Alexandre García Turcan
Nota: este artículo se inscribe en la serie de artículos que estoy escribiendo para ir refutando, uno por uno, todos los argumentos teológicos a favor de la existencia de Dios. Serie de artículos que se inició con la publicación el día 20 de agosto del artículo “Refutación de los argumentos teológicos – 1 – Los argumentos atributivos: el argumento histórico”, en el cual había dicho que el argumento atributivo en sentido genérico se subdivide en cuatro argumentos atributivos en sentido específico. En el último artículo habíamos visto el argumento histórico. Pasemos ahora al argumento moralista.
El argumento de la moral, o argumento moralista, es el argumento que dice lo siguiente: “si no hubiera un Dios, no habría una moral. Estamos dotados de una moral, ergo Dios existe.”
Argumento que en realidad se refuta con una frase que cabría en un tweet, llevándolo simplemente al absurdo: “si no existiera Batman, no habría justicia. Sin embargo, estamos dotados de un sentido de la justicia, ergo Batman existe». Porque es así de sencillo: no basta con pretender que nuestro sentido de la moral se debe a Dios, para que esto se convierta en algo verdadero.

Pero no es la única forma de refutar este argumento, pues el argumento moralista, así planteado, implica dos cosas:
- Por una parte, que la moral en cuestión es infalible e invariable, como si respondiera a alguna forma de regla lógica. Y veremos que eso está lejos de ser verdad.
- Por otra parte, que la moral sería trascendente. Es decir, no existirían opiniones sobre la moral, sino que existiría “la moral” en sentido platónico, que tendría una existencia que sería externa a nuestras representaciones, y cuya validez sería por lo tanto absoluta. Por lo tanto, una cosa sería moral, o bien inmoral, y esto sería así de manera invariable, independientemente del contexto. Por una parte estaría el bien, y por otra parte estaría el mal, pero en ningún caso habría ambas cosas a la vez.
Esto es lo que se entiende como concepción deontologista de la moral, en oposición a la concepción utilitarista de la moral. No me resisto, por otra parte, a hablar en passant de los “comunistas” que en mi libro En defensa del pueblo chino: respuesta a Elisseos Vagenas llamaba dogmático-revisionistas, que eran el ejemplo paradigmático de deontologistas, pues ellos, con su concepción tan cerrada (en realidad, moralista) del socialismo, entendían como un crimen que el socialismo chino recurriera a la propiedad privada, mientras que en mi libro trataba de defender el modelo chino desde una moral utilitarista, indicando que lo importante no es tanto si la propiedad en China es privada o pública, sino los objetivos (y por lo tanto, los resultados) que se persigue con ello [1]. Los dogmático-revisionistas, en cambio, entienden que los medios para el fin (la propiedad de los medios de producción), son el fin en sí mismo, porque a esa gente en realidad se la refanfinfla el bienestar de la clase trabajadora. Cierro el paréntesis.
Volviendo a la cuestión de la concepción deontologista de la moral, la mejor respuesta que se ha dado a este problema es la crítica de Kant, con su concepto de imperativo categórico, según en el cual toda la moral del ser humano debe poder reducirse a un sólo mandamiento fundamental, nacido de la razón, y no de la autoridad divina. De allí su fórmula de la ley de la naturaleza, que es: “Obra como si la máxima de tu acción debiera tornarse, por tu voluntad, ley universal de la naturaleza”.
Cojamos el ejemplo de la mentira. Ante la pregunta: ¿está bien mentir?, nuestra primera reacción será decir que sí, o al menos vernos tentados a decir que sí. A ninguno nos gusta que nos mientan o nos engañen, y, retomando el argumento de Kant, si todo el mundo mintiera a todo el mundo todo el rato, la sociedad sería un caos absoluto y total.
Así, pareciera que hemos encontrado la esencia moral de la mentira, que es que es mala e inmoral. ¿Pero esto es así siempre y en todas circunstancias? Imaginemos que nos encontremos en la Francia ocupada del periodo 1940-1944, y que un judío esté siendo perseguido por la Gestapo. Esta persona perteneciente al pueblo judío pasa delante de mi puerta, y lo escondo en mi sótano, sin que sus perseguidores lo noten. Justo después llegan los agentes de la Gestapo y me preguntan si lo he visto, y me hago el loco diciéndoles: “ah, sí, lo he visto, se ha escapado por esta calle”, indicándoles una falsa dirección. Así, consigo llevarles por una pista falsa, el tiempo necesario para que la víctima esté en seguridad.
En este caso, habría mentido deliberadamente. ¿Pero es esto un acto inmoral? Los que consideréis que lo es, sencillamente sois unos psicópatas, porque estaríais más preocupados por la conservación de vuestra lectura deontologista de lo que dice la moral sobre la mentira, y mantener así vuestra pureza moral, antes que actuar de manera de manera benéfica y virtuosa, salvando una vida humana. Lo cual es una actitud muy, muy parecida a la de los “comunistas” deontologistas que menosprecian el hecho de que China haya sacado a más de 800 millones de personas de la pobreza desde 1978, por el hecho de que China no tiene la “pureza”, por ejemplo, que tendría un sistema soviético que acabó implosionando o que tendría un paraíso albanés donde la gente prefiere “comer raíces antes que vender sus principios”. Cierro de nuevo el paréntesis.
