I
No se trata de hacer listas de enemigos
Voluptuosos congéneres que disienten de nuestras ideas
No se trata de ir diciendo quién es el responsable
De tal o cual luctuoso acontecimiento
No se trata de desprecio o de arrogancia
Ni de desprendimiento cristiano
Ni de arrojada desidia
Se trata de arrojarlos al infierno
De aplastarles la cabeza
De dejar el suelo teñido de su sangre
Desabrido por los sesos desparramados
Acartonados cuerpos pudriéndose al desaire
Se trata de matarlos a todos
De lanzar un damnatio memoriae
Para que nadie sepa siquiera que un día existieron.
II
¿Pero qué sabrán los teólogos de Dios?
Ascienden al cielo para entrevistarse con él
Pero caen como verdaderos hijos de Ícaro
Sus palabras son de cera
Su corazón no late porque permanece
Clavado a la cruz con su señor
Pero no sangran
Sólo el humano sangra
Los muñecos de madera no sangran
Los ídolos de barro no sangran
Los idiotas sangran
Después hacer el idiota.
III
Dice tu nombre la llama embellecida
Se desliza por el vértigo de un mundo casi en llamas
Mientras los osarios que serán dictan alabanzas a lo violento
Caen muertos de terror los que ya estaban muertos
Sobreviven los que saben más de silencio que de derecho constitucional
Se calman las aguas pero las de los desiertos
Se encauzan los caminos pero sólo los que las nubes trazan
La niebla es tan espesa que solo se ve guerra
Guerra
Guerra
Y tristes plumas que yacen en la tierra
Yerma
Yerma
Yerma.








