Antonio Gil
Alemania, la principal economía en la zona euro, no pasa por un buen momento. Y de ello no escapa el sector automovilístico. La caída de las exportaciones industriales alemanas está representando un duro golpe para la economía del país. Además, en el caso de la industria de la automoción, la principal compañía del sector, Volkswagen, ha visto como en los últimos años ha perdido presencia en mercados muy importantes, como el chino, en el que ganan peso los vehículos eléctricos de producción propia. Estos y otros problemas han provocado que Volkswagen anunciase en octubre una caída del 64% de sus ganancias en el tercer trimestre de este año, que pretende compensar con un recorte presupuestario de 18.000 millones de euros, que incluye cierres y recortes en pensiones.
Tras el anuncio del futuro cierre de tres plantas, algo inédito en la historia de la industria automovilística alemana y del recorte en sus planes de pensiones, el sindicato IG Metall declaró la huelga desde el pasado lunes 2. De momento, los paros serán de dos horas por turno, lo que ha sido calificado por el sindicato como “huelga de advertencia”, afectando a nueve de las diez plantas del grupo automovilístico en Alemania.
IG Metall señaló por medio de su representante Thorsten Gröger que Volkswagen se enfrenta a la “posibilidad de la guerra colectiva más dura de su historia” si no se alcanza un acuerdo pronto. Desde el sindicato se apunta a los errores en la gestión de la compañía como los causantes de las grandes pérdidas en que esta ha incurrido, y se han planteado alternativas, como la renuncia a las bonificaciones de la plantilla para los años 2025 y 2026, que supondría un ahorro a las cuentas de Volkswagen de 1.500 millones de euros.
Esta propuesta ha sido rechazada por la dirección ya que argumentan que no resolvería los problemas, solamente los aplazaría en el tiempo.Los problemas que sufre Volkswagen no solo incumben a la propia compañía, al propio sector y a Alemania. La industria de la automoción emplea de forma directa a 2,6 millones de personas en la Unión Europea, y de forma indirecta a 13,8 milones, el 6,1% del empleo en la UE.
En el caso alemán, y junto a Eslovaquia, Rumanía, Hungría, Suecia y la República Checa, la industria de la automoción representa más de un 10% del empleo manufacturero total.
La respuesta de las compañías ante la crisis consiste en cierres de plantas y despidos en masa: por ejemplo, el grupo Stellantis ha confirmado el cierre de su factoría de furgonetas en Reino Unido, que supone la pérdida de 1.000 empleos; Ford ha anunciado la liquidación de 4.000 puestos de trabajo en Alemania y Reino Unido; Valeo y Michelín también cerrarán plantas en Francia.
Nada nuevo bajo el capitalismo: el Informe Draghi sobre “el futuro de la competitividad europea”, en sus recomendaciones específicas para el sector de la automoción, recoge la necesidad que en el plan industrial específico se recoja un apartado de reducción de costes, que incluye los laborales.








