Esta entrada se enmarca en el dosier que el diario elcomun.es presenta para este Primero de Mayo, en estos momentos en los que más que nunca necesitamos movilización. Como medio apostamos por la alianza fraternal contra toda opresión, toda explotación y por la paz. Frente al rearme, respuesta obrera.
El capitalismo internacional ha entrado en una nueva fase que amenaza la vida de la clase trabajadora y los pueblos de todo el mundo.
La guerra comercial que presenciamos no responde al capricho de Trump, con el endurecimiento de los aranceles, sino a la evolución natural de la intensificación y agudización de las contradicciones del capital. La necesidad intrínseca del capitalismo de una búsqueda permanente de aumento de los beneficios, ocasiona continuas tensiones por el control de los mercados y los recursos naturales, principalmente.
En un sistema imperialista en evidente crisis solo caben nuevos repartos en base al establecimiento de nuevas alianzas y el surgimiento de nuevas potencias. Esta guerra comercial no es más que el preludio de la guerra militar interimperialista. Es por ello que la Unión Europea apuesta ya definitiva y abiertamente por el camino del rearme. Estamos hartos de escucharlo, hay que prepararse para la guerra.
Tampoco es casualidad que en el último informe de la Unión Europea se hablase del aumento de la productividad y la reindustrialización, del reforzamiento de la flexibilidad laboral y de la transición “ecológica”; aunque ahora, ante el resquebrajamiento de la alianza euroatlántica, cambia el orden de prioridades, es decir, el destino prioritario de los recursos y la inversión.
Ahora la prioridad es rearmar los ejércitos de Europa, según palabras de Úrsula von der Leyen: “La era de los dividendos de la paz ha terminado”.
Europa vuelve así a desempolvar los cañones y a vestir su territorio de ríos de sangre. No cabe duda de que este camino belicista traerá consigo de nuevo la justificación del empeoramiento de las condiciones de vida de la clase trabajadora y los sectores populares en favor del negocio de la guerra. De nuevo, no es casualidad que el señor Sánchez se esté esforzando, durante las últimas semanas, en tratar de convencer, haciendo un miserable trabajo propagandístico, a la población de que el aumento del gasto militar no tendrá implicación alguna en las pensiones, educación, sanidad, etc.
Esto es síntoma de que el capitalismo tiene y necesita como principal reto llevar la opinión pública a favor de la guerra. Tampoco ha tardado en anunciar millones de euros de financiación pública para los monopolios españoles afectados por la política arancelaria de Trump. Una vez más, una ingente inyección de rentas públicas, rentas que nacen mayoritariamente de la clase trabajadora, va directamente a manos privadas.
Y si frente a este crudo escenario para la clase obrera y los sectores populares podríamos esperar una firme oposición por parte de quienes dicen ser sus representantes, pues no. Lejos de esto, las principales centrales sindicales, CCOO y UGT, corrían rápidamente a apoyar la llamada a la unidad del presidente Sánchez, celebrando la flexibilidad laboral y la transferencia de millones a las patronales afectadas.
Solo les ha bastado la retórica barata del PSOE, que en vez de hablar de guerra ha hablado de “seguridad”, con la hipócrita oposición del socio de gobierno Sumar y del resto del parlamento, para poner a disposición de sus guerras y su austeridad a la clase trabajadora como carne de cañon. Y todo eso con el único fin de seguir asegurándose un asiento cómodo en mesas de negociación y diálogo para la conservación de la «paz social» y para que sus mandantes puedan desarrollar con mayor tranquilidad sus planes de guerra.
Mientras Gaza se ha convertido en un extenso campo de exterminio, con cuya destrucción y reconstrucción se relamen los monopolios de distintos países, para apoderarse de sus riquezas, todos esos halcones parecen tomar posición mientras se acumula el material explosivo. Esta guerra la pagaremos los trabajadores y trabajadoras de todo el mundo con nuestros bolsillos, con nuestro trabajo, pero sobre todo, con nuestras vidas. En sus guerras seremos carne de cañón, mera mercancía de intercambio para sus intereses.
Todo este clima es, además, el caldo de cultivo idóneo para el crecimiento de fuerzas ultrarreaccionarias, o abiertamente fascistas, que comienzan a articularse a nivel internacional.
Pero, aunque es cierto que la correlación de fuerzas es actualmente enormemente negativa para la clase obrera, tanto en el plano nacional como internacional, lejos de causarnos desaliento, el Primero de Mayo debe ser una fecha para volver a comprometerse, para posicionarse, para organizarse, para cambiar la situación.
¡Compañeras y compañeros, toca girar los cañones y construir una respuesta obrera: contra la guerra imperialista, contra la carestía de la vida y la flexibilización laboral y por la unidad de toda la clase obrera frente al capitalismo y la reacción!








