Al vendedor de paraguas nucleares de Emmanuel Macron le persigue la sombra de Eugène de Rastignac, el trepador social más célebre de la literatura francesa que aparece en varias novelas de Honoré de Balzac: un buscavidas que medra en las finanzas.
Coincidentes los rasgos del personaje y la biografía del político si damos un mero repaso de los vínculos de Macron con una de las familias bancarias más poderosas del mundo, el banco privado Rothschild & Cie. en París. En definitiva “el sistema francés favorece la aventura y los personalismos”concede Manuel Valls
Ha recorrido distintos menesteres, asistente editorial, el ayudante que buscaba documentación y realizaba las fichas bibliográficas para el filósofo Paul Ricoeur, inspector de finanzas, banquero, secretario general adjunto del Elíseo, ministro de Economía y fundador del movimiento ‘En Marche!’. No duró mucho en ninguno de estos cargos. El mandato más largo (menos de cuatro años) fue en el banco privado Rothschild & Cie. en París.
De lleno en el merengue del gaullismo, la socialdemocracia francesa, el joven Macron, convertido en inspector de finanzas tras graduarse en la prestigiosa Escuela Nacional de Administración (ENA), la escuela de élite que forma a los futuros líderes de Francia. Gracias a Michel Rocard, el viejo patrón heterodoxo del Partido Socialista, fascinado por la brillantez y el desparpajo de aquel joven, le da un puesto en una Comisión que estudiaba fórmulas para la modernización de la economía francesa que presidía Jacques Attali, (antiguo gurú económico de François Mitterrand), el presidente Nicolas Sarkozy acababa de crear la comisión para sugerir planes de reformas.
De ahí el antiguo y ambicioso alumno de la ENA se convierte en banquero. Pero no en cualquier entidad, sino en el banco Rothschild que en los años 1950 empleó al que luego sería presidente de la República, Georges Pompidou, y que mantuvo estrechos lazos de negocios con Nicolas Sarkozy, antes de que este llegara al Elíseo. Macron trabajó como banquero de inversiones en Rothschild & Cie Banque entre 2008 y 2012. Fue contratado a finales de 2008 y se convierte en diciembre de 2010 en el socio gerente más joven de uno de los bancos de negocios más poderosos de Francia, Macron ganó alrededor de 2,9 millones de euros mientras trabajaba para los Rothschild, según Financial Times. En Rothschild se encontró en el centro de las intrigas empresariales francesas, adquiriendo los códigos y la jerga de un mundo donde las carreras dependen en gran medida de haber asistido a la universidad de élite adecuada.
El socialista Hollande nunca pensó que Macron fuera a traicionarle, tras dos años como asesor, en 2014 le colocó al frente del Ministerio de Economía. Fueron los dos años que consagraron a Macron como nuevo meteoro político, pese a que sus resultados ministeriales (liberalización del mercado del trabajo, liberalización de los autobuses de larga distancia y 91.000 parados más) no fueran gran cosa. La clave, de nuevo, estaba en las relaciones públicas.
En 2016 Macron funda el movimiento En Marche! que se define como “transpartidista”, y que no es ni de derechas ni de izquierdas, un tipo de partido al que Otto Kirchheimer denominó “catch-all party» (partido atrápalotodo), caracterizados por priorizar la consecución de votos a costa de la ideología: sacrifican la propuesta ideológica para ganar más votos, un cajón de sastre que en las democracias burguesas es donde se acababa produciendo un consenso político muy marcado en relación con las grandes líneas de gobierno, con la forma de enfocar el papel del Estado y el tipo de políticas que se pueden desarrollar.
Macron logró convencer a Hollande de que no tenía ambiciones presidenciales. Y Hollande le creyó. Él mismo lo reconoce en el libro “Un président ne devrait pas dire ça”. Cuatro meses después, Macron dio el portazo a Hollande, dejó el ministerio y se lanzó a la campaña electoral. El candidato conservador François Fillon tenía ganadas las elecciones, pero se descubrieron los empleos ficticios de su mujer, su afición a los regalos y su adicción al lujo, y su candidatura se desplomó. El pequeño Napoleón del siglo XXI, estaba allí, en el lugar y el momento oportunos, para quedarse con el premio de la Presidencia de Francia.

