidas es que, en 2006, llegó a afirmar que no existía evidencia consistente que demostrara una relación entre el calentamiento global y el la intensidad de los huracanes [24], una afirmación que ha sido refutada por estudios que muestran que el calentamiento de las aguas oceánicas puede intensificar la fuerza de los huracanes [25].
En su artículo, Bruno Cossío afirma que Gray “dejó de recibir fondos públicos para investigar tras comunicar al entonces vicepresidente Al Gore su posición en contra de las teorías que vinculaban cambio climático y CO2”. Sin embargo, esta afirmación es una exageración y carece de respaldo documental. Si bien es cierto que Gray se quejó en varias ocasiones por los recortes presupuestarios que afectaron a su laboratorio de predicción de huracanes, no existe evidencia sólida que demuestre que dichos recortes estuvieron directamente vinculado a sus opiniones escépticas sobre el cambio climático o por una supuesta comunicación directa con Al Gore.
Es más plausible que la reducciones de financiamiento se debieran a otros factores estructurales. Durante las década de 1990 y 2000, agencias como la NOAA y la NASA empezaron a priorizar modelos computacionales de cambio climático global, en detrimento de los métodos estadísticos y empíricos tradicionales que Gray utilizaba para la predicción de huracanes [26]. En este contexto, la pérdida de fondos puede entenderse como parte de un cambio de paradigma científico y no como una represalia por motivos ideológicos.
b) Ivar Giaever
Ivar Giaever fue un físico noruego-estadounidense, fallecido el pasado mes de junio, y ganador del Premio Nobel de Física en 1973 por sus investigaciones en superconductividad y fenómenos relacionados con la conducción electrónica en sólidos. Giaever sostenía que el calentamiento global no representa una amenaza significativa y que las políticas para combatirlo eran exageradas.
Sin embargo, Giaever no era climatólogo ni tenía publicaciones revisadas por pares en ciencias del clima, y sus opiniones sobre el calentamiento global se han expresado únicamente en conferencias y declaraciones públicas, como cuando en 2011 renunció a la American Physical Society calificando la preocupación por el cambio climático de “nueva religión”. Llegó incluso a afirmar cosas completamente falsas, que muchos negacionistas no se atreverían a decir, como que “es increíble lo estables que han sido las temperaturas en los últimos 150 años” [27].
Aunque el prestigio de Giaever en física es indiscutible, no le otorga autoridad científica para refutar el consenso climático, el cual se fundamenta en miles de estudios revisados por pares realizados por especialistas en climatología y ciencias ambientales.
c) Antonio Zichichi
Antonio Zichichi es un físico italiano especializado en física de partículas y física nuclear, que ha expresado públicamente opiniones escépticas sobre el cambio climático. Por ejemplo, en una entrevista publicada en Il Giornale dell’Ambiente en agosto de 2023, afirmó que el cambio climático y que, según él, sus las causas estarían principalmente relacionadas con la actividad del Sol, siendo por lo tanto la contribución humana tanto mínima [28].
En entregas anteriores ya hemos refutado este tipo de afirmaciones. Cabe señalar, aunque resulte obvio, que Zichichi no es climatólogo ni cuenta con publicaciones revisadas por pares sobre ciencias del clima, y que sus opiniones sobre el calentamiento global se han expresado principalmente en conferencias públicas y medios de comunicación, no en literatura científica especializada.
Una vez más, aunque su prestigio en física es reconocido, ello no le otorga autoridad científica para refutar el consenso climático, que se fundamenta en miles de estudios revisados por pares realizados por climatólogos y científicos ambientales.
d) Reid Bryson
Reid Bryson (1920-2008) fue un geógrafo y climatólogo estadounidense, pionero en climatología, que realizó importantes estudios sobre paleoclimatología y la variabilidad natural del clima, y que de hecho fue uno de los primeros en alertar sobre cómo la contaminación atmosférica y los aerosoles podían influir en los patrones de temperatura.
No obstante, aunque reconocía que el clima estaba cambiando, con el tiempo se volvió escéptico respecto al grado en que la actividad humana – especialmente las emisiones de CO2 – era la causa principal del calentamiento global, sobre todo hacia finales de su vida. Durante los años 1990-2000, sostenía que los cambios de temperatura observados podían explicarse en gran parte por factores naturales y ciclos climáticos, y cuestionaba algunas proyecciones extremas del calentamiento global antropogénico [29].
