La USAID tras la fachada de promocionar la libertad de prensa

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La USAID, Agencia de los EEUU para el Desarrollo Internacional, creada en 1961 inicialmente para brindar ayuda económica, también proporcionaba respaldo político en varias regiones del mundo. Era la institución encargada de distribuir la mayoría de la ayuda exterior de carácter no militar. Un organismo independiente, aunque respondía a los objetivos estratégicos del Departamento de Estado. Declaraba explícitamente que se dedicaba a ayudar a “los países en transición a la democracia y a fortalecer las instituciones democráticas, aprovechando los momentos críticos para expandir la libertad y la oportunidad”. Aunque oficialmente no lo reconocían trabajaba estrechamente con la CIA, y apoyaba a fuerzas políticas opositoras de gobiernos que no se alineasen con los intereses estadounidenses.

En su artículo “Press Freedom Under Threat “ (2023), revelado por el sitio Wikileaks, la USAID despliega un relato heroico en aparente lucha contra la censura y su apoyo a medios clasificados como «independientes» como garantes de la democracia. Sin embargo, detrás de este altruismo, ahora se descubre toda una estrategia sofisticada de injerencia en el ecosistema mediático mundial, la USAID invirtió miles de millones de dólares en ONG y medios afines, moldeando narrativas pro estadounidenses en regiones estratégicas.

Según el informe de la USAID se destinaron $3.200 millones desde 2010 a programas de «fortalecimiento mediático» en 70 países, con énfasis en regiones estratégicas como Europa del Este, América Latina y África. Estos fondos, canalizados a través de ONG como Internews, International Center for Journalists (ICFJ) o Freedom House, se justifican como defensa contra «regímenes autoritarios». La USAID estaba financiando a más de 6200 periodistas en 707 medios de comunicación y 279 ONGs “periodísticas”, incluyendo nueve de cada diez medios de comunicación en Ucrania.

En los criterios de selección de beneficiarios sólo recibían apoyo organizaciones que alinean su agenda con prioridades de política exterior estadounidense. Un ejemplo ilustrativo, entre miles, ocurrió en Nicaragua cuando el medio «Confidencial» —financiado por USAID y la NED [1] — fue clave en la cobertura de las protestas de 2018 contra Ortega promoviendo un relato alineado con la narrativa de «cambio de régimen» impulsada por Washington. Mientras, medios críticos con la oposición violenta y apegados a la realidad de los hechos, fueron excluidos posteriormente de programas de capacitación y subsidios

Los «periodistas fellows»

El documento filtrado refleja como la USAID presume de formar a 12.000 periodistas al año en «estándares éticos y técnicas innovadoras». No obstante, estos programas priorizan la enseñanza de herramientas digitales vinculadas a plataformas estadounidenses (Google, Meta) y enfoques editoriales que refuerzan la visión occidental de derechos humanos, seguridad y democracia. 

En Ucrania, paraíso de las libertades, el proyecto Media Deep Dive (2021-2023), con $15 millones de USAID, entrenó a periodistas en «desmentir propaganda rusa».  El programa excluyó a medios que cuestionan el historial de corrupción del gobierno ucraniano, el rol de empresas militares y constructoras estadounidenses o la presencia de militares adiestradores de la OTAN en el conflicto o la persistencia de biolaboratorios estadounidenses en suelo ucraniano. Con $268 millones congelados por la administración Trump en 2020 —y restablecidos bajo Biden—, medios locales y periodistas entrenados por USAID se alinearon con la narrativa prooccidental, especialmente tras la Operación militar especial de la Federación Rusa en 2022.

Cuando el financiador dicta la noticia y construye el relato.

La reciente revelación de la inyección de millones de dólares a medios como POLÍTICO, Associated Press (AP) y la BBC —bajo el paraguas de USAID— muestra el sistema de influencia mediática de alcance global de Washington, un análisis publicado por Reporteros Sin Fronteras (RSF), detalla las cifras, extraídas de una hoja informativa retirada por USAID en 2023, que revelan un alcance masivo.  La BBC y el New York Times también aparecen en la lista de beneficiarios. La primera recibió $3.2 millones, y la segunda $3.1 millones de fondos federales, según datos oficiales.

RSF advierte que la dependencia de la ayuda estadounidense ha «sumido en el caos al periodismo global». Medios críticos que rechazan estos fondos —por temor a perder autonomía— enfrentan asfixia económica, y muchos han sido atacados por los propios medios financiados por USAID, acusándolos de «desinformación» o «propaganda». 

Ejemplo paradigmático es el de medios latinoamericanos como TeleSUR, señalados por POLITICO y AP como «voceros de regímenes autoritarios», mientras sus contrapartes financiadas por USAID gozan de etiquetas como «medios independientes verificados». La débil línea entre periodismo y activismo se difumina cuando el dinero define quién tiene voz. Portales fundados y financiados por la USAID, posicionados para imponer su realidad paralela, por ejemplo en Venezuela las empresas Armando Info, especializada en datos, y Analítica, una especie de think tank que publica análisis políticos. Ambos reciben subvenciones de la NED bajo la etiqueta de «innovación democrática». Estas organizaciones canalizaron cientos de miles de dólares para «estudios sobre gobernabilidad», cuyos resultados son citados frecuentemente por congresistas estadounidenses para justificar nuevas sanciones contra Venezuela [2].


[1] La NED, Fundación Nacional para la Democracia, fundada en 1983, cuyos objetivos explícitos son el debilitamiento de los gobiernos que se opongan a los intereses de EEUU. A partir de la NED se comenzó a institucionalizar uno de los canales fundamentales de la participación e intervención de la política exterior estadounidense en los asuntos internos de otros países.

[2] https://www.cubainformacion.tv/mundo/20250210/113963/113963-usaid-y-el-financiamiento-a-ong-mediaticas

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