Julián Gómez-Cambronero Alcolea @CongoActual elcongoenespanol.blogspot.com
Cuando rascas un poco en conflictos como las guerras africanas, desconocidas casi todas, aparece enseguida otro conflicto, paralelo, destructivo, y más ignorado aún, porque casi nunca nadie hablará de él. En este otro conflicto soterrado los bandos beligerantes no se enfrentan y, aunque cada uno por su cuenta, van decididos contra otra bando que no combate y solo sufre.
Esta vez nos toca ir a Cabo Delgado, en Mozambique, una guerra relativamente conocida por aquí, porque en ella ocurren dos cosas que nos interesan mucho: hay en juego recursos energéticos y minerales y un riesgo de que estos caigan en manos yihadistas. Allí la francesa TotalEnergies -apuntad este nombre, hablando de África y de hidrocarburos en juego, aparecerá más de una vez- inició en 2019 uno de los mayores proyectos de gas licuado del mundo, con una inversión de 20.000 millones de dólares. La violencia en la zona no era nueva pero los ataques armados de los yihadistas contra el proyecto lo paralizaron en 2021 durante cuatro años. Ahora se espera que en 2029 dé sus primeros frutos. En Cabo Delgado también se encuentra una de las mayores minas de rubíes del mundo, hay grafito y sus bosques y litoral también son fuente de riqueza.
La disputa por todo ello ha costado ya al menos seis mil vidas y ha obligado a marcharse de sus hogares a 1,3 millones de personas. La Unión Europea también ha puesto su granito de arena aportando financiación al Ejército mozambiqueño y a Ruanda, para apoyar a éste. Varios de los principales oficiales que dirigieron estas fuerzas en Mozambique también participaron apoyando al M-23 o interviniendo en territorio congoleño.
Pero, claro, hay más, mucho más. Tanto que la propia ONU lo investigó, elaboró un informe… y lo guardó. Forbidden Stories, una red internacional de periodistas de investigación, se hizo con él y lo hizo público. En él aparecen testimonios recogidos sobre el terreno por la ONU entre enero y abril de 2024 y muestran unas víctimas concretas, recurrentes e indefensas: las mujeres y niñas mozambiqueñas de Cabo Delgado. De un lado están ellas, de otro los militares mozambiqueños, los yihadistas… y los empleados de TotalEnergies.
Trabajar en Total Energies pagando con sexo
El trabajo en la zona ha sido reclamo para muchas mujeres que han acudido desde distintos puntos alejados. Allí más de una se ha encontrado que para optar a algún puesto había que pasar por la cama de empleados de la empresa o subarrendadas lo que, por otra parte, no era ninguna garantía.
Les dicen a las mujeres y a las niñas que si se acuestan con ellos, les darán trabajo. Ellas aceptan, y los hombres les dicen ‘el trabajo llegará pronto’, pero a veces nunca llega, contaba una residente.
De por medio andan también los empleados de una empresa de seguridad que acaba enlazando con otras hasta hundir sus raíces en el régimen ruandés y el partido que gana todas las elecciones “por goleada” en Ruanda.
TotalEnergies, que en el informe de la ONU no aparece con su nombre sino como “empresa energética multinacional” se defendía de todo ello por tener un mecanismo para reclamaciones sobre ese tipo de abusos y “no haber recibido ninguna queja”.
Muchas de estas mujeres que acuden buscando trabajo y no lo consiguen quedan “varadas” en la zona sin más opción para sobrevivir ellas y sus familias que entregarse a la prostitución con civiles y militares.
Combatientes entre ellos y contra las mujeres
Como en otras explotaciones ocurre, muchos soldados son en realidad vigilantes armados a sueldo de TotalEnergies, y en esa condición están acusados de secuestros, torturas y asesinatos en un número que podría sumar centenares de víctimas. Pese a la ingenuidad que muestra TotalEnergies y su sistema de quejas, ReCommon, organización italiana de responsabilidad corporativa, tuvo conocimiento de que la multinacional francesa había sido informada de algunos de estos casos. A finales del año pasado la organización Centro Europeo de Derechos Constitucionales y Humanos (ECCHR) denunció en Francia a TotalEnergies por complicidad en crímenes de guerra, tortura y desaparición forzada de decenas de civiles.
En su situación de poder, muchos militares están involucrados en violaciones, incluso de menores, y en redes de prostitución en la zona, además de matrimonios infantiles y embarazos precoces. También, como tantas veces ocurre, apenas se presentan denuncias, por miedo y porque se quedan en nada, como mucho un día de arresto o un traslado para el violador.
Ya en combate, y según Amnistía Internacional, tras el ataque de los yihadistas a Quissanga, las fuerzas gubernamentales estuvieron trasladando durante el mes siguiente civiles a sus bases, matando a los hombres y violando a las mujeres.
El último actor de esta guerra contra las mujeres, los yihadistas, suman a sus atrocidades el secuestro de mujeres en las zonas que ocupan a las que convierten en esposas y trabajadoras como esclavas en sus bases militares. Todo ello hace de Cabo Delgado otro lugar más en el mundo donde las mujeres y niñas no pueden vivir y del que no pueden huir.








