Capítulo II
Siendo parte de Élite
Parte 1
No voy a ahondar mucho en explicar el modo en el que empezamos a organizarnos en redes sociales por razones obvias, pero lo que sí que puedo asegurar de primera mano es que todo el trabajo que se realizó durante aquellos días sentó las bases de un importante movimiento que tenemos hoy y que en momentos ha conseguido ser un verdadero quebradero de cabeza no sólo a Uber, Cabify o a la administración, sino también a muchos que han intentado utilizar la imagen del taxi en su propio beneficio.
La cuestión es que el hecho de poder agruparnos y compartir información y experiencias provocó un efecto llamada que hizo que los grupos se hicieran cada vez más grandes, algo que atrajo la atención de algunos taxistas con cargos directivos en diferentes asociaciones los cuales, vieron en las redes sociales un importante ariete que podía usarse para la defensa del sector que no se había llegado a explotar en condiciones hasta ese momento. Del mismo modo en muchos de los grupos empezaron a coincidir las mismas personas al ser los más activos, por lo que comenzaron a darse a conocer dentro del sector como una especie de “fuerzas especiales” de defensa del taxi en redes sociales. Fue una época de la que guardo muy bien recuerdo porque pese a que ya había alguna rencilla en los grupos entre taxistas que eran de diferentes asociaciones, el ambiente que se respiraba era el de que todas y todos teníamos el mismo objetivo, lo que nos daba la posibilidad de poder crear un frente común para defender a taxi de los ataques de Uber y de Cabify, además de que en ese momento fue cuando el Jefe contactó directamente conmigo para ofrecerme una oferta que no pude rechazar…
Resulta que desde hacía unos meses el Jefe, que había estado observando mi forma de trabajar en redes sociales, vio un cierto potencial en toda esa labor, por lo que acabó ofreciéndome que me hiciera cargo junto con otro compañero de la cuenta de Twitter del sindicato Élite Taxi en Barcelona, una de las organizaciones de trabajadores y trabajadores más importantes no sólo en España, sino a nivel global y la más potente dentro del sector del taxi, siendo ejemplo de lucha contra la uberizacion para decenas de organizaciones a lo largo y ancho del mundo.
Al parecer al Jefe le gustaba mucho mi estilo escribiendo ya que según sus palabras, encajaba en la filosofía de la organización, una forma de hacer las cosas totalmente alejadas a las asociaciones tradicionales ya que la mayor parte de su actividad giraba sobre la lucha en las calles mediante grandes paros y manifestaciones, algo que para mí fue una suerte ya que me permitió seguir creciendo pero ya siendo parte de un sindicato de forma oficial y al lado de una de las personas más influyentes del sector.
Y es que mucho antes de que yo comenzase a trabajar para Élite, el Jefe ya era bastante conocido por su entrega y su lucha. Además, siempre he creído que tiene un don para escoger a la gente, y no lo digo por mí en particular, sino que es algo que hasta él mismo ha admitido en multitud de ocasiones en base a los resultados, lo que para mí es un orgullo porque ser reconocido por una de las personas más inteligentes y con más valor para tirar adelante que conozco es un gran halago. No obstante, seguramente esta descripción se quedará corta porque a día de hoy y desde hace tiempo, considero al Jefe como un hermano mayor para mí. Creo que con esto está todo dicho.
Volviendo al momento en el que me dieron las riendas del Twitter de Élite, sólo puedo reconocer que al principio me sentí como una auténtica “rockstar” dada la gran responsabilidad y el reconocimiento a mi labor que significaba que me hubieran otorgado esta oportunidad. Por fin había conseguido que mi trabajo diera mis frutos y era la primera vez que realmente era considerado por ello. Aunque nada más lejos de la realidad, ya que en ese momento no era consciente de lo que se me venía encima (y no lo digo como algo negativo). Tengo que confesar que pese a la euforia inicial, una vez me puse a los mandos de la cuenta me empezaron a temblar las piernas y me entró bastante vértigo sólo con comprobar el tráfico tan bestial que estaba generando y la repercusión tan fuerte que alcanzaba cada tuit o cada reacción que publicaba. Y no sólo eso, ya que al haberse convertido en el perfil de referencia del sector, pude comprobar como el Twitter de Élite recibía decenas de mensajes privados prácticamente a diario de otros taxistas, de clientes, de periodistas, de compañeros y compañeras de otros colectivos e incluso de algunos ciudadanos que de vez en cuando nos hacían consultas sobre el servicio, pero también de personas que nos insultaban e incluso en los casos más extremos, con amenazas. Esto último es lo que peor he llevado incluso a día de hoy porque en política también se da mucho.
