¿Qué es y qué no es el BSW alemán? (y III)

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Marcos Escamilla Sánchez

Parte 3 de 3: apoyo social y conclusión

Tras haber desgranado en la primera y segunda parte de este artículo el carácter y las posiciones de la “Alianza Sahra Wagenknecht”, el presente texto coloca el foco en sus votantes y sus motivaciones, para terminar con una valoración del fenómeno BSW en su conjunto.

  1. ¿Quién vota al BSW y por qué?

Las ya mencionadas 4 elecciones a lo largo de 2024 han permitido ver cómo es el electorado del BSW. Especial interés tienen las elecciones al parlamento europeo por ser las únicas a nivel federal. Los datos presentados en las siguientes tablas proceden de las encuestas realizadas por la televisión pública alemana durante cada proceso electoral.

Demográficamente, el electorado del BSW es predominantemente femenino. Los pensionistas son el único grupo social y tramo de edad donde el BSW obtuvo un apoyo superior a la media. Es el segundo partido entre aquellos que definen su situación económica como «mala», después de AfD. El apoyo en el Este (feudo tradicional de la izquierda) fue muy superior al del Oeste. Además de en la antigua RDA, solo superó la barrera del 5% en la ciudad de Bremen (tradicionalmente de izquierdas) y en el Estado del Sarre.

Una mirada a la procedencia política de sus votantes resulta también reveladora. Se aprecia la diferencia entre las elecciones del Este y las elecciones al parlamento europeo. En las primeras, el BSW se nutre principalmente del grupo de “nuevos votantes” (es decir, en su mayoría hasta ahora encuadrados en la abstención) y de los votantes de Die Linke. En las segundas, de votantes del SPD , seguido de cerca por Die Linke. En contra de las previsiones, AfD pierde menos votos al BSW que la CDU. Tampoco los Verdes han contribuido significativamente a la base electoral del nuevo partido. Se trata, en resumen, de una formación que aglutina tanto el voto de izquierdas de mayor edad como una parte del voto del bipartidismo clásico alemán. Además, destaca la movilización en el Este una significativa cantidad de electores hasta ahora sin representación política, procedentes de la abstención.

Por último, destacan los temas que movieron a la gente a dar su voto a Wagenknecht. Los principales son la paz, la seguridad social, la criminalidad y la inmigración. Tratándose de un partido que asocia la “inmigración descontrolada” a la “violencia descontrolada” (en palabras de Wagenknecht), cabe preguntarse si ambos temas no son, para sus votantes, dos caras de una misma moneda. La agregación de ambos los coloca en el Este como principal motivación de los votantes del BSW, por encima de la paz y la seguridad social. A nivel federal las encuestas indican que la preocupación por la inmigración movió a más votantes al BSW que la política social.

  1. Conclusión: el BSW hasta hoy (4 de noviembre de 2024)

Hasta aquí los hechos, en base a ellos hay que responder la pregunta de qué es el BSW. Cabe remarcar que, con mucha probabilidad, conforme avanzan las negociaciones para formar gobiernos regionales y se acerca la campaña electoral de 2025, habrá nuevos hechos que obligarán a reevaluar la respuesta. El BSW es principalmente un fenómeno que, a juzgar por su amplio apoyo electoral y su anclaje en el grupo demográfico más numeroso, los mayores de 60 años, no va a desaparecer a corto ni probablemente a medio plazo. Se considere ejemplar o digno de crítica, el fenómeno del que el BSW y Sahra Wagenknecht son el nombre es demasiado grande como para ser ignorado.

