El SAT denuncia que los tomates “Lo Bello” están manchados de miseria laboral

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Níjar (Almería). Los jornaleros y jornaleras de las fincas de Hermanos Gázquez Garrido, en Los Albaricoques, han roto el silencio. Respaldados por el SAT (Sindicato Andaluz de Trabajadores/as), denunciaron públicamente las condiciones laborales que sufren día tras día: salarios por debajo del SMI, fumigaciones sin equipos de protección, falta de agua potable y baños, vacaciones robadas y ausencia total de medidas de prevención.

El 15 de septiembre estaba previsto el inicio de una huelga indefinida, fruto del hartazgo colectivo. Tras una mediación en el SERCLA, se decidió aplazar el paro al 29 de septiembre, a la espera de que la empresa presentase una propuesta. Pero a una semana de la fecha, los trabajadores lo tienen claro: “más allá de las palabras, la empresa no ha mostrado voluntad real de cambiar nada”.


Bajo el plástico: riqueza para unos, miseria para otros

En el campo almeriense, pulmón hortofrutícola de Europa, la riqueza fluye en toneladas de tomates, pimientos y calabacines. Grandes grupos como Caparrós, que comercializa la producción de Hermanos Gázquez Garrido, exportan con marcas atractivas como “Lo Bello” hacia mercados de Alemania y el resto del continente.

Pero detrás de esos envases coloridos hay otra realidad: jornaleros trabajando expuestos a químicos sin protección, cobrando sueldos de hambre y sin los derechos más básicos garantizados.


El papel de las certificadoras

El SAT también señala a las certificadoras —Global G.A.P., GRASP y otras— que otorgan sellos de “calidad” y “responsabilidad social” a productos nacidos en condiciones indignas. “Esas auditorías no sirven para proteger a los trabajadores, solo para blanquear la explotación y tranquilizar a los consumidores europeos”, denuncian.


La huelga como herramienta de clase

Frente a una patronal que incumpliría incluso la legalidad más elemental —el Salario Mínimo Interprofesional—, el SAT apuesta por la huelga indefinida como única vía para conquistar dignidad.

No se trata de una protesta aislada: es la continuidad de una lucha histórica en el campo andaluz, donde el sindicato ha protagonizado ocupaciones, marchas y huelgas para denunciar el modelo agroindustrial que enriquece a unos pocos a costa de la salud y la vida de miles de jornaleros.


Solidaridad obrera

El conflicto de Níjar no es solo un asunto local. Cada caja de tomates que cruza la frontera lleva dentro la contradicción de un sistema que presume de sostenibilidad y derechos humanos mientras pisotea a quienes cultivan los frutos.

Por eso, el SAT llama a la solidaridad de clase: dar voz a los jornaleros, visibilizar su lucha y señalar las responsabilidades de las empresas y de las certificadoras. Porque en el campo andaluz, la cosecha de beneficios no puede seguir construyéndose sobre la miseria obrera.

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