Meses de violencia xenófoba en Sudafrica

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Julián Gómez-Cambronero Alcolea @CongoActual elcongoenespanol.blogspot.com

Sudáfrica lleva meses viviendo una violenta oleada de xenofobia que ha sembrado el terror entre la población inmigrante. Aunque Sudáfrica nos suene siempre a racismo y segregacionismo, esta vez la cuestión es otra, por lo que conviene recordar lo que significa xenofobia: Odio, repugnancia u hostilidad hacia los extranjeros.

El problema no es nuevo. En 2008 los ataques xenófobos acabaron con la vida de 62 inmigrantes en todo el país y 200.000 tuvieron que huir. En 2015, el sociólogo británico Patrick Bond escribía sobre Sudáfrica: En la superficie, somos testigos de una explosión de activismo anti-racista entre los sudafricanos más ilustrados -jovenes académicos negros que tratan de romper los restos de poder de un apartheid residual- pero al mismo tiempo, una implosión xenófoba está causando estragos en los estratos socioeconómicos inferiores.

En 2019 corría este wasap:

*A todos los extranjeros en Sudáfrica *

Os damos un mes para que empaquetéis vuestras cosas y salgáis de Sudáfrica, tengáis o no tengáis permiso de trabajo. Solo esperad a que votemos el 8 de mayo, luego el lunes 13 cerraremos las carreteras y pararemos a todos los taxis. (…) No digáis que no os avisamos.

Johannesburgo sufrió sucesivos brotes xenófobos con disturbios, saqueos y la muerte de siete personas. Lo que los impulsaba, según France 24, no puede sernos más familiar: La presunta criminalidad de la que son acusados cientos de migrantes en sus entornos de pobreza se ha convertido en el detonante de los ataques que el 1 de septiembre terminaron en la incineración de un edificio ocupado por algunos de ellos.

Este año fue entre abril y mayo cuando comenzaron las protestas contra los inmigrantes. Para septiembre, 180.000 se habían tenido que ir de Sudáfrica con tan poco como lo que trajeron y, en muchos casos, tras años viviendo en el país, incluyendo a niños y niñas hijos de inmigrantes, pero nacidos en el país, y que volvían al de sus padres sin siquiera un certificado de nacimiento. Como en ocasiones anteriores, se puso una fecha tope para que los inmigrantes salieran voluntariamente del país para evitarse males mayores y el 30 de junio se produjeron manifestaciones por todo el país.

Sudáfrica para los sudafricanos

El país registra más de un 30% de desempleo y graves problemas económicos.

No somos xenófobos. Lo que queremos es que los inmigrantes indocumentados regresen a sus países para que los recursos limitados beneficien a los sudafricanos, especialmente a los pobres, que son quienes más sufren. Todos los países dan prioridad a sus propios ciudadanos. ¿Por qué no iba a hacerlo Sudáfrica?, decía una de las líderes Marcha and March, organización partidaria de expulsar a los inmigrantes. Otras voces de la protesta, como un líder zulú, también se apartaba de conceptos como el odio y afirmaba que no odiaban a nadie y solo querían recuperar su país.

Sudáfrica cuenta con unos tres millones de inmigrantes que trabajan principalmente en la construcción o tienen pequeños negocios, si son hombres, o en el servicio doméstico, si son mujeres. Un 5% de la población total procedentes de países vecinos u otros africanos, la inmensa mayoría negros, como la mayoría de la población sudafricana.

Países distintos, mismos argumentos

Quitan el trabajo a los nacionales, empeoran los servicios disponibles para la población, aumentan la delincuencia -y en Sudáfrica hay mucha-, son los argumentos contra ellos y ellas. Desde el gobierno se han condenado los ataques y tomado duras medidas contra los autores. El presidente Cyril Ramapohosa, partidario de frenar la inmigración ilegal, aunque reconoce que complica el disfrute de los servicios sociales y tensa la situación de seguridad, mostraba un relato muy distinto al de los ultranacionalistas: La inmigración ilegal no es la causa de todos nuestros problemas económicos.

En 2018 la OCDE y la OIT calculaban que los inmigrantes aportaban el 9% del PIB sudafricano y tenían un balance fiscal positivo, al pagar más impuestos que los nacionales.

En el momento de escribir este artículo, el Ejército sudafricano había desplegado medio millar de soldados en Durban, tras semanas de ataques a inmigrantes africanos -y algunos sudafricanos, sospechosos de no serlo- o a pequeños negocios, con un balance trágico de una persona asesinada. 260.000 personas, muchos de Zimbabwe, habían vuelto a sus países de origen para proteger su vida, pagando con retornar a la pobreza que dejaron.

Todo ello en lo que alguien en Sudáfrica ha denominado “un enfrentamiento de pobres contra pobres”.

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