Coincidiendo con la vuelta de Uber, de la nada aparecieron en Twitter decenas de autoproclamados “gurús” de la tecnología, la mayoría sospechosamente cercanos o que directamente habían formado parte de la CNMC, (un organismo público que ya llevaba años hostigando a los taxistas para poder liberalizar el sector) y que junto a algunos periodistas, famosos, (los primeros “influencers”) e incluso políticos, se dedicaron a hacer publicidad del gigante norteamericano de manera muy descarada y lo que es peor, atacando a los taxistas con mentiras y con los mismos mantras que estas plataformas utilizarían durante los siguientes años para denigrar su imagen de cara a influir en la opinión pública. De hecho, había momentos en los que parecía que llevaban el mismo guión escrito palabra por palabra para acabar con la reputación del taxi, provocando el rechazo de la sociedad. En respuesta, los pocos que ya habíamos estado intentando organizarnos salimos a defender al sector como buenamente pudimos, aunque por desgracia en ese momento no fue suficiente, por lo que al final terminó siendo una verdadera masacre.
De este modo Uber consiguió lo que estaba buscando ya que su vuelta provocó terremoto que nos hizo actuar de manera torpe y errática, en mi caso hasta enfrentándome a otros usuarios en discusiones insustanciales que se alargaban tuits tras tuits y que no me dejaban ver más allá para poder trazar una estrategia con el fin de contrarrestar el tsunami que se nos estaba echando encima a nivel mediático, algo que solo sirvió para acrecentar esa falsa imagen tan negativa de los taxistas que se había inventado la multinacional americana para engañar al público.
Y por si esto fuera poco, además el taxi en general seguía estando considerado por buena parte del espectro de izquierdas como un sector de “fachas” siendo rechazado, por lo que a nivel ideológico estábamos completamente solos en cuanto a apoyos ya que tampoco estábamos recibiendo ninguna simpatía de la derecha, con un PP más ocupado en alabar a Uber como el último milagro del neoliberalismo salvaje para ver si podía rascar algo (como siempre), que en controlar lo que estaba sucediendo, ya que en este caso eran los responsables de todo el caos que se estaba formando al presidir el gobierno. De todas formas nunca he querido nada de la derecha, pero si algo he aprendido como representante de trabajadoras y trabajadores, es que si no hay otro escenario posible que tratar con estos partidos, tienes que ser igual de trileros que ellos para poder sacarles todo lo que puedas, porque eso siempre es mejor que recibir palos por todos los lados sin saber de dónde vienen, que es como suelen actuar.
Pero pese a la confusión que se generó con todo este desastre, también provocó que muchos taxistas y defensores del taxi empezáramos a buscarnos en Twitter para poder comenzar a defender al sector. Madrid, Barcelona, Valencia, Sevilla, Bilbao, León, Vigo, Valladolid, Zaragoza… por lo que pese al pánico que supuso la vuelta de Uber para el colectivo en ese momento, también sirvió para acelerar aquel proceso organizativo que tímidamente había empezado pocos meses antes en redes sociales. Y es que con la vuelta del gigante californiano a Madrid, algunos taxistas ya empezaron a ser conscientes de que se avecinaba una dura batalla para defender sus puestos de trabajo, mientras que otros compañeros y compañeras de otras localidades, simplemente se fueron implicando en la lucha para prestar su apoyo de manera solidaria ya que en ese momento Uber todavía no había aterrizado en sus ciudades. Y ahí fue cuando recibí un mensaje privado invitándome a ser parte de uno de los principales grupos de taxistas que empezaban a organizarse en la trastienda de Twitter, con el fin de poder frenar y contrarrestar estas acciones por parte de Uber y de Cabify.

De esta manera pude descubrir que ya había un buen número de compañeros y compañeras taxistas que llevaban mucho más tiempo que yo trabajando en redes para defender al taxi. Además, entre ellos se encontraba el famoso “Tito Élite”, el portavoz de una asociación muy joven pero que estaba dando que hablar en Catalunya en ese momento y que con el tiempo ha llegado a ser a ser uno de los sindicatos de trabajadores y trabajadoras más importantes a nivel internacional, convirtiéndose en un ejemplo de lucha obrera no sólo para taxistas, sino para colectivos de en lucha de todo el mundo.