Bryson sí era climatólogo y publicó numerosos artículos científicos revisados por pares, a diferencia de otras figuras citadas por los negacionistas. Sin embargo, sus interpretaciones sobre el impacto del CO2 han sido ampliamente debatidas y, en muchos casos, refutadas por estudios posteriores. Muchas de sus opiniones críticas sobre el impacto humano datan de las décadas de 1970 y 1980, antes de que se consolidara el consenso científico actual.
Por ejemplo, el Charney Report de 1979, encargado por la Academia Nacional de Ciencias de EE.UU., concluyó que una duplicación de la concentración de CO2 en la atmósfera podría causar un aumento de la temperatura global de aproximadamente 3º C, con un margen de error de ±1.5 °C, en caso de duplicación de CO2 [30]. Este informe fue uno de los primeros en proporcionar una evaluación científica sólida sobre el impacto del CO2 en el clima, respaldando la hipótesis del calentamiento global antropogénico y contradiciendo las afirmaciones de Bryson de que los cambios observados podían explicarse en gran parte por factores naturales.
Aunque Bryson era climatólogo, usar sus comentarios antiguos o parciales para negar el cambio climático actual constituye un ejemplo de sesgo de selección y de cita fuera de contexto, ya que no refutan la evidencia acumulada y revisada por pares que sustenta el consenso científico sobre el calentamiento global antropogénico.
¿Qué demuestra esto? Lo que demuestra es que, lejos de constituir un conjunto de “dogmas inamovibles” como pretenden los negacionistas, el consenso científico sobre climatología puede cuestionarse mediante debate científico riguroso.
e) Peter Ridd
Peter Ridd es un físico y profesor de la Universidad James Cook de Australia, que fue despedido en 2018 por esa misma universidad. Según los negacionistas, el despido se habría producido por sus críticas a quienes sostenían que la Gran Barrera de Coral estaba muriendo por culpa del cambio climático lo hacían sin base científica. En sus declaraciones, Ridd afirmó:
“La Gran Barrera de Coral no está muriendo por culpa del cambio climático y los informes que dicen lo contrario son exageraciones o están basados en datos incorrectos; los investigadores que sostienen lo contrario malgastan fondos y no aplican métodos científicos rigurosos.”
Entonces, si comprendemos bien la lógica de los negacionistas, muy dados a incurrir en la falacia del disenso romántico, el razonamiento es: “Expulsaron a un profesor por ser escéptico respecto de la tesis oficial sobre el cambio climático; por lo tanto, sus afirmaciones deben ser ciertas.”
Sin embargo, la realidad es más matizada. Independientemente de la validez de sus críticas científicas, Ridd fue oficialmente despedido por la Universidad porque esta alegaba violación del código de conducta y acoso hacia colegas. Ridd demandó a la Universidad por despido injustificado, argumentando que su despido respondía a su ejercicio de la libertad académica al criticar las investigaciones sobre la Gran Barrera de Coral. En 2019, un tribunal laboral australiano falló a su favor y la universidad tuvo que indemnizarlo 1,2 millones de dólares australianos.
Ahora bien, el fallo del tribunal australiano no valida automáticamente las afirmaciones de Peter Ridd sobre el cambio climático o la Gran Barrera de Coral. En primer lugar, cabe señalar – una vez más – que nos encontramos con un científico que no trabaja directamente en su área de especialización: Ridd era físico, especializado en física aplicada y oceanografía experimental, con un enfoque en instrumentación y medición en ambientes marinos.
Además, independientemente de si fue o no expulsado de la Universidad, lo verdaderamente relevante es que las afirmaciones de Ridd han sido refutadas por estudios científicos. Su metodología fue criticada por falta de rigor, pues se centraba en pequeñas muestras o sitios específicos, ignorando la variabilidad geográfica y temporal, y pasaba por alto investigaciones que documentaban pérdida masiva de coral en otras áreas de la Gran Barrera – lo cual es un ejemplo de sesgo de selección de datos o “cherry-picking” [31].
Por el contrario, científicos de la propia Universidad James Cook, del Australian Institute of Marine Science (AIMS) y de otros centros de investigación coralina han publicado numerosos estudios revisados por pares mostrando e blanqueamiento masivo de corales ligado al aumento de temperatura del océano, así como la mortalidad significativa en varias áreas de la Gran Barrera desde la década de 1980 [32].
