Néstor Siurana, geógrafo experto en África Subsahariana https://x.com/NestorSiurana
Bajo el Atlántico duerme un gigante cuya posesión definirá el control de la tecnología del futuro. Es el Monte Tropic, un antiguo volcán sumergido que alberga una de las mayores reservas mundiales de telurio y tierras raras. España y Marruecos pugnan silenciosamente por él.
El interés por el Monte Tropic escaló drásticamente tras expediciones oceanográficas que confirmaron su riqueza mineral. El monte posee costras de ferromanganeso con concentraciones de telurio hasta 50.000 veces superiores a las de la corteza terrestre convencional, además de ingentes cantidades de cobalto. Para la Unión Europea, este yacimiento representa una oportunidad única para romper su dependencia estratégica de suministros controlados por potencias como China. Quien logre el derecho de explotación del Tropic no solo obtendrá un beneficio económico multimillonario, sino también una ventaja geopolítica incalculable en la carrera por la soberanía tecnológica global.
La disputa formal se juega principalmente en los despachos de las Naciones Unidas bajo las directrices de la Convención sobre el Derecho del Mar (CONVEMAR). El mapa de la discordia se compone por los siguientes factores: La posición geográfica. El Tropic se sitúa a unas 270 millas náuticas al sur de la isla de El Hierro, quedando técnicamente fuera de las Zonas Económicas Exclusivas (ZEE) habituales de 200 millas de ambos países.
¿La estrategia de España cuál es? En 2014, el Gobierno español solicitó formalmente ante la ONU la ampliación de su plataforma continental hasta las 350 millas náuticas al oeste de Canarias. Esta petición se fundamenta en rigurosos estudios científicos del Instituto Geológico y Minero de España (IGME), que demuestran que el monte Tropic forma parte de la misma continuidad geológica y actividad volcánica que originó las Islas Canarias.
¿Y cuál fue la contraofensiva de Marruecos? En 2020, el Parlamento de Rabat aprobó de manera unilateral dos leyes para delimitar sus fronteras marítimas, anexionando las aguas adyacentes al Sáhara Occidental y solapándose directamente con la proyección canaria. Marruecos argumenta que la plataforma continental africana se extiende de forma natural hacia el océano, englobando al monte bajo su área de influencia económica.
Para Canarias, esta pugna transciende la geología; afecta de lleno a su seguridad marítima, control pesquero y soberanía frente a un vecino en constante expansión legislativa y militar. Rabat utiliza hábilmente su posición estratégica frente a Madrid mediante políticas de «zona gris», entrelazando las negociaciones de las fronteras marinas con otros temas críticos como el control de los flujos migratorios hacia el archipiélago y la cooperación antiterrorista. Los giros en la postura diplomática española respecto al conflicto del Sáhara Occidental también han añadido complejidad a las mesas de negociación sobre la mediana marina equitativa entre Canarias y el continente.
La batalla por el Monte Tropic es el reflejo exacto de los conflictos internacionales del siglo XXI, donde la diplomacia tradicional se topa con la fiebre por los recursos de la transición energética. Aunque la tecnología para realizar minería a gran escala a más de 1.000 metros de profundidad tardará aún años en consolidarse, la soberanía sobre el mapa se decide hoy. España busca asegurar sus derechos históricos basados en la ciencia del suelo marino, mientras Marruecos proyecta su ambición de potencia ribereña indiscutible en la región.
En este tablero, las Islas Canarias no son un simple espectador ultraperiférico, sino el baluarte geográfico clave sobre el cual el Estado español y la Unión Europea defienden su futuro industrial y tecnológico.








