He de censurar mis pensamientos
No pueden ser tan terribles
No pueden corresponderse con los de un ser humano
Pero es que no puedo más
Es tan inverosímil lo que estoy viendo
Que no les deseo sino la muerte
Una atroz aseveración del castigo más severo
Una desproporcionada desmesura
De trastorno y sufrimiento
Deben desaparecer como pueblo
Deben ser arrastrados como gravilla por un acantilado
Y sus voces han de ser encerradas dentro de un cuello de botella
Para que nunca se sepa cómo se han horriblemente justificado
Son hienas salvajes
Son sicarios de la muerte
Son peores que el peor de los presagios
Anticipan la servidumbre humana
Desacreditan la verdad y la justicia
Es tan injusto que sigan respirando
Es tan inconcebible que puedan seguir actuando como si nada
Que maldigo todos sus ancestros
Maldigo su libro repleto de obscenidades
Maldigo sus pasos macilentos y onerosos
Maldigo su poder y su paciencia
Su organización y sus secuaces indistintos
Son la desazón de la enfermedad
Son el latrocinio feroz de todo un pueblo
Cegando pozos siderales
Aniquilando niños y senderos
Destruyendo todo lo que se muestra a su paso
Y todavía tienen el coraje de victimizarse
Tienen la osadía de seguir viviendo
Después de tratar al mundo como su esclavo
Pues que se vayan preparando
Que llegará el momento y la hora
Llegará el segundo más temprano que tarde
Y por su historia tan solo navegarán
Los bardos del recuerdo
Porque la iniquidad ha de pagarse con su exterminio
Han de dejar que el polvo les someta
Que la riada les anegue el corazón
Que el ser humano les sorprenda dándoles por perdidos
Para siempre
No nombrándoles jamás
Como uno de los suyos.