Así pues, había pasado de actuar como un guerrillero moviéndome en la selva a disponer de un auténtico tanque soviético con todo un auténtico ejército por delante, ya que en poco tiempo, de una cuenta personal que apenas llegaba a los 300 seguidores, acabé trabajando con los casi 7000 que tenía Élite en ese momento y que día a día iba aumentando con más velocidad.
Por otra parte, pese a que el Jefe me dió total libertad para poder gestionar la cuenta los conocimientos que había estado adquiriendo en las prácticas de mi trabajo sólo me sirvieron para entender el mecanismo de la red social, algo que por desgracia no era suficiente para poder gestionar la cuenta de Élite con total soltura ya que el lenguaje que había estado aprendiendo, tan correcto y casi automatizado no tenía nada que ver con el tono que querían darle al perfil del sindicato que era directo, humano y muy desenfadado, por lo que decidí buscar otra estrategia diferente a lo que había aprendido para aprovechar el gran poder de difusión que tenía entre manos. De este modo tenía que convertir la corrección y frialdad que significaba hablar como una administración en algo que pudiera llamar la atención tanto del público en general como de medios y de políticos, pero sobre todo tenía que servir para mejorar y promover la imagen del taxi ante la sociedad en redes sociales y no porque la labor de los taxistas fuera mala, sino porque lo que vendían los medios y que luego se trasladaba a Twitter no era la mejor por culpa de las mentiras y las campañas orquestadas contra el sector, tal como se comprobó en los Uber Files. Por esa razón intenté hacer un gran esfuerzo para aprender a manejar de manera eficiente el perfil de Élite con la ayuda del otro compañero con el que compartía la labor y con la del Jefe, que de vez en cuando se pasaba por el perfil para animar un poco la cosa, ya que sus mensajes eran bastante más hirientes y explícitos que los nuestros, en mi opinión porque iban dirigidos con la intención generar impacto (que ya era un logro) pero además, rápidamente y de manera más contundente y sobre todo con bastante mala leche sin complejos y contra cualquiera que perjudicase al taxi ya estuviera considerado enemigo o aliado, algo que me hizo descubrir que la incorrección política además de para llamar la atención puede ser un arma muy potente en la lucha por los derechos. Y si Élite se ha caracterizado por algo en toda su historia ha sido por ser, como dice un de sus eslóganes “Políticamente incorrectos”. Es decir, el taxi por delante, no nos casamos con nadie.
Por otra parte, uno de los días más intensos que pude vivir siendo unos de los community manager de Élite taxi Barcelona fue precisamente poco después de comenzar con esta labor cuando ganamos el juicio a Uber en el TJUE. En este caso, el Alto Tribunal europeo nos dio la razón frente a Uber sobre una denuncia que Élite había presentado unos años antes ante el TSJ de Catalunya contra el gigante de Silicon Valley por mentir sobre su actividad real, lo que le permitió operar ilegalmente durante años con vehículos particulares, entre otras cuestiones.
Así pues, gracias a la denuncia de Élite taxi Barcelona el TJUE pudo sentenciar que Uber es una empresa de transporte tal como estaban reclamando los taxistas catalanes y no de servicios de intermediación, como el gigante norteamericano se declaraban para poder evadir impuestos y justificar los abusos a los usuarios y usuarias (que por desgracia, siguen realizando incluso a día de hoy).
Como consecuencia de la victoria de Élite se consiguió la ilegalización de la modalidad Uber Pop, se demostró que las prácticas de la plataforma suponían un peligro muy grave y a la vez se nos abrió un nuevo frente muy importante contra la compañía estadounidense.
Además esta sentencia significó una de las victorias más significativas fuera de nuestras fronteras para el taxi, algo que nos dió el impulso necesario para comprender cuál era el camino que había que seguir para poder defendernos de Uber y su obsesión por extinguir a los taxistas en los tribunales a la vez que nos reafirmaba con una serie de argumentos jurídicos que seguimos aprovechando a día de hoy para ejecutar acciones contra estas empresas.
Por mi parte, llegué a la conclusión de que nuestro objetivo no era enfrentarnos a todos esas personas, medios o entidades que se dedicaban a atacar y a mentir sobre los taxistas, sino que se trataba de trasladar a la sociedad todas esas razones que hacían y siguen haciendo del taxi un servicio de transporte público, profesional, asequible y seguro y por supuesto mejor que el de las plataformas a la vez que advertíamos sobre los abusos de Uber, Cabify, Bolt y todas éstas plataformas.
