Los cuidados importan (menos que el fútbol)

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Cómo nos distraen mientras privatizan lo esencial

Mientras las tertulias se encienden debatiendo si Florentino Pérez dijo tal o cual, si es machista o no, o sobre sus “memeces”, hay una realidad que sigue intacta, silenciosa y precaria: el sistema de cuidados en España está completamente privatizado, y eso es mucho más grave que cualquier declaración polémica.

Cuando cuidar es un negocio

El Servicio de Ayuda a Domicilio (SAD) es la columna vertebral invisible de nuestro estado del bienestar. Son miles de trabajadoras —mayoritariamente mujeres— las que cada día entran en hogares ajenos para cuidar de personas mayores, dependientes o enfermas. Sin ellas, el sistema colapsaría. Y sin embargo, sus condiciones laborales son indignas: salarios de miseria, jornadas parciales involuntarias, desplazamientos sin cobrar, y una precariedad estructural que las convierte en las olvidadas del mercado laboral.

¿Por qué? Porque el SAD está externalizado, privatizado, mercantilizado. Las administraciones públicas sacan a licitación estos servicios, y las empresas privadas —muchas veces grandes constructoras y multinacionales— se los adjudican al mejor precio, no al mejor servicio. El resultado es predecible: se recorta donde más duele, en las trabajadoras.

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Los culpables no son solo “malas empresas”

Aquí es donde entra la hipocresía colectiva. Mientras nos escandalizamos por declaraciones de poderosos (que sí, pueden ser reprochables), silenciamos quiénes son los verdaderos beneficiarios de este sistema.

Florentino Pérez, por poner el ejemplo más sonado, no es solo el presidente del Real Madrid. Es el máximo accionista de ACS, una de las mayores constructoras del mundo, que se beneficia directamente de la privatización de servicios públicos, incluidos los cuidados. Pero claro, debatir sobre esto es incómodo. Es más fácil discutir sobre si dijo algo machista o no, porque eso no cuestiona el sistema económico, solo la anécdota.

Esta es la gran trampa: nos entretenemos mirando el dedo (las declaraciones, los escándalos personales) mientras nos roban la luna (la estructura que perpetúa la precariedad de quienes cuidan).

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Las soluciones no son imposibles, son políticas

No estamos hablando de utopías ni de deseos inalcanzables. Lo que exigen las trabajadoras del SAD no es un lujo ni una concesión, es justicia. Sabemos perfectamente qué hay que hacer porque el problema no es la falta de ideas, sino la falta de voluntad política.

Mientras se encuentra dinero para rescatar bancos, construir macroproyectos faraónicos o rearmarnos para ir a guerras por las élites, se nos dice que “no hay fondos” para dignificar los cuidados. Es una cuestión de prioridades, no de posibilidades.

Las medidas existen, son viables y están sobre la mesa. Solo hace falta decidir de qué lado estamos: ¿del beneficio de unos pocos o del bienestar de todas?

Esto es lo que hace falta:

  1. Remunicipalización del SAD: devolver el servicio a la gestión pública directa, eliminando intermediarios que se quedan con el beneficio.
  2. Convenios dignos: salarios que reflejen la responsabilidad y el esfuerzo físico y emocional del trabajo, con jornadas completas y derechos reales.
  3. Valoración social de los cuidados: dejar de tratarlos como “trabajo de mujeres” y reconocerlos como esenciales para la vida. Sin cuidados, no hay economía posible.
  4. Transparencia en las licitaciones: que se sepa quién se beneficia de cada euro público destinado a cuidados.

El 30 y 31 de mayo, España entera se moviliza

Por todo esto, las trabajadoras del SAD han convocado una movilización estatal los días 30 y 31 de mayo en múltiples ciudades de España. No es una protesta más: es un grito coordinado contra un sistema que privatiza beneficios y socializa miserias.

Las convocatorias incluyen manifestaciones en Valencia (que saldrá el 31 a las 11:00h desde la Plaza del Mercado Central), pero también en otras capitales y ciudades del estado durante estos dos días. Es una jornada de lucha coordinada que busca visibilizar que la precariedad del SAD no es un problema local, sino estructural en toda España.

Necesitan nuestro apoyo. No basta con darles “like” en redes. Hace falta estar en la calle, visibilizar su lucha, exigir a las instituciones que dejen de tratar los cuidados como una mercancía. Infórmate de las manifestaciones en tu ciudad para el 30 y 31 de mayo y súmate.

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Dejemos de mirar el dedo

Mientras sigamos debatiendo sobre anécdotas de poderosos en lugar de cuestionar las estructuras que nos oprimen, las trabajadoras del SAD seguirán cobrando salarios de pobreza mientras sostienen literalmente la vida de miles de personas.

Cuidar es un derecho, no un negocio. Y quienes cuidan merecen dignidad, no migajas.

El 30 y 31 de mayo, movilización estatal. Por ellas, por nosotros, por un sistema de cuidados público, universal y digno.

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