En el ejemplo escrito anteriormente, estaremos de acuerdo, que incluso para aquellos que tengan una lectura deontologista y rígida de lo que es “la moral”, si yo hubiese dicho la verdad a los agentes de la Gestapo, esto hubiese hecho de mí una persona inmoral. Por lo tanto, “la” moral, en sentido absoluto, es algo que sencillamente no existe. Existen opiniones, teorías e intuiciones sobre la moral, pero no existe algo trascendente y externo a nuestras representaciones que fuese “la” moral.

La realidad es que la moral es un constructo social. Lo que se llama “moral” es en realidad un conjunto de principios que hacen más o menos consenso en la sociedad, y que muchas veces nos aparecen como evidentes e intuitivos. Y de entre estos principios, hay unos que nos parecen más evidentes que otros, como por ejemplo el hecho de pensar que matar está mal. Pero no necesitamos revelación divina ni tablas de Moisés para comprender algo tan manifiesto. El hecho de que una sociedad donde pudiéramos matarnos todos entre nosotros sería un infierno, es algo de una nitidez indiscutible. Es por ello que todos estamos de acuerdos en que matar es inmoral, excepto para algunos casos patológicos. Es lo que hace que este principio moral nos parezca intuitivo e universal, cosa que los teólogos quieren confundir con una verdad trascendente que provendría de “la” moral en sentido platónico, externa a nuestras representaciones.
Pero esto no es el caso de todos los postulados morales. Esto ocurre con el ejemplo del canibalismo, que en Occidente y en otras muchas culturas se considera como algo inmoral. Incluso el hecho de consumir un ser humano fallecido por causas naturales, es percibido como un acto de profanación, y esto es algo tan anclado en nuestras culturas, que no hay ningún debate sobre esto. Todo el mundo en Occidente está intuitivamente de acuerdo en que el canibalismo es inmoral.
Y sin embargo, en otras culturas, por muy minoritarias que sean, ocurre lo contrario. Hablamos de los Wari’ en Brasil, los Yanomami en Brasil y Venezuela, los Fore en Papúa Nueva Guinea o los Aghori en la India. Estas tribus, que practican o han practicado el canibalismo funerario, entienden al contrario que sería una profanación abandonar el cuerpo de sus difuntos bajo tierra para que sea devorados por gusanos. En cambio, para ellas, consumir el cuerpo del difunto es rendirles homenaje al no desperdiciar el potencial nutritivo que representa su cuerpo. Y por mucho que resulte chocante para nosotros, no es algo inmoral per se. Es simplemente una concepción diferente de cómo mostrar respeto a los difuntos.
Por lo tanto, no es porque tengamos una moral, o mejor dicho, una idea intuitiva de algunas opiniones morales que hacen consenso en la sociedad, que por ello existe en nosotros una cosa llamada “la moral”, que habría sido inspirada por Dios. Si este fuera el caso, todos los seres humanos estarían espontáneamente de acuerdo con todo aquello que atañe a la moral, independientemente de su cultura, su religión o su historia. Y no solamente no es el caso, sino que además, aun suponiendo que fuese sido el caso, nada permite afirmar que Dios sea la causa de esta moral, porque podría explicarse por dos factores. Por ejemplo, esta moral podría ser un mecanismo cognitivo como otros que habría resultado de la selección natural.
Por lo tanto, el hecho de que tengamos una idea intuitiva de lo que es moral y de lo que es inmoral, no es ninguna prueba de que Dios existe, y menos aún que Dios sea la causa de ello. El simple hecho de que existen desacuerdos sobre lo que es moral y sobre lo que es inmoral, ya basta para demostrar que esta moral no es ni natural, ni invariable, ni revelada a todos los seres humanos por la voluntad de un Dios creador.
Notas:
[1] Lo cual entronca, por cierto, con lo que expone Carlos García Hernández en su obra Socialismo Fiduciario, en el que ofrece otra definición de socialismo, diferente del de la tradición marxista, en la que no debería tener tanto que ver el carácter de la propiedad de los medios de producción, sino más bien los objetivos que se persigue, que en concreto son a) el pleno empleo garantizado y permanente mediante planes de trabajo garantizado, b) la utilización plena y prudente de los recursos naturales, c) la garantía a todo ciudadano de comida, alojamiento, vestido, servicios sanitarios y educación, d) una seguridad social en forma de pensiones y subsidios, y e) una garantía de estándares laborales dignos.
Fuentes:
- Penseur Sauvage, Les arguments attributifs – EP 1 – Les (non-)arguments théologiques, https://www.youtube.com/watch?v=MX906IawKgI&t=462s
- Alexandre García, En defensa del pueblo Chino, Ed. Templando el Acero, 2018.
- Immanuel Kant, Fundamentación para una metafísica de las costumbres, 1785, Ed. Alianza Editorial
- BBC, Cómo consiguió China erradicar la pobreza extrema (y las dudas que despierta ese triunfal anuncio del gobierno de Xi), 26 de febrero de 2021 https://www.bbc.com/mundo/noticias-internacional-56205219