Por otra parte, como ya he explicado anteriormente, por mi trabajo estaba acostumbrado a revisar un buen número de contratos de prestación de servicios en busca de las típicas “letras pequeñas” y de cláusulas “poco claras” de empresas que prestaban servicios de telecomunicaciones, con el fin de poder ayudar a cualquier ciudadano o ciudadana contra los abusos de todas estas compañías por lo que se me ocurrió también volver a examinar de manera más exhaustiva los contratos de Uber y de Cabify pero ahora con la sentencia del TJUE en la mano para poder de comprobar si encontraba algo “turbio” dentro de todas esas decenas de condiciones que las plataformas obligaban a aceptar a sus clientes.
Tengo que reconocer que no me resultó muy difícil detectar varias cláusulas contractuales que requerían de un análisis más minucioso porque a priori, podían suponer un verdadero escándalo, ya que vulneraban claramente muchas de las normas que afectaban a los derechos de los usuarios y de las usuarias de sus servicios.

Para realizar esta labor en principio me centré sobre todo en preceptos tanto de la ley de servicios de la sociedad de la información (ya que Uber y Cabify se declaran como empresas de este tipo pese a ser empresas de transporte) como de la Ley General para la Defensa de los Consumidores y Usuarios y del Reglamento General Europeo de Protección de Datos (aunque en ese momento se aplicaba más la Ley Orgánica de Protección de datos) y cual fue mi sorpresa que al final, que tras muchos meses de trabajo siguiendo está línea, conseguí encontrar algo bastante peor y más grave de lo que me había imaginado: Los contratos de Uber y de Cabify además de incumplir decenas de leyes en diferentes ámbitos, tenían una cláusula idéntica que atentaba de manera muy grave contra los derechos de sus mismos usuarios y del resto de actores de la movilidad y a la vez demostraba que estaban realizando una actividad totalmente desleal (me atrevería a decir que incluso ilegal) contra los taxistas, a los que además dejaba en una clara posición de desventaja frente a todas estás plataformas. Todo se reduce a que Uber y Cabify, pese a que obligan al usuario a contratar bajo las condiciones y los precios que ellos mismos establecen, se lavan las manos totalmente sobre la seguridad del servicio de transporte que prestan, dejando esta responsabilidad en manos del conductor el cual, no tiene ninguna relación con el cliente y ni tampoco tiene ninguna obligación ni relación laboral con Uber o con Cabify. Es decir, descubrí que Uber y Cabify no garantizan ni que el pasajero esté cubierto en caso de un accidente o robo, ni que el conductor esté capacitado para realizar el servicio de transporte o directamente, para conducir cualquier vehículo, ni que los vehículos que usan estás empresas cumplan los requisitos legales y técnicos que establece la ley para realizar este tipo de actividad, poniendo en peligro de este modo no sólo al usuario o usuaria, sino también al resto de vehículos y peatones. Y no sólo eso porque además, tras este descubrimiento también encontré otra cláusula en la que Uber y Cabify obligaban al cliente a comprometerse a no reclamarles si les sucedía algo durante el viaje pese a que como indicaba, estaban obligados a contratar el servicio con ellos bajo sus condiciones.
En conclusión, Uber y Cabify son muy peligrosas y esto lo demuestra. Una realidad que mucha gente no sabe, otros ignoran, demasiados esconden y que sería sólo la punta del iceberg de todo lo que vendría después. Por fin, los taxistas tenían un arma que demostraba el riesgo para la seguridad que suponían éstas empresas más allá de sus advertencias y de las cientos de denuncias de usuarios que se empezaban a hacer públicas de estos problemas pese a los esfuerzos de Uber y Cabify por ocultarlas, sobre todo en redes sociales.
De este modo además, nos dimos cuenta de que con estas prácticas, Uber y Cabify no hacían más que realzar la figura del taxi como un servicio bastante mejor, pero sobretodo seguro y eficiente a diferencia de ellos, por lo que tuve la suerte de disponer de la mejor herramienta para poder trasladarlo al público, en este caso la Élite Taxi Barcelona, aprovechando sus miles de seguidores y el poder de difusión que había ido adquiriendo sobre todo tras la sentencia del Tribunal de Justicia de la Unión Europea que nos había dado la razón sobre que Uber no era una empresa de la sociedad de la información sino de transporte.