Si resulta que Peter Ridd fue expulsado de la Universidad James Cook por ejercer su derecho a criticar investigaciones científicas, eso debe ser condenado, además de que es contraproducente para los que sostienen la tesis del cambio climático antropogénico. Pero el hecho de que haya sido despedido no valida automáticamente sus afirmaciones científicas.
2.3 Humor involuntario: Claude Allegre como argumento de autoridad
Aunque parezca un chiste, algunos negacionistas – como es el caso de Bruno Cossío – incluso citan como fuente “académica” a personalidades como Claude Allègre, quien fue ministro francés de Educación Nacional, Investigación Nacional y Tecnología entre 1997 y 2000, durante el gobierno de Lionel Jospin (es decir, durante el gobierno de los homólogos franceses del PSOE, a quien los autores de la revista La Razón Comunista dicen oponerse), bajo la presidencia de Jacques Chirac.
Más allá aparte de su gestión catastrófica de la Educación Nacional en aquella época, sobre la cual no nos vamos a detener, pero que llevó al primer ministro Jospin a exigir su dimisión, la única razón por la que los negacionistas consideran a Allègre como fuente “creíble” es que era físico de formación.
Esto es lo que le permitió hacer numerosas afirmaciones polémicas sobre temas científicos ajenas a su campo de especialización – principalmente geoquímica –, pronunciándose sobre temas como las matemáticas, la vulcanología y, por supuesto, la climatología. Como consecuencia, sus declaraciones han recibido críticas importantes de la comunidad científica [33].
Algunos investigadores han señalado que Claude Allègre “ha salido del mundo de la investigación a partir de los años 1990”, que su escepticismo no se basa “en ningún trabajo científico propio” y que “sus libros dirigidos al gran público le permiten evitar confrontarse a una revisión por sus pares” [34].
Por su parte, Édouard Brézin, antiguo presidente de la Academia de Ciencias de Francia, consideró que Allègre se sirve “de su prestigio para para asentar su autoridad en base a afirmaciones no justificadas en ámbitos que le son ajenos”, señalando que sus “declaraciones sobre las matemáticas o la relatividad general no han tenido otro efecto que ridiculizar a su autor ante los ojos de la comunidad científica” [35].
No haría falta extenderse demasiado sobre este personaje, que no sólo incurría en charlatanería, sino que alcanzaba incluso cotas de ignorancia difíciles de justificar – lo cual da una idea del nivel intelectual de ciertas “autoridades” en las que se apoyan los negacionistas. En su obra Un peu de science pour tout le monde (Un poco de ciencia para todo el mundo), publicada en 2003 y presentada como un libro de divulgación científica, Allègre menciona la célebre medición de la circunferencia de la Tierra realizada por Eratóstenes hacia mediados del siglo III a. C., afirmando que en Alejandría el Sol alcanzaba el cenit en el solsticio de verano iluminando el fondo de un pozo, mientras que en Siena (hoy Asuán) un obelisco proyectaba una sombra el mismo día a la misma hora [36].
En realidad, ocurre exactamente al contrario: Asuán se encuentra sobre el trópico de Cáncer, y allí al mediodía del solsticio de verano, los objetos no proyectan sombra durante el cenit solar. En Alejandría, situada más al norte y fuera de la zona tropical, el Sol nunca alcanza el cénit, por lo que hay sombras todo el año.
¿Hace falta añadir algo más?
3. Otras falacias de error anecdótico (aunque no exactamente)
Para cerrar esta quinta entrega vamos a analizar ejemplos de declaraciones de climatólogos que los negacionistas utilizan – a menudo sacándolas de su contexto – para ejecutar la ya mencionada falacia de error anecdótico. Es preciso subrayar que no se trata aquí de afirmaciones erróneas realizadas por personas sin autoridad epistémica en climatología, sino – insisto – de declaraciones legítimas de climatólogos pronunciadas fuera de un ámbito académico y que suelen ser descontextualizadas. A partir de esta manipulación, los negacionistas intentan presentar dichas afirmaciones como si fueran completamente falsas para, de manera falaz, concluir que el consenso científico sobre el cambio climático carece de validez.