En primer lugar, ¿es de izquierdas o de derechas? La actualidad parece ser la época de la izquierda excluyente, donde el único denominador común a este lado del espectro político es atribuirse la autoridad de dictaminar quién merece pertenecer a él y quién no. De ahí que la respuesta sea un rotundo «depende». Depende de lo que se considere condición excluyente para ser de izquierdas. Si se considera que ser de izquierdas es compatible con aspirar a ser salvavidas de la derecha para gobernar o cabalgar electoralmente la ola reaccionaria y anti-inmigración defendiendo la misma línea que la derecha europea, el BSW puede considerarse de izquierdas. Su línea social y económica (salvando cierto nacionalismo y su apego a los combustibles fósiles) así como su firme oposición a los envíos de armas y al belicismo de la OTAN, lo sitúan a la izquierda. Sin embargo, la calificación de izquierda o derecha es ciertamente demasiado esquemática para englobar al BSW en su estado actual. Sobre el papel, es relativamente fácil adelantar al resto de partidos por la izquierda y por la derecha a la vez. La respuesta será más clara una vez que el BSW haya tenido que elegir de qué lastre deshacerse: ¿será capaz de moderar o revertir su deriva conservadora o renunciará primero a la línea socialdemócrata con tal de implementar la mano dura contra la migración irregular? ¿Apoyará un gobierno neoliberal a cambio de una reducción del envío de armas a Ucrania? La realidad es que, si tiene aspiración de gobernar con el bipartidismo alemán, el BSW estará obligado a ceder. Una vez  su flanco débil sea visible, y no antes, podrá darse una respuesta a la pregunta. La alternativa es ser oposición, lo que permitirá al partido mantener su línea actual a costa de no entrar en gobiernos “a toda costa”. La ruptura de negociaciones de gobierno en Sajonia indican que esta es una opción real para sus dirigentes. También a nivel federal, el papel de partido de oposición es a día de hoy el más plausible y el que más se adecúa al perfil de Sahra Wagenknecht. Pese a todo, para quien escribe, lo más probable es que un partido con tanto apoyo entre un electorado conservador como son los pensionistas alemanes, que debe parte de su éxito electoral al clima de recelo contra los extranjeros, y que parece haber agotado al poco de nacer los caladeros de votos de la izquierda, tendrá más facilidad para crecer hacia la derecha.

Además de la indiferencia, un riesgo que debería evitarse con el BSW es la autocomplacencia. Quien excluya vehementemente al BSW de la izquierda tendrá que usar la misma vara de medir para sí y sus referentes políticos. ¿Se puede ser de izquierdas apoyando a la UE, que impone medidas neoliberales a la vez que fortifica sus fronteras? ¿Defendiendo a la OTAN o el envío de armas a Israel? ¿Es posible ser de izquierdas y a la vez abanderar gobiernos que no trabajan por atajar los problemas de la mayoría, por ejemplo el de la vivenda? Para quienes defiendan desde el Estado español excluir al BSW de la izquierda por coherencia moral habrá que recordar que España, al contrario que Alemania, sí tiene fronteras hacia fuera del espacio Schengen; fronteras valladas, protegidas por pactos con la monarquía reaccionaria marroquí y por la traición al pueblo Saharaui. Se puede perfectamente excluir al BSW de la izquierda, pero en todo caso teniendo en cuenta que aquello que en el BSW resulta «controvertido» (fronteras, pactos con países extracomunitarios para frenar la migración irregular o la apuesta por importaciones baratas de gas como motor económico) se practica en España desde hace años.

En realidad, si la definición de izquierda que cada cual utilice engloba o no a Sahra Wagenknecht es un debate escolástico. En el mejor de los casos es un pasatiempo teórico, en el peor, una peligrosa distracción de lo esencial. Lo esencial es que el BSW es una consecuencia, y no una causa, del declive de la izquierda alemana durante la última década. En la superficie, Die Linke ha ido perdiendo apoyo electoral consistentemente desde 2009, especialmente en el Este, donde ha pasado de ser segunda fuerza a estar al borde de la desaparición o directamente salir de los parlamentos. En todo este tiempo, el partido no ha encontrado una estrategia que revierta esta tendencia. Lo esencial es, por tanto, que la izquierda (y esto no es un problema únicamente alemán) no llega a gran parte de las clases a quienes quiere representar. Die Linke se ha hecho crecientemente dependiente del voto urbano, más intelectual, joven y alternativo, lo que le ha alejado del voto popular, periférico y de mayor edad (quizás más por la forma que por el contenido). La brecha entre ambas tendencias se ha ido agrandado hasta romper las costuras de la organización con la escisión de Sahra Wagenknecht. Los resultados son conocidos.

La autodenominada izquierda debe ahora elegir: atajar el problema de raíz tratando de recuperar el voto popular y compitiendo con el BSW (a costa de perder voto «alternativo» urbano, y probablemente la representación parlamentaria) o afianzarse en el voto urbano, compitiendo por la izquierda con los Verdes (a costa de alejarse aún más del voto periférico, sellando así el declive). En el peor de los casos, Alemania se arriesgaría a un futuro sin izquierda parlamentaria, con una Die Linke marginal y un BSW que acabe por escorarse a la derecha por pragmatismo. En España, el declive electoral de la izquierda es también un hecho medible, el distanciamiento entre la izquierda política y las clases populares, cada vez mayor. Sin embargo, la izquierda española aún está a tiempo de rectificar. Para ello, el éxito de la estrategia del BSW, así como los riesgos que asume, pueden servir a la vez de ejemplo y de advertencia.

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