En este caso voy a llamar a Tito durante mi relato “El Jefe” porque pese a que sea un auténtico líder, no le gusta nada el protagonismo. El Jefe probablemente es la figura más importante de la historia del taxi y una de las personas de las que más he aprendido a nivel profesional y sobre todo, como persona. De hecho, aunque en aquella época ya era bastante conocido en el sector, no podíamos ni imaginar hasta dónde iba a hacernos llegar con su incansable lucha por los derechos de los taxistas.
Volviendo a la historia, tras haber descubierto el oasis en el desierto que suponía el hecho de poder organizar a decenas de taxistas para defender el sector en Twitter ante el asedio de las plataformas y sus mercenarios, empezamos a crear muchos más grupos y a hacer crecer los que se habían establecido con el fin de seguir trabajando para apoyarnos los unos a los otros, defendernos de todos los ataques que estábamos recibiendo y contrarrestar toda esa ola de mentiras sobre los taxistas que estaban generando desde ciertos medios y perfiles muy importantes afines a Uber para denostar la imagen del sector.
De este modo descubrí que detrás de los teclados se escondía gente muy buena, con grandes conocimientos y con unos argumentos que podían plantar cara y dejar sin palabras a muchos de esos supuestos “expertos” que trataban a los taxistas como si fueran una banda de ignorantes, rancios, egoístas, privilegiados y anclados en el pasado.
Por eso, gracias a ser parte de estos grupos también pude conocer a taxistas con una capacidad innata para debatir y defender el sector con uñas y dientes que ya quisieran muchos políticos en la actualidad y todo con el fin de poder contrarrestar ese falso relato de los que estaban obsesionados con señalar públicamente a los taxistas como si fueran unos auténticos criminales, actuando como altavoces de Uber y de Cabify, dedicándose a repetir como loros ese dogma sectario de una supuesta “libertad” que en realidad no era más que repetir lo que éstas plataformas exigían ( ya me contarás qué privilegio hay en estar 12 o 14 horas al volante para llegar a la hoja mientras estás encadenado a pagar una licencia). Pero bueno, como no podía ser de otra manera, Uber y Cabify, dos subproductos resultado de la decadencia del capitalismo más salvaje, tenían que llevar en su ADN lo de maltratar sistemáticamente la palabra libertad para conseguir sus propios intereses.
De hecho, no sé qué es peor, comprobar el modo en el que los mercenarios enviados contra los taxistas en redes sociales utilizaban una y otra vez argumentos que parecían dictados palabra por palabra por estas empresas, o que creyeran que no nos dábamos cuenta. Además se notaba a kilómetros que eran personas que necesitaban hablar de algo interesante para llamar la atención y retroalimentarse constantemente, pese a que en realidad, aparte de repetir constantemente lo que Uber y Cabify indicaban, solo se dedicaban a atacar a los taxistas y a sus defensores porque los consideraban inferiores intelectualmente, actuando de forma muy clasista para provocar y buscar un enfrentamiento que les pudiera de servir de carnaza a las plataformas para poder seguir erosionando la imagen de los taxistas. Fue increíble y sobre todo daba mucho miedo como, por encontrarse en el punto de mira de una multinacional, pudieron crear toda esta maquinaria de acoso contra un grupo de trabajadores y trabajadoras por defender sus puestos de trabajo.
Lo más gracioso es que según pude enterarme a posteriori, la mayoría de estos personajes que durante semanas se dedicaron a dejar a los taxistas a los pies de los caballos ante el público en redes sociales, eran asiduos usuarios del taxi, entre otras cosas porque no sabían ni descargar la aplicación de Uber, pero que habían encontrado un filón en eso de montar su particular guerra de una supuesta modernidad contra un gremio “anclado en el pasado y lleno de privilegios” para rascar algo de lo que poder beneficiarse. Esos supuestos expertos con la necesidad de avivar el conflicto del taxi contra las VTC que ellos mismos estaban creando con cierta parte de la prensa con el fin de poder ir de invitados de vez en cuando en las miles de conferencias que tiene que hacer la CNMC para justificar sus abultados sueldos públicos o para escribir artículos en revistas especializadas que normalmente sólo leían ellos mismos.
No obstante, esta no sería la primera vez que intentasen utilizar la figura del taxista para mantener con respiración asistida carreras que desde hacía tiempo ya estaban muertas.
