Por Pilar Aguilar Carrasco (presidenta del Partido Feministas al Congreso, PFAC)
Muchas ya sabréis que, el 30 de este mes, se organiza en Barcelona un encuentro feminista.
La iniciativa toma como punto de referencia las I Jornades Catalanes de la Dona que se celebraron en esas mismas fechas, hace 50 años.
El feminismo tiene historia y es muy importante conocerla y rendir homenaje a las feministas que nos precedieron. Pero el objetivo de esta jornada no es el de cultivar la nostalgia sino el de aprender del pasado para vigorizar el presente. Así lo demuestran los tres bloques de contenido programados: El ayer feminista, El hoy y El futuro.
Yo, dada mi edad, participo en el primero, aunque lo hago representando a las que, por aquel entonces, aún no éramos feministas.
Algunas dirán: “Y, entonces ¿qué haces ahí?” Pues dar testimonio de quienes, como yo, sin ser resignadas sumisas, no teníamos, sin embargo, conceptualizada la dimensión estructural de nuestra opresión, carecíamos de marco de referencia, y, por lo tanto, no participábamos en la lucha feminista. De esa historia, también se pueden sacar lecciones para el presente.
Yo, cuando se celebraron las Jornades del 76, estaba exiliada en Francia. No pude volver a España hasta meses más tarde, al decretarse la amnistía. Estaba exiliada porque en el 68 empecé a militar en un partido marxista-leninista-maoista (clandestino, por supuesto). Fui detenida en dos ocasiones. En la segunda, el juez me envió a prisión. Salí unos meses más tarde en libertad provisional bajo fianza en espera del juicio. Escapé a una nueva detención por los pelos (y con mucha suerte), crucé los Pirineos y pedí asilo político en Francia.
Ahora bien, pensaréis: “Bien, luchabas contra el franquismo, pero en Francia, desde principios de los años 70, el movimiento feminista era muy activo ¿y por qué no militabas, además, en él?”
Pues, por una parte, porque los exiliados seguíamos muy comprometidos con la militancia antifascista. Estábamos muy centrados y dedicados a promover esa lucha entre los emigrantes (y, ocasionalmente, entre los turistas españoles, a los que abordábamos para venderles nuestra prensa y darles propaganda). Frecuentábamos también a franceses y francesas que nos apoyaban y colaboraban con nuestros objetivos democráticos, pero nunca tuve la suerte de tratar con ninguna feminista.
Y este último dato es clave, porque, yo y bastantes otras percibíamos las limitaciones y cadenas que se nos imponían solo por ser mujeres, pero sentir esa desazón no basta. Necesitas comprender que tu situación nace y se asienta en una estructura; que la opresión no es natural sino construida y, por lo tanto, no es irremediable. Además, para ser feminista hay que insertar la rebelión personal en la colectiva. No olvidemos lo que dijo de Beauvoir: el feminismo es una forma de vivir individualmente y de luchar colectivamente.
Es decir, ayer como hoy, cuando sufres oprobios, injusticias y agresiones necesitas comprender que no, que no es una fatalidad, ni producto de tu mala suerte o de tu debilidad personal. Necesitas que el feminismo te desmonte tales falacias y te incorpore a la lucha por la liberación de todas.
La siguiente lección que aprendí es que los partidos (salvo los partidos feministas, claro) eran y son irremediablemente patriarcales. Así, el partido donde yo militaba -en teoría hiper revolucionario- se mostraba, sin embargo, totalmente ajeno a la opresión específica de las mujeres. Y, por supuesto, mis rojos camaradas, en su vida privada, podían ser tan machistas como cualquier camisa azul. Es decir, en esos partidos funcionaban y funcionan los mismos mecanismos de misógina y de desvalorización de las mujeres que funcionan en el resto de la sociedad.
Cuando, en el tardofranquismo, el movimiento feminista cobró brío, todos los partidos se apresuraron a montar sus propias organizaciones “de mujeres”. Centraban sus demandas en la carestía de la vida, la exigencia de servicios para los barrios, la educación, las condiciones laborales, etc. Aunque, frente al empuje de las feministas, no tuvieron más remedio que ir incorporando las reivindicaciones específicas que exigía el feminismo. Esta es otra lección: hoy como ayer, los partidos generalistas solo atienden nuestras demandas en la medida en la que el movimiento feminista sea fuerte. Y, por supuesto, siempre lo hacen tratando de capitanearlo y llevarlo a su terreno.
En estos 50 años las mujeres hemos conseguido grandes avances, pero el patriarcado sigue vivo. Frente a nuestros logros, intenta adaptar su estrategia de sumisión y sus prácticas de opresión. Así, antes, los partidos rechazaban llamarse feministas; ahora, hacen lo contrario: todos (salvo la derecha más cerril) se autoproclaman tales, aunque, en los 8 años que llevan gobernando, lejos de atender nuestras exigencias, su objetivo ha sido el de minar, debilitar y aislar por todos los medios al movimiento feminista.
Pero seguimos dispuestas a luchar otros cincuenta años más. Y quien dice cincuenta, dice todos los que sean necesarios.
Si aún no lo habéis hecho, inscribíos en la Jornada del 30 de mayo: https://www.50anysjornadesdones.cat/es/








