45 jornaleros liberados en Dos Hermanas: la explotación en el campo andaluz no es un caso aislado

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La explotación laboral vuelve a sacudir el campo andaluz. La Policía Nacional ha liberado a 45 trabajadores extranjeros que estaban siendo obligados a recoger mandarinas en una finca agrícola de Dos Hermanas, en condiciones irregulares y sin derechos laborales básicos.

La operación, denominada “Naranjal”, destapó una realidad que el movimiento obrero lleva años denunciando: empleo sin contrato, sin alta en la Seguridad Social, sin medidas de seguridad, y bajo una estructura que utilizaba identidades falsas para simular una legalidad inexistente.

Los jornaleros trabajaban con Números de Identidad de Extranjeros que no les correspondían, en un engranaje diseñado para abaratar costes a costa de la dignidad humana. El responsable de la explotación ha sido detenido e investigado por delitos contra los derechos de los trabajadores y falsedad documental. Pero más allá de la detención individual, la pregunta que surge es inevitable: ¿cuántas fincas siguen funcionando bajo este mismo esquema de impunidad?

Desde sindicatos agrarios, principalmente desde el Sindicato Andaluz de Trabajadores/as, y colectivos de apoyo a personas migrantes se insiste en que este caso no es una excepción, sino la punta del iceberg de un modelo productivo que depende de la precariedad y de la vulnerabilidad administrativa de quienes trabajan la tierra. La combinación de temporalidad extrema, falta de inspecciones suficientes y la situación irregular de muchos trabajadores crea el caldo de cultivo perfecto para el abuso.

El campo andaluz —motor económico y símbolo histórico de luchas jornaleras— sigue arrastrando prácticas propias de otro tiempo. La recolección de cítricos, aceituna o frutos rojos continúa marcada, en demasiadas ocasiones, por la externalización de responsabilidades y la opacidad en las contrataciones.

El movimiento obrero recuerda que el derecho a un contrato, a la seguridad social y a condiciones dignas no depende del origen ni de la situación administrativa. Son derechos fundamentales reconocidos por la legislación laboral española y por los convenios internacionales suscritos por el Estado.

La liberación de estos 45 trabajadores es una victoria, pero también una llamada de atención. No basta con operaciones puntuales; se requiere un refuerzo sostenido de la Inspección de Trabajo, garantías reales de regularización para las personas explotadas y sanciones ejemplares para quienes se lucran con la necesidad ajena.

Andalucía tiene una larga tradición de organización campesina y lucha por la tierra y el trabajo digno. Cada nuevo caso de explotación recuerda que esas conquistas no son irreversibles y que la vigilancia y la movilización siguen siendo necesarias, porque mientras haya jornaleros trabajando sin derechos, la explotación no será una noticia aislada: será una herida abierta en el corazón del campo.

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