La marca de moda Gerry Weber, de origen alemán y con presencia consolidada en el mercado europeo desde hace décadas, atraviesa en España un proceso de reestructuración que está teniendo un fuerte impacto laboral. La enseña, especializada en moda femenina de gama media-alta, comercializa sus colecciones a través de tiendas propias, corners en grandes almacenes y canales multimarca en ciudades de todo el Estado, especialmente en zonas comerciales de alto tránsito.
En el Estado español, la actividad de la marca se ha desarrollado históricamente a través de Gerry Weber Fashion Ibérica, sociedad que ha gestionado durante años la red comercial y el empleo asociado. Recientemente, la firma ha pasado a estar vinculada al grupo VITRIX, propietario también de marcas como Punto Roma, en el marco de una operación de adquisición y subrogación empresarial que, lejos de ofrecer estabilidad, ha sumido a la plantilla en una situación de extrema precariedad.
Meses sin salario y cotizaciones impagadas
Desde el pasado mes de septiembre, las trabajadoras y trabajadores de Gerry Weber Fashion Ibérica continúan prestando servicios sin percibir sus salarios, acumulando ya tres y hasta cuatro meses de nóminas impagadas, según denuncian. A esta situación se suma un hecho especialmente grave: la falta de abono de las cotizaciones a la Seguridad Social, pese a que la actividad comercial ha continuado con normalidad de puertas hacia fuera.
Mientras se anuncian nuevas colecciones, se mantienen escaparates y se sostienen discursos corporativos de relanzamiento, quienes han garantizado durante años el funcionamiento diario de la marca —dependientas, encargadas, personal de tienda— quedan en un limbo legal y económico. Familias enteras se ven afectadas por la ausencia de ingresos, con hipotecas, alquileres, gastos médicos y cargas familiares que no entienden de estrategias empresariales.
La subrogación como mecanismo de recorte
El proceso de subrogación en marcha, lejos de garantizar la continuidad del empleo, apunta a un escenario en el que parte del personal histórico será prescindido, a pesar de llevar años —en muchos casos décadas— vinculado a la marca. Trabajadoras que han sostenido la identidad comercial de Gerry Weber en España denuncian que están siendo las últimas en ser informadas y las primeras en asumir las consecuencias de decisiones tomadas en despachos lejanos.
Desde la plantilla se señala que la nueva propiedad conocía desde hace semanas la gravedad de la situación laboral y, aun así, ha optado por una actitud de espera y silencio, sin ofrecer soluciones urgentes ni realistas. La reestructuración empresarial, alertan, se está planteando a costa de la salud, la estabilidad y la dignidad de quienes han hecho posible el crecimiento de la marca en el territorio.
Dignidad laboral frente a lógica del descarte
Las trabajadoras insisten en que no se trata de una llamada al boicot ni al consumo responsable como eslogan vacío. Se trata de poner el foco en los valores reales que se activan cuando una empresa atraviesa dificultades: si protege a su gente o si la convierte en variable prescindible. “El crecimiento o el reinicio de una marca no puede construirse sobre el empobrecimiento de su plantilla”, subrayan.
En un contexto de creciente precarización del empleo en el sector textil, el caso de Gerry Weber Fashion Ibérica vuelve a poner sobre la mesa una cuestión central del movimiento obrero: la subrogación no puede ser una excusa para borrar derechos, antigüedad ni vidas enteras dedicadas al trabajo. «Detrás de cada tienda, de cada uniforme y de cada venta hay personas que reclaman algo tan básico como vivir de su trabajo sin miedo ni angustia».
Porque, como recuerdan desde la plantilla, la dignidad laboral no se negocia.








