En el autodenominado Jardín Europeo hemos presenciado otro euro-pucherazo electoral, esta vez en Moldavia, antigua república soviética. El partido de la actual presidenta neoliberal y pro-Unión europea, Maia Sandu se atribuyó la victoria con mayoría absoluta frente al principal partido opositor el Bloque Electoral Patriótico, formado por socialistas y comunistas partidario de mantener la soberanía de Moldavia y las buenas relaciones históricas con Rusia frente al expansionismo de la Unión Europea y la OTAN. Este partido, que utiliza como símbolo electoral la estrella roja con la hoz y el martillo, ha cosechado, según los datos oficiales más de un 24% de los votos.
Que la derecha liberal atlantista de Sandu ha ganado las elecciones parece fuera de toda duda, es evidente que la injerencia de las fundaciones, think tanks y ONGs financiadas por la UE han tenido una poderosa influencia en la sociedad Moldavia. Pero la oposición sí que pone en duda en primer lugar que dicha victoria haya sido tan holgada como para llegar a la mayoría absoluta y permitir a la actual presidenta formar un gobierno de partido único. En segundo lugar, las semanas previas a las elecciones han estado plagadas de irregularidades. Maia Sandu, aprendiz de dictadora, ha ordenado el arresto de decenas de opositores, justo antes de las elecciones, se ha proscrito la actividad de varias organizaciones opositoras y habló abiertamente de anular los resultados si no ganaba las elecciones. La sospecha se cierne también sobre el voto de los Moldavos residentes en el extranjero, ya que el Gobierno de Sandu solamente permitió el voto en dos colegios electorales en Rusia pero autorizó más de 300 en el resto de Europa.