“En 1988 el climatólogo James Hansen dijo que en unos 30 años la parte baja de Manhattan estaría sumergida bajo el Océano.”
En realidad, James Hansen, entonces director del NASA Goddard Institute for Space Studies (NGSS), no dijo exactamente eso. En 1988 presentó unas proyecciones climáticas iniciales sobre el aumento del nivel del mar y el calentamiento global. En aquella época, los modelos eran mucho más rudimentarios, con menos datos sobre corrientes oceánicas, capas de hielo y retroalimentaciones climáticas. Ese mismo año, el 23 de junio, durante una comparecencia ante el Senado de los EE.UU., habló de la relación entre emisiones de CO2 y calentamiento global, pero no dijo que Manhattan estaría bajo el agua en 30 años [37].
Lo que sí se le atribuye, según una entrevista informal que tuvo en 1988 con el periodista Bob Reiss es que, si las emisiones de CO2 seguían creciendo sin control, en unos en 40 años – es decir, hacia 2030 – podrían producirse inundaciones recurrentes en zonas bajas de Manhattan, especialmente en caso de tormentas. Sus palabras fueron textualmente: “La autopista West Side estará bajo el agua” [38]. Se trataba de una ilustración hipotética de los posibles impactos del cambio climático bajo un escenario de inacción, no de una predicción literal de eventos inminentes.
Es cierto que la imagen evocada por Hansen podía parecer exagerada, pero se expresó en el contexto de una entrevista informal, en la que intentaba explicar a un periodista los riesgos futuros en caso de no actuar, planteando un escenario extremo como ejemplo ilustrativo. No fueron afirmaciones publicadas en un artículo científico ni de un testimonio oficial. La manipulación de los negacionistas consiste en convertir una advertencia condicional – planteando un escenario extremo, aunque plausible – en una “predicción fallida” literal.
Pero el hecho de que ese escenario extremo de Hansen no se haya materializado no desacredita 40 años de evidencia acumulada sobre calentamiento global y aumento del nivel del mar. Es importante subrayar que, aunque algunas de las predicciones específicas de Hansen no se han cumplido en el plazo exacto que mencionó, sus advertencias sobre el cambio climático y el incremento del nivel del mar han sido confirmadas la ciencia actual. El consenso científico actual reconoce que el cambio climático es una realidad y que el aumento del nivel del mar es una de sus consecuencias, aunque los plazos y magnitudes exactas pueden variar según los escenarios de emisión y las políticas adoptadas.
De hecho, en 2012, durante el Huracán Sandy, la parte baja de Manhattan quedó inundada debido a la combinación de tormenta y nivel del mar más elevado que en 1988 [39]. Desde 1900, el nivel del mar en Nueva York ha subido unos 30 cm, y se proyecta que hacia 2050 suba entre 25 y 75 cm más. Esto hace que las marejadas ciclónicas sean mucho más peligrosas, justo lo que Hansen advertía.
“El doctor David Viner dijo en el año 2000 que ‘Nuestros hijos no sabrán lo que es la nieve’.”
David Viner, que era climatólogo la Universidad de East Anglia (Inglaterra), no dijo esas palabras en un sentido literal. En marzo de 2000, el diario The Independent publicó una nota titulada Snowfalls are now just a thing of the past, debido a que, en una entrevista informal Viner comentó, en un tono claramente hiperbólico: “Los niños simplemente no sabrán qué es la nieve.” [40] No se trataba de una predicción científica publicada en una revista.
Situando la frase en contexto, lo que Viner quiso expresar era que los episodios de nieve en el sur de Inglaterra se volverían menos frecuentes y menos predecibles, no que la nieve desaparecería por completo de Inglaterra.
De hecho, lo que se ha observado posteriormente es una tendencia hacia inviernos más templados, con menos nieve en zonas bajas, lo cual es consistente con lo que Viner señalaba [41]. Es más, aun suponiendo que Viner hubiera hecho una afirmación literal sobre la desaparición total de la nieve, esto sería completamente irrelevante desde el punto de vista científico, ya que no hay ningún informe del IPCC o de centros climáticos serios que haya sostenido jamás que la nieve fuera a desaparecer en Inglaterra.
