Violencia Obstétrica III: el aborto

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Por Candela Aguilar

En este tercer y último artículo de la serie Violencia Obstétrica voy a abordar el aborto, quizá el tema más delicado de los tratados en estos tres artículos. Los motivos que llevan a una mujer a practicar una IVE (interrupción voluntaria del embarazo) son múltiples, pero casi todos tienen algo en común, el sentimiento de culpa y, en ocasiones, de vergüenza.

Abortar no es una decisión fácil porque, aunque lo hagas de manera muy consciente, no deja de ir acompañado del sentimiento de estar haciendo algo malo, como muestra el hecho de que en la mayoría de los casos lo llevamos en secreto o, al menos, no lo compartimos con casi nadie. Las mujeres no hablamos abiertamente de nuestras experiencias con el aborto a no ser que sea con nuestro grupo de amigas de confianza y es que en el fondo aún sigue pesando la moral cristiana impuesta por la dictadura franquista que nos hace sentir a las mujeres que no somos del todo dueñas de nuestro cuerpo o de nuestras decisiones.

Y aquí también existe la violencia obstétrica y es incluso más invisible o silenciada que en los dos casos abordados en anteriores artículos porque, aunque es verdad que ha habido una evolución y por suerte en estos momentos el aborto es legal y gratuito a partir de los 16 años, no siempre ha sido así. 

Y es que no tenemos que retroceder tanto en el tiempo, cuando abortar en España era ilegal. Hace tan solo unos años, con la ley de plazos, era casi imposible que el aborto fuese gratuito porque para ello tenías que entrar dentro de unos supuestos como por ejemplo que estuviese en riesgo la vida del feto o de la madre. Si no entrabas dentro de estos hechos tenías que asumir el coste del proceso que ascendía más o menos a unos 300 euros solo la intervención, sin contar con el desplazamiento u otros gastos que pudieses tener, algo inasumible para muchas mujeres. Por otro lado, los centros en los que se realizaban estas prácticas no eran espacios precisamente agradables para nosotras, los procesos estaban muy mecanizados y eran profundamente deshumanizadores. Yo trabajo con personas y es verdad que corremos el riesgo de mecanizar los procesos, porque cuando ves lo mismo todos los días naturalizas situaciones que para las personas que las viven son altamente estresantes o dolorosas. Pero no podemos caer en ese riesgo, no debemos olvidar que lo que tenemos enfrente son personas que están atravesando situaciones traumáticas que pueden marcarles en un futuro. Tenemos que ofrecerles lo mejor de nosotras mismas y tratarles con asertividad y empatía, palabras que repetimos hasta la saciedad pero que luego no aplicamos en nuestro día a día.

Las cosas han cambiado para nosotras, ya que, desde la nueva reforma de la ley del aborto, desde los 16 años puedes someterte a una IVE de manera gratuita y en todos los hospitales públicos. Pero ¿esto se está cumpliendo? ¿Y el procedimiento es totalmente respetuoso con las mujeres? Por desgracia a ambas preguntas tenemos que contestar con un rotundo no.

Sabemos que en muchas provincias abortar es prácticamente imposible ya que los médicos pueden oponerse a realizarlos si no están de acuerdo (objeción de conciencia) y muchas mujeres se ven obligadas de desplazarse a otras provincias para poder someterse a un IVE, ¿entonces podemos decir que es libre en todo el Estado? No. Además esto supone un estrés añadido, ya que tienes que desplazarte a otra provincia con el gasto que eso conlleva, ¿entonces podemos decir que es gratuito? Yo creo que no. Sabemos que en múltiples provincias de todo el territorio es imposible abortar, como por ejemplo Jaén y Lleida. En todos los centros hospitalarios debería haber profesionales que realicen IVEs. Y quizá también, deberíamos replantear el privilegio que tiene el estamento médico para negarse a realizar una intervención que supone un derecho básico y fundamental para la salud sexual y reproductiva de las mujeres, ¿pasaría lo mismo si se tratase de la salud sexual de los hombres?

Pero en aquellas provincias en las que sí se puede deberíamos revisar los protocolos, ya que en muchas ocasiones son poco respetuosos con las mujeres. En Cataluña, por ejemplo, si quieres someterte a un aborto farmacológico, para poder hacerlo en casa y no pasar por una clínica, tienes que acudir a urgencias de lunes a viernes por la mañana, es decir, de entrada, tienes que pedir permiso en el trabajo. Cuando la matrona te explica lo que va a suceder te dice una y otra vez que tienen que hacerte una ecografía para comprobar que todo esté bien, pero que esa eco no la verás pero la realidad es que va a depender de la generosidad de la persona que te atienda el que veas o no esa ecografía. En muchas ocasiones debido a la mecanización y desnaturalización de este tipo de atención, la profesional que te atiende no es ni consciente de que en una pantalla grande está proyectada la imagen del embrión y que, aunque tú tengas clarísimo que no quieres tener hijos, es algo que duele. Además en los casos en los que el embarazo se interrumpe por una causa mayor, por ejemplo, malformación en el feto o una patología debe ser muy duro ver la imagen del bebé que no vas a poder llegar a tener. Las ecografías además son vaginales, un procedimiento incómodo y para algunas mujeres doloroso y te lo dicen como el que te dice que mañana va a llover, y te introducen el ecógrafo mientras hablan con la persona de al lado, olvidando que delante tienen una mujer que tiene miedo. Miedo del dolor, de que algo salga mal, de no poder volver a tener hijos…

El aborto es sin duda un tema delicado, pero porque en él se entrecruzan ideología, misoginia y religión y las que salimos perjudicadas somos otra vez nosotras. Si en lugar de las mujeres fuesen los hombres los que tuviesen que abortar, entonces quizá no sería un tema tabú, estaría aceptado socialmente e incluso habría una baja específica para poder vivir ese momento de la manera menos traumática posible. Un retiro post-aborto, para poder recuperarte con apoyo profesional y sin duda las ecografías no serían anales, ya te lo digo yo. Las mujeres que queremos o tenemos que abortar hemos de pasar por un calvario, tanto por lo que supone, como por el laberinto que tenemos que atravesar, lleno de pruebas, trabas y sintiéndote sola y culpable. 

Pero ya os advierto, las feministas no vamos a parar.

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