Antonio Gil
Este viernes dos mineros fallecieron como consecuencia de un derrumbe ocurrido el viernes en la mina de Vega de Rengos, en Cangas del Narcea (Asturias). Las víctimas son Óscar D.R., de 32 años y vecino de Posada de Rengos, encontrado sin vida por los equipos de rescate alrededor de las 19:45 horas, y Anilson S. de B., de 42 años, y localizado posteriormente pues su cuerpo fue extraído pasadas las 23:30 horas después de una compleja operación. La tragedia se agrava en su caso, ya que perdió a su hermano menor en otro accidente minero en 2007.
Se desplegó un amplio operativo de emergencia que incluyó a la Brigada de Salvamento Minero de Hunosa, que acudió pese a estar inmersa en un conflicto laboral. El accidente reactiva la alarma sobre la siniestralidad minera en la región, recordando la reciente tragedia de Degaña, donde murieron cinco mineros. A diferencia de aquel caso, la mina de Vega de Rengos cuenta con todos los permisos en regla.
Este nuevo accidente de Vega de Rengos no es un hecho aislado, sino la consecuencia directa del desmantelamiento salvaje de la minería del carbón. Este proceso ha derivado en una creciente precariedad laboral y un menor control en las explotaciones, creando un caldo de cultivo para la siniestralidad.
Es muy simbólica de este proceso la situación de la Brigada de Salvamento Minero. Pese a haber presentado su renuncia colectiva debido a los impagos y la vulneración de sus derechos por parte de Hunosa, fueron los primeros en acudir al rescate, demostrando una profunda solidaridad obrera. Solidaridad obrera que debe extenderse en una amplia movilización contra el aumento de los accidentes laborales en la minería asturiana. Por ejemplo, en el periodo 2020-2024 los accidentes laborales en Asturias han crecido un 23%, y los accidentes graves y mortales un 27%.
Sus beneficios, los del capital, son nuestros muertos, nuestros hermanos y hermanas de clase.