Es más, como ya vimos en entregas anteriores, el fenómeno del calentamiento global puede dar lugar a fenómenos que, en apariencia, son contradictorios o contraintuitivos. El hecho de que exista un calentamiento global no implica automáticamente una reducción de la nieve en todos los contextos. De hecho, puede producir el efecto contrario, como hemos visto en la entrega anterior con el ejemplo de los renos del archipiélago de Svalbard en 2019, que murieron de inanición tras episodios de intensas nevadas favorecidas por un mayor contenido de vapor de agua en la atmósfera.
“Los Grandes Lagos de Norteamérica también fueron objeto de varios estudios alarmistas que aseguraban que estaban secándose por culpa del cambio climático. Entonces llegó 2014 y los lagos se llenaron hasta niveles históricos.”
Esta afirmación se basa en una publicación de National Geographic del año 2012, en la que se hablaba de una posible mayor variabilidad en los niveles de agua [42]. A principios de los años 2000, los niveles de los Grandes Lagos registraban niveles por debajo del promedio histórico, en parte debido a sequías y en parte por el aumento de las temperaturas, que incrementaron la evaporación, lo cual dio pie a titulares alarmistas en ciertos medios [43].
Sin embargo, lo que señalaban los estudios científicos serios no era un secado irreversible, sino una alteración del equilibrio hidrológico: los cambios en los patrones de precipitación y evaporación podrían provocar tanto niveles bajos como niveles excepcionalmente elevados de agua. De hecho, pocos años después, en 2014, tras un vórtice polar – una gran corriente de aire frío que gira en sentido antihorario alrededor del Polo Norte – inusualmente frío, se produjo una acumulación masiva de nieve y hielo, lo que llevó a una crecida extraordinaria del nivel de los lagos.
La alteración de los patrones del vórtice polar provocada por el calentamiento del Ártico genera una de las claves menos comprendidas del cambio climático: puede dar lugar a temperaturas más extremas y erráticas en las latitudes medias. Cuando el vórtice polar se debilita o se ondula, el jet stream – una corriente de aire muy rápida y estrecha que fluye de oeste a este – también se vuelve más sinuoso y lento. Esto tiene dos consecuencias principales:
- Intrusiones de aire frío hacia el sur, lo cual genera olas de frío en latitudes medias.
- Intrusiones de aire cálido hacia el norte, lo cual genera olas de calor inusuales en regiones templadas o incluso polares [45].
La consecuencia de ello es que la nueva dinámica atmosférica altera el régimen de lluvias, sequías y deshielos, generando eventos extremos más persistentes. Esto a su vez explica la variabilidad en los niveles de agua en los Grandes Lagos, con periodos de niveles inusualmente altos (2014-2020) y otros de niveles bajos (1999-2013). Existe una abundante literatura publicada en revistas revisadas por pares que respalda esta relación, como el estudio de Jennifer A. Francis y Stephen J. Vavrus (2015) [46], que explica cómo los cambios asociados al calentamiento del Ártico y a la alteración del vórtice polar están vinculados a una mayor persistencia de patrones meteorológicos extremos en el hemisferio norte
Ahora bien, esto no significa que con el cambio climático el clima sea ahora algo completamente caótico e imprevisible, donde no sea posible anticipar variaciones de frío, calor, humedad o sequías. Lo que significa es que, aunque la tendencia general sea un calentamiento inequívoco del planeta, este calentamiento viene acompañado de una mayor variabilidad extrema, que puede generar fenómenos meteorológicos contraintuitivos, que son frecuentemente malinterpretados por los negacionistas, quienes los utilizan para argumentar falsamente que no existe el calentamiento global.
