Del piquete a la calle: la fuerza de los sindicatos de base en Italia en una huelga histórica

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La huelga general en Italia, convocada por la Unione Sindacale di Base (USB) junto a otros sindicatos de base, ha marcado un punto de inflexión en la lucha obrera frente a las políticas de guerra y explotación. La convocatoria nació con dos motivos claros: denunciar el genocidio del pueblo palestino y rechazar el aumento del gasto militar que el gobierno pretende imponer mientras recorta en sanidad, educación y derechos sociales.

A diferencia de las centrales sindicales “de sillón”, cómodamente instaladas en la concertación con el poder burgués, los sindicatos de base han apostado por la movilización real en los centros de trabajo y en las calles, demostrando que la fuerza de los trabajadores no se mide en despachos sino en la acción colectiva.

El seguimiento de la huelga ha sido significativo: sectores clave como transporte, logística, enseñanza y sanidad han mostrado altos niveles de adhesión, con paros que alcanzaron en algunos territorios alrededor de un 60%.

En ciudades como Roma, Milán y Nápoles, miles de trabajadores marcharon juntos, visibilizando el malestar que recorre las fábricas, los hospitales y los barrios obreros. Bloquearon puertos, estaciones de tren, carreteras. Frente a esta demostración de fuerza, la respuesta de la burguesía no ha sido el diálogo, sino la violencia: represión policial contra piquetes, cargas en manifestaciones y campañas mediáticas de criminalización. A ello se sumó la maniobra de las centrales sindicales mayoritarias, que convocaron paros parciales justo el día anterior, buscando atomizar a la clase trabajadora y diluir la capacidad de presión de los sectores más combativos.

Sin embargo, lejos de apagar la lucha, estas agresiones y maniobras refuerzan la conciencia de que la represión no es un exceso aislado, sino una política sistemática para mantener intactos los privilegios de quienes gobiernan y explotan. La huelga en Italia ha demostrado que la combatividad sigue viva: cuando los sindicatos de base toman la iniciativa y la clase trabajadora se organiza, se rompe la narrativa de la resignación y se abre camino la esperanza de transformación.

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