Lógicamente esto desembocó en la idea de que estas personas estaban untadas por Uber o por Cabify. Yo sinceramente, no pienso que sea así ya que en mi opinión, se notaba que su fanatismo era gratis al ser tan ridículo, exagerado e incluso en muchas ocasiones enfermizo y que como decía, sólo buscaba llamar la atención. De ahí que tiene todo el sentido que posteriormente, cuando se destaparon los Uber Files, se mencionase a la CNMC como una administración “amiga” de estas empresas dada su descarada inclinación hacia el modelo de negocio de Uber, pese a que se trata de una institución que debería ser independiente, algo por lo que se pueden intuir que para acabar con el taxi siempre vienen bien un puñado de mercenarios y encima gratis. Menudos años estamos sufriendo de hostigamiento y de lanzar odio contra nosotros y nosotras.
Así pues, de este modo comencé a vivir de primera mano los problemas que llevaba arrastrando el sector desde hacía tiempo, ya que pese a que en mi casa había taxis desde hacía prácticamente treinta años, eran cuestiones por las que nunca me había interesado mucho.
Ahora me arrepiento de no haber empezado antes a hacerlo. Es por ello que comencé a implicarme mucho más, sobre todo intentando acudir a todas las manifestaciones que se convocaban y que en ese momento eran multitudinarias, ya que solían contar la asistencia de la mayoría de taxistas y muchos de sus familiares, por lo que gracias a estar presente en la mayoría de las protestas, pude empezar a conocer personalmente a todos esos compañeros y compañeras con los que estaba dando la batalla en Twitter, algo que me vino muy bien para salir de todo ese círculo de las redes sociales que a veces es tan asfixiante.
Así, durante las primeras manifestaciones a las que pude ir, conseguí poner cara a todas y todos aquellos y aquellas que estábamos luchando en la red codo con codo. Personas con las que a día de hoy sigo teniendo una gran relación y considero verdaderos amigos y amigas. Compañeros y compañeras que fuimos aprendiendo mientras nos caíamos y nos volvíamos a levantar una y otra vez, haciéndonos fuertes para poder apoyarnos en momentos críticos, tanto ante muchos detractores que surgieron desde dentro del sector que durante una época no pararon de hostigarnos cruzando demasiadas líneas de manera impune, como cuando nos encontramos en el punto de mira tanto de Uber y de Cabify, como me sucedió hace unos años por culpa de una denuncia ante la misma CNMC en la que yo entre otros fuimos señalados por la multinacional americana por ejercer nuestra libertad de expresión contra ellos. No obstante, algunos se fueron, otros me traicionaron pero por suerte los más y mejores, siguen a mi lado.
Volviendo a nuestra labor en redes sociales, tengo que confesar que si hay algo en lo que pecamos durante esa época fue la manía de contestar, señalar, replicar y reírse de cualquier cliente que denunciaba públicamente en Twitter que había sido estafado por Uber o por Cabify, que además eran muchos más de lo que la gente cree ya que estas empresas sabían gestionarlo de tal forma que no quedasen muy expuestas. Una manía muy mal vista en Twitter por motivos obvios y que desde el primer momento en el que empezamos a perfilar la estrategia de comunicación para Taxi Project, la organización a la que represento, tuve claro que había que prohibir tajantemente. A ver, sinceramente, reconozco que la idea de ir a dar una lección a quien crees que te ha “traicionado” es bastante tentadora, ya que a todos y a todas nos gusta en ocasiones señalar a quien no nos ha hecho caso cuando le hemos advertido, pero si creemos que de verdad rectificar es de sabios, todo el mundo tiene derecho a equivocarse, aparte de que es la actitud que me gustaría que tuvieran conmigo cuando me equivoco. Además, al final también es bastante contraproducente ya que mientras que todas y todos sabemos que Uber y Cabify no van a hacer nada para resolver este tipo de quejas, en el cliente se genera una animadversión absurda contra el sector por tener que soportar a decenas de taxistas haciendo leña de una desgracia provocada por otros, lo que posiblemente pueda provocar que no vuelvan a utilizar un taxi en su vida pese a las malas experiencias con las plataformas. En mi opinión, lo único que debemos tener realmente claro es que quien realmente valora un servicio de calidad y seguro, una vez comprueba lo que son Uber y Cabify volverá al taxi de una forma u otra. Esto también lo indico porque, volviendo a los expertos en Uber que nos tomaban como idiotas, la única vez que he justificado el apaleamiento a un cliente que fue engañado por el gigante norteamericano, fue cuando Uber estafó literalmente a uno de estos “gurús” de la tecnología que estaban todo el día alabando sus maravillas mientras atacaba a los taxistas.








