A pesar de que el precio de venta en origen se ha desplomado, el precio de venta al público del aceite de oliva sigue disparado. Es el máximo exponente de encarecimiento de la cesta de la compra, pero son muchos más productos, no pocos de ellos básicos, los que han aumentado de precio de forma exagerada en los últimos tiempos. De la misma forma ha ocurrido con los combustibles, situándose cerca del precio que tenían cuando el gobierno aprobó la subvención de 20 céntimos. No obstante, la estocada más severa a la clase trabajadora lo ejecuta la vivienda, cuyo acceso se ha vuelto extraordinariamente difícil, especialmente para la juventud. De media, a nivel nacional, los trabajadores españoles destinan el 43% del sueldo al alquiler de una vivienda de 80 metros cuadrados, según un estudio elaborado conjuntamente por Fotocasa e Infojobs.
Mientras todos estos costos se disparan, no ocurre así con los sueldos. A pesar de la última subida del SMI, los salarios reales de la clase trabajadora no han dejado de decrecer en los últimos años. No solo eso, sino que además el empleo que se genera es cada vez más precario, por lo que esta subida tiene poco beneficio si acaba igualando las rentas por abajo. Finalmente, la no derogación de los aspectos más lesivos de las reformas laborales de 2010 y 2012, y especialmente la estafa cometida con los períodos de prueba, hacen que los trabajadores del país vivan en constante situación de incertidumbre.
Por si fuera poco, ahora los tambores de guerra resuenan en el horizonte. Y todo esto, cometido y permitido por el que se ha proclamado como “gobierno más progresista de la historia”. Tal vez por esto, por una mezcla de orfandad política por un lado y de resignación porque al menos “no gobierna la derecha” como algunos impostores predican de forma altiva, por otro, existe una desmovilización casi total.
Y este casi, no es banal, porque como se ha informado en este medio, no han sido pocos los conflictos laborales que a lo largo de este año se han producido. Huelgas, movilizaciones y defensa de los trabajadores de sus puestos de trabajo que, en muchos casos, han culminado con victorias y mejoras en las condiciones de trabajo, gracias a su lucha. Es este el faro que nos debe guiar, y no el de ningún gobierno, sea cual sea el partido que lo lidere. El faro de saber que somos los trabajadores quienes movemos el mundo, y que cuando soltamos las herramientas, se suelta también al vacío la economía.
Confiemos pues, en nosotros mismos, en nuestra capacidad de cambiar las circunstancias cuando estamos unidos, y seamos plenamente conscientes de nuestro poder sobre quienes nos explotan.








