José Antonio Egido, sociólogo, politólogo y antropólogo, presidente de la Asociación Cultural Volver a Marx.
El Atlantic Council (A.C.), creado en 1961 por el organizador de los golpes de Estado de la CIA en Guatemala e Irán Dean Acheson (1893-1971), es el principal Think Tank encargado de respaldar ideológicamente el plan de Marco Rubio de neo colonizar a Venezuela. No lo son otros centros de elaboración estratégica imperialista como el Wilson Center, la Rand Corporation o la Heritage Foundation, sino el A.C.
El 24 de abril el profesor puertorriqueño Ramon Gosfroguel ha observado en Caracas: “el imperialismo viene a por todo (en Venezuela). Es un sistema civilizatorio. No se conforman con tu dinero. Quieren tu mente, quieren tu corazón y no van a perdonar a ningún liderazgo que se le haya parado enfrente en algún momento. Tienen una memoria vengativa…vienen a por todo…van a por la cabeza de la revolucion. Escuché una discusión en el senado de los Estados Unidos. El imperialismo nunca duerme”. A pesar de que su corriente decolonial contribuye a que el sentimiento nacional carezca de una base materialista, su observación es oportuna frente a cierta resignación que se observa en algunos círculos políticos venezolanos.
La actividad de investigación del A.C no “duerme”. Idean día y noche la manera de saquear los recursos naturales de Venezuela, controlar sus instituciones públicas y conquistar la mente de su pueblo por “décadas”, plazo señalado por la Doctrina de «Seguridad Nacional» del gobierno Trump.
¿A quién sirve el A.C.? en primer lugar a las multinacionales que lo financian.
Una de ellas es la auditora estadounidense Deloitte, contratada por el gobierno norteamericano para “auditar”, es decir, para controlar las cuentas del Banco Central de Venezuela (BCV), según información publicada el pasado 27 de abril. El recién nombrado presidente del BCV Luis Alberto Pérez pretende hacer creer que esta Deloitte asegura “tranquilidad e imparcialidad” cuando en realidad pone bajo control imperialista las cuentas del Estado.
¿Deloitte ofrece “imparcialidad”? En realidad es uno de los principales receptores de contratos del Departamento de guerra norteamericano. Departamento que dirigió la operación “Determinación absoluta” que el 3 de enero 2026 atacó Venezuela y secuestró a su pareja presidencial violando el Derecho Internacional.
A. C. está asimismo financiado por las principales corporaciones del Complejo Militar Industrial (C.M.I.) que fabricaron aviones, helicópteros y misiles que el 3 de enero 2026 asesinaron a 120 civiles y militares venezolanos y cubanos, sin contar los crímenes cometidos contra pescadores supuestos «narcotraficantes» en aguas del Caribe y Oceano Pacífico. Por ejemplo, financia la Boeing que fabrica los helicópteros Boeing MH-476 Chinook que transportaron la fuerza «Delta» que intervino en dicha operación. Tambien la Lockhhed Martin Corporation que fabrica los cazas furtivos Lockheed Martin F-22ª Raptor y los helicópteros Sikorsky tambien implicados. RTX Corporation (antes Raytheon) fabrica los misiles Tomahawk que impactaron en el centro de comunicación militares venezolanas del Cerro El Volcán ese día infausto. Lo mismo que Palantir Technologies, aunque esta pertenezca al poderoso pool de las tecnologías que ofreció a la CIA la tecnología de análisis de datos que le permitió planificar la intervención del 3E. Obviamente las compañías del C.M.I. no desean financiar políticas a favor de un futuro estable, democrático y pacífico en Venezuela sino, por el contrario, que impongan la desestabilización que justifique las compras por la administración estadounidense de sus costosísimos productos bélicos. La “guerra permanente” en Libia, Siria, Irak, Palestina, Sahel, Ucrania y nuevos focos bélicos aumentan en flecha los enormes beneficios de estas compañías.
La familia oligárquica Rockefeller, que debe gran parte de su fortuna al saqueo del petróleo y mineral de hierro de Venezuela en el siglo XX , tambien contribuye (a través de su “Fundación Rockefeller” que financió su toma de control por las Universidades nacionales desde 1952 como afirma el historiador Federico Brito Figueroa) a este centro ideológico de la recolonización de Venezuela llamado A.C.
El A.C. contribuye asimismo a la construcción de una conciencia pública de resignación nacional ante la ocupación del país por la administración Trump. Observamos como el periodista venezolano instalado en EEUU César Miguel Rondón (antes financiado por la USAID y probablemente hoy por el rico A.C.) ofrece desde su canal en Youtube la palabra a los investigadores del A.C. que justifican una mayor injerencia, control, intromisión y protagonismo de Washington en la vida de Venezuela.
El grupo Venezuela del “Centro Adrienne Arsht para América Latina” integrado en el A.C. recibía en 2024 financiación de la petrolera Chevron para que ejerciese presión sobre la administración norteamericana a fin de obtener más licencias para extraer petróleo en Venezuela. No es casualidad que la señora Adrienne Arsht que financia con millones de dólares este centro sea dueña de la petrolera Arsht Energy y de Total Bank. Tras el 3E ya no es Chevron quien controla ese grupo sino su petrolera rival la Exxon Mobil para que este grupo y el A.C. presionen al secretario de Estado Rubio y al presidente Trump para aumentar la enorme “presión política y amenaza” sobre Venezuela y la «recolonización» de América Latina, en palabras del viceministro venezolano William Castillo. Una evidencia de la radicalización del A.C. es que el ex embajador trumpista en Venezuela James Story está demandando a partir de este think tank un plan de injerencia militar masiva en Venezuela similar al implementado por Washington en Colombia desde el año 2000. Aquel plan dio impulso a los grupos paramilitares, sumió a Colombia en una guerra con miles de muertos y millones de desplazados, aumentó la dependencia tecnología del ejército colombiano con respecto al Pentágono e hizo imposible el triunfo de una revolucion nacional democrática en Colombia que hubiese traído verdadera democracia basada en la justicia social a este país.
Es alarmante que Story y el general de marines retirado exijan el mismo escenario en Venezuela.