Fuentes:
[1] https://www.oism.org/pproject/
[2] https://www.ucs.org/sites/default/files/2019-09/exxon_report.pdf
[3]https://insideclimatenews.org/news/22122017/big-oil-heartland-climate-science-misinformation-campaign-koch-api-trump-infographic/
[4] https://www.ucs.org/sites/default/files/2019-09/exxon_report.pdf
[5] https://ncse.ngo/misconception-monday-oregon-petition-edition
[6]https://www.gem.wiki/w/index.php?title=Oregon_Institute_of_Science_and_Medicine&utm_source
[7] https://www.tandfonline.com/doi/full/10.1080/16000870.2021.1875727
[8] https://en.wikipedia.org/wiki/Association_of_American_Physicians_and_Surgeons
[9]https://www.larazoncomunista.com/post/qui%C3%A9n-va-ense%C3%B1ando-el-trasero-respuesta-al-negacionismo-clim%C3%A1tico-de-bruno-coss%C3%ADo
[10]https://blogs.lse.ac.uk/internationaldevelopment/2021/09/08/cancel-culture-in-climate-change-the-aborted-conference-on-global-warming-mitigation-strategies/
[11] https://www.desmog.com/2019/10/17/climate-science-deniers-links-big-oil-invited-italian-senate
[12]https://es.weforum.org/stories/2019/09/greta-thunberg-el-desafiante-discurso-de-la-adolescente-sueca-ante-los-lideres-mundiales-en-la-cumbre-del-clima-de-la-onu/
[13] https://latribunadelpaisvasco.com/archive/11658/no-hay-ninguna-emergencia-climatica
[14]https://www.aei.org/carpe-diem/there-is-no-climate-emergency-say-500-experts-in-letter-to-the-united-nations/
[15] https://climatefeedback.org/evaluation/letter-signed-by-500-scientists-relies-on-inaccurate-claims-about-climate-science/
[16] https://climatefeedback.org/evaluation/letter-signed-by-500-scientists-relies-on-inaccurate-claims-about-climate-science/
[17] https://www.desmog.com/climate-intelligence-foundation-clintel/
[18] https://science.feedback.org/review/letter-to-un-was-not-signed-by-500-experts-on-climate-science-breitbart/
[19] https://www.desmog.com/climate-intelligence-foundation-clintel/
[20]https://www.euronews.com/my-europe/2022/09/16/fact-check-did-1200-climate-experts-sign-declaration-denying-climate-emergency
[21] https://www.livescience.com/19640-nasa-astronauts-global-warming-letter.html
[22] https://skepticalscience.com/nasa-climate-denialist-letter.html
[23] https://www.desmog.com/william-gray/
[24] https://www.wsj.com/articles/SB118541193645178412
[25] https://blogs.edf.org/climate411/2007/07/26/grays_hypothesis/
[26] https://www.gfdl.noaa.gov/global-warming-and-hurricanes/
[27] https://heartland.org/about-us/who-we-are/ivar-giaever/
[28] https://ilgiornaledellambiente.it/zichichi-la-causa-del-cambiamento-climatico-e-il-sole/
[29] https://www.jstor.org/stable/469392
[30]https://nap.nationalacademies.org/catalog/12181/carbon-dioxide-and-climate-a-scientific-assessment
[31]https://www.theguardian.com/environment/2019/nov/26/australias-science-academy-attacks-cherrypicking-of-great-barrier-reef-research
[32] https://www.theguardian.com/environment/2025/aug/05/great-barrier-reef-suffers-biggest-annual-drop-in-live-coral-since-1980s-after-devastating-coral-bleaching
[33]https://blogs.mediapart.fr/edition/complices/article/160610/jai-honte-que-claude-allegre-soit-considere-comme-un-de-mes-co
[34] https://fr.wikipedia.org/wiki/Claude_All%C3%A8gre
[35] https://fr.wikipedia.org/wiki/Claude_All%C3%A8gre
[36] Claude Allègre, Un poco de ciencia para todo el mundo, Ediciones Paidós, 2005.
[37]https://www.newyorker.com/news/daily-comment/listening-to-james-hansen-on-climate-change-thirty-years-ago-and-now
[38] https://realclimatescience.com/2012/09/manhattan-underwater-update/
[39]https://tidesandcurrents.noaa.gov/publications/Hurricane_Sandy_2012_Water_Level_and_Meteorological_Data_Report.pdf
[40]https://es.scribd.com/document/196035232/The-UK-Independent-reports-Snowfalls-Things-of-the-Past-Monday-March-20-2000
[41]https://www.the-independent.com/climate-change/news/steve-connor-don-t-believe-the-hype-over-climate-headlines-2180195.html
[42]https://www.washingtonpost.com/archive/politics/2000/04/03/high-and-dry-on-the-great-lakes/dd1e237f-ca51-420b-9155-8942faa1015d/
[43] https://www.ijc.org/en/great-lakes-polar-vortex-2013-14
[44]https://arctic-council.org/news/shifting-winds-how-a-wavier-polar-jet-stream-causes-extreme-weather-events/