“Creo que no nos quedamos ciegos, creo
que estamos ciegos, ciegos que ven, ciegos
que, viendo, no ven”
José Saramago, Ensayo sobre la ceguera
¿Presidente marioneta? Macron, el candidato de la élite globalizada. Durante su campaña presidencial de 2017, Macron fue criticado como el «candidato de las finanzas«. Se presentó como independiente con un partido recién formado, ‘En Marche!’, pero logró recaudar rápidamente € 13 millones.
Los fondos procedían principalmente de una poderosa red de banqueros, financieros y empresarios, según el medio de investigación francés independiente Mediapart. La ley francesa permitía a la campaña mantener privada su lista de donantes.
Tras asumir el cargo, Macron llevó a cabo una serie de reformas que favorecían a las finanzas y a las grandes empresas. Redujo la tasa impositiva corporativa del 33% al 25%, recortó los impuestos a los fabricantes, introdujo un impuesto fijo del 30% sobre las ganancias de las inversiones y reemplazó un impuesto a la riqueza de los ultrarricos por un impuesto sobre los activos inmobiliarios valorados en más de 1,3 millones de €.
Durante la presidencia de Macron, los Rothschild reestructuraron su imperio financiero y su principal empresa, Rothschild & Co., pasó a ser privada en 2023 en un acuerdo familiar de 3.700 millones €. En marzo de 2023, Reuters destacó la «reciente expansión de los Rothschild hacia la banca privada y la gestión de activos» y su naturaleza «muy activa y dinámica».
En su informe Monthly Macro Insights de septiembre de 2024, Rothschild & Co. escribió que la economía francesa necesita un impulso y agregó que «la persistente pregunta sobre cómo conciliar la necesidad de disciplina fiscal con las incesantes demandas de gasto público» debe ser resuelta por el gobierno de Macron.
El oportunista paraguas extendido
Tras la salida del Reino Unido de la zona euro, Francia se convirtió en la única potencia nuclear de la UE, lo que ha llevado a Macron a proponer que su país asuma un papel central en la protección del continente. En febrero de 2020, el mandatario ya había mencionado la “dimensión genuinamente europea” de los intereses franceses en este ámbito.
Macron en su discurso a la nación desarrolló su “oportunismo nuclear” para situar a Francia en el centro de la estrategia del continente. Europa debe potenciar su defensa ante el aumento de «la amenaza de Rusia» y las dudas sobre el compromiso de Estados Unidos con la seguridad del continente aseguró Macron. Además insistió en que Francia mantendría el control total de sus armas, sin integrarlas en una estructura de defensa común, lo que deja abiertos muchos interrogantes sobre compromisos y responsabilidades
La potencia nuclear francesa se compone de dos elementos fundamentales que proporcionan habilidades complementarias:
El componente marítimo incluye cuatro submarinos nucleares de la serie Le Triomphant, cada uno dotado con 16 misiles balísticos intercontinentales M51 con la capacidad de llegar a objetivos a más de 8.000 kilómetros de distancia. Este componente le otorga a Francia una capacidad segura para reaccionar ante cualquier ataque nuclear, incluso si su territorio continental fuera totalmente aniquilado y el componente aéreo comprende aviones de guerra Dassault Rafale equipados con misiles nucleares de crucero ASMP-A con una capacidad de hasta 500 kilómetros. Este sistema de lanzamiento doble proporciona a Francia flexibilidad en su posición nuclear y potencia la fiabilidad de su disuasión.
Macron ha reconocido que su estrategia “conserva un cierto misterio porque la ambigüedad forma parte de su eficacia” (…), lo que implica que Francia no revelaría de antemano bajo qué circunstancias podría utilizar su arsenal nuclear.








