El convenio de ARTE reabre el conflicto laboral en el textil: la CIG denuncia una “igualación a la baja”

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Las movilizaciones contra el convenio estatal de ARTE han vuelto a poner sobre la mesa un viejo debate del movimiento obrero: quién negocia las condiciones laborales y al servicio de qué intereses se construyen los marcos de negociación colectiva.El acuerdo firmado entre la patronal Asociación Retail Textil España (ARTE) y los sindicatos CCOO y Fetico afecta a decenas de miles de trabajadoras de grandes cadenas del comercio textil y del calzado: Zara, Bershka, Pull&Bear, Primark, H&M, Mango o Springfield, entre otras.

Presentado por sus impulsores como un avance para homogeneizar derechos en el conjunto del Estado, el convenio ha encontrado una fuerte contestación en Galicia, donde la Confederación Intersindical Galega (CIG) encabeza huelgas y protestas contra lo que considera un retroceso histórico.

La oposición sindical no se explica únicamente por el contenido concreto del texto, sino por el modelo laboral que representa. La CIG sostiene que el convenio estatal erosiona la capacidad de los convenios provinciales —especialmente fuertes en A Coruña y Pontevedra— para seguir mejorando salarios, descansos y condiciones laborales. En otras palabras: la crítica central es que el nuevo marco puede servir para rebajar conquistas logradas mediante años de movilización obrera.

Las trabajadoras gallegas del textil llegan a este conflicto después de un ciclo de luchas muy significativo. Las huelgas desarrolladas en los últimos años en Inditex y otras cadenas consiguieron incrementos salariales notables y situaron en el centro del debate las condiciones de un sector altamente feminizado, marcado por la parcialidad, la flexibilidad horaria y la dependencia de campañas comerciales cada vez más agresivas. Ese proceso consolidó una conciencia sindical importante entre amplias capas de dependientas y personal de tienda. Por eso las protestas actuales tienen también un fuerte componente político y territorial.

El lema “Aquí traballamos, aquí negociamos” resume la defensa de la negociación colectiva de proximidad frente a un modelo centralizado impulsado desde Madrid por las grandes multinacionales del sector. La CIG reclama que Galicia mantenga capacidad propia de negociación y denuncia que el convenio estatal responde principalmente a las necesidades organizativas de grandes grupos empresariales como Inditex.

Desde el sindicato nacionalista se acusa a ARTE de buscar un marco homogéneo que facilite la gestión de plantillas a escala estatal reduciendo el peso de las provincias donde las condiciones laborales son más favorables. La crítica apunta directamente al riesgo de que la unificación normativa acabe funcionando como mecanismo de contención salarial y disciplinamiento de la fuerza de trabajo.

CCOO rechaza estas acusaciones y defiende que el convenio introduce mejoras en numerosos territorios del Estado donde las condiciones eran inferiores. El sindicato sostiene que el acuerdo fija mínimos comunes más elevados y niega que implique automáticamente la desaparición de los convenios provinciales. Sin embargo, para la CIG y otros sectores críticos, el problema no reside únicamente en el suelo salarial, sino en la correlación de fuerzas que se establece a partir del nuevo marco estatal.

La dimensión del conflicto refleja además una transformación más amplia del capitalismo español. El comercio textil se ha convertido en uno de los grandes laboratorios de la precarización contemporánea: jornadas parciales involuntarias, disponibilidad total, apertura creciente en festivos, digitalización del trabajo y presión constante sobre productividad y ventas. Frente a ello, las trabajadoras han demostrado en los últimos años una capacidad de organización inesperada para un sector tradicionalmente fragmentado. Las huelgas en Galicia muestran precisamente esa nueva realidad. Lejos de la imagen de pasividad asociada al retail, cientos de dependientas han protagonizado piquetes, manifestaciones y cierres de tiendas en ciudades como Vigo, A Coruña o Santiago.

El conflicto de ARTE evidencia así que el sindicalismo combativo mantiene capacidad de arraigo en sectores feminizados y de servicios, cada vez más centrales en la estructura económica. Lo que está en juego supera, por tanto, un simple desacuerdo técnico sobre tablas salariales. La disputa enfrenta dos modelos de relaciones laborales: uno basado en la centralización negociadora y la homogeneización estatal; otro apoyado en la capacidad de organización territorial y en la defensa de marcos propios conquistados mediante la movilización.

En un contexto de inflación persistente, encarecimiento de la vida y beneficios récord de las grandes multinacionales del textil, las protestas contra el convenio de ARTE expresan también un malestar más profundo. El conflicto recuerda que la lucha por el salario y el tiempo de trabajo sigue siendo uno de los principales terrenos de confrontación entre capital y trabajo en la economía contemporánea